Fútbol
Dylan Gorosito: “Sueño con ganar la Libertadores con Boca y jugar un Mundial”
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Sin estridencias ni atajos, Dylan Gorosito construyó su camino desde el esfuerzo cotidiano: barrio, viajes largos, formación en Boca y procesos en la Selección. A los 19 años, su historia es la de un crecimiento sostenido, lejos del ruido y cerca del trabajo, con San Francisco como una segunda casa en un recorrido que nunca perdió raíces.
Dylan Gorosito habla sin poses ni frases armadas. Tiene 19 años, juega en la Reserva de Boca Juniors, firmó contrato profesional hasta 2028 y ya transitó varios procesos con la Selección Argentina. Sin embargo, cuando repasa su historia, lo hace desde un lugar sencillo, casi cotidiano, como si todavía estuviera asimilando todo lo que le tocó vivir en tan poco tiempo. Su recorrido es el de miles de chicos que sueñan con el fútbol, pero también el de muy pocos que logran sostenerse en el camino.
Nació y se crió en Cuartel V, Moreno, en el conurbano bonaerense. En su casa, el esfuerzo siempre fue parte del paisaje: su mamá trabaja como panadera y su papá se desempeña en el área de mantenimiento de una fábrica (Fernet Branca), entre cables y tareas técnicas. También tiene un hermano menor, Bautista (categoría 2012), que juega al fútbol en el Club Atlético Pilar. “Es más chico, pero ya está metido”, cuenta Dylan, orgulloso, como si esa continuidad familiar le diera sentido a todo.
Empezó a jugar al fútbol desde muy chico, primero en El Triunfo de Caseros y luego en Social Parque, un club formador con historia, del que surgieron nombres como Juan Román Riquelme y Esteban Cambiasso. Arrancó a los 6 años y, apenas un año después, ya estaba probándose en Boca Juniors. Tenía 7 y todavía no dimensionaba lo que significaba ponerse esa camiseta.
El ingreso a Boca no fue inmediato ni sencillo. Durante tres meses entrenó sin saber si iba a quedar. Iba, volvía, entrenaba y se iba sin respuestas. “Mi viejo ya estaba un poco cansado, pero yo sentía que tenía que seguir yendo”, recuerda. Finalmente llegó la confirmación: Dylan quedaba en Boca. Para el chico fue una alegría inmensa; para su familia, el inicio de un camino largo y exigente, de esos que se sostienen más con convicción que con certezas.
Durante muchos años no vivió en la pensión. Cuando era chico entrenaba dos veces por semana en La Candela, en San Justo, y viajaba desde Moreno acompañado por familiares. “Un día iba con mi primo, otro con mi abuelo. Nos íbamos turnando para poder llegar”, cuenta. Recién en 2021 ingresó a la pensión del club y ese paso marcó un antes y un después.
“Antes me levantaba a las 4 de la mañana. Tenía que ir de mi casa hasta Morón, viajando más de dos horas, y de ahí tomar el micro de Boca”, explica. Esa rutina, repetida durante años, es parte del sacrificio silencioso que atraviesan muchos juveniles. “Cuando entré a la pensión fue un alivio enorme. Me levantaba 15 minutos antes, desayunaba y ya estaba listo para entrenar”. Además, estudiaba en un colegio cercano: “Está a dos cuadras de la pensión. Boca te da todo, pero vos tenés que responder”.
El recorrido formativo fue paso a paso: pre-novena, octava, séptima, sexta, quinta y finalmente Reserva. En 2019 llegó a pre-novena y luego la pandemia interrumpió parte del proceso, pero Dylan siguió avanzando. En 2024, todavía siendo jugador de Quinta División, dio el salto a Reserva. No fue sencillo: tenía compañeros más grandes por delante y durante meses casi no tuvo minutos. “No jugaba, no jugaba, no jugaba”, repite, como si esa sensación todavía estuviera latente.
En febrero de 2024 firmó su primer contrato profesional con Boca. Fue el 18 de febrero, una fecha que lleva tatuada. “Subí en enero y en febrero firmé”, cuenta. Poco tiempo después recibió otro golpe de emoción: un mensaje que le avisaba que debía presentarse para entrenar con Primera División. “Yo estaba jugando en Quinta. Había ido a un solo partido de Reserva. Y de repente me llegó ese mensaje. Fue una locura”.
En paralelo, su historia con la Selección Argentina también se fue construyendo de manera sostenida. En 2021 recibió su primera convocatoria juvenil. “Cuando me nombraron, no lo podía creer. Era mi sueño”, recuerda. Con la Sub-17 disputó el Sudamericano y el Mundial de la categoría, que se jugó en Indonesia en noviembre de 2023. Luego llegó la Sub-20: Sudamericano en Venezuela y Mundial en Chile, donde Argentina fue subcampeona. Dylan lo resume sin dramatizar, pero con hambre competitivo: “Siempre segundos… ya se va a dar”.
Uno de los momentos más impactantes de su carrera llegó cuando fue sparring de la Selección Mayor. Compartió entrenamientos y cancha con Lionel Messi y otras figuras. “Estar al lado de él, que te tire un pase, marcarlo… fue un sueño cumplido”, dice. El predio de la AFA, describe, “es gigante y muy profesional”, y la experiencia lo marcó tanto desde lo futbolístico como desde lo humano: ver de cerca cómo se entrena, cómo se vive y cómo se compite en la elite.
Más allá de Boca y la Selección, Dylan construyó un vínculo muy especial con San Francisco. En 2019 llegó a la ciudad para disputar el Nacional de Baby con el equipo 20-21 y fue alojado por la familia de Thiago Tabares, jugador en ese momento de C.D River. “Desde el primer momento me hicieron sentir como en casa”, cuenta. Destaca especialmente a Marina, la mamá de Thiago, y a Sebastián, su padrastro, además del resto de la familia, que lo acompañó en un momento clave, lejos de su casa y siendo todavía muy chico.
En San Francisco también conoció a su novia, Mailén, con quien hoy convive en Buenos Aires. “Para mí San Francisco es como mi segunda casa. Siempre que puedo vuelvo, los visito, paso a saludarlos. Me siento muy querido”, afirma. En estos días regresó a la ciudad y compartió una tarde con chicos del barrio, jugando a la pelota, charlando y sacándose fotos. Escenas simples, pero cargadas de sentido: el jugador de Boca en el potrero, devolviendo un rato de alegría.
En lo deportivo, cerró el año en Reserva con un motivo fuerte: el título. “Salimos campeones”, dice, y se le nota el orgullo. Ahora, mientras descansa, espera definiciones sobre la pretemporada: todavía no tiene confirmación oficial, aunque sabe que hay chances de ser citado con el plantel de Primera. “Hasta que no me avisen del club, no tengo certezas”, se cuida, con esa mezcla de ilusión y prudencia que suelen tener los pibes que están a un paso.
Cuando habla del futuro, Dylan no esquiva la pregunta. Su sueño es claro: “Quiero ganar la Copa Libertadores con Boca y jugar un Mundial con la Selección Mayor” afirma. A los 19 años ya recorrió un camino largo, lleno de sacrificios, viajes, esperas y oportunidades. Lo que viene será todavía más exigente. Pero si algo demuestra su historia es que Dylan sabe esperar, sabe trabajar y sabe de dónde viene.
Y eso, en el fútbol, también juega.
