Donar y recibir órganos: conocerse para cerrar la historia
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Para Matías conseguir un trasplante de médula ósea, lo antes posible, era fundamental para su tratamiento. Un año después, conoció a su donante y de un día para el otro, Cecilia se convirtió en una heroína. El protocolo indica que tiene que pasar un año para que puedan liberarse los datos y, en caso de que ambas partes quieran, se pueden conocer. La familia de Luciano Pizzi espera con ansias el encuentro con aquellas personas en las que vive una parte de su hijo.
Por Mauricio Argenti | LVSJ
Donar órganos es una decisión que no solo habla de solidaridad sino de respeto por la vida. Aquellas personas que recibieron un trasplante entienden el significado de la acción y expresan un eterno agradecimiento por el gesto de aquellos que posibilitaron su plena recuperación.
En marzo de 2019, Cecilia Bustos cumplió un sueño al convertirse en donadora voluntaria de médula ósea.
Desde hacía tiempo, ella quería hacer algo así y ante la posibilidad no lo dudó. Hace poco más de cuatro años, la joven se inscribió como donante en el marco de la campaña "San Francisco hasta la médula", impulsada por el ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba y que en nuestra ciudad llevan adelante el Hospital "J. B. Iturraspe" y Red Solidaria.
En noviembre de 2018, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) confirmaron su compatibilidad con un receptor, que se encontraba en la lista de espera.
Hace poco, a través de la intervención del Incucai, Cecilia cerró el círculo conociendo a la persona que recibió su médula quien se encuentra en perfecto estado de salud. "Esto fue posible ya que el proceso de donación de médula ósea incluye la posibilidad de que donante y receptor puedan conocerse si es que ambos manifiestan la voluntad de hacerlo. De todas maneras, para que eso sea posible, debe transcurrir un año de tiempo desde la donación", explicó la donante a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Cecilia no dejó pasar mucho tiempo desde que se cumplió el plazo y se comunicó con el Incucai manifestando su voluntad de conocer a la persona que había podido ayudar a través de la donación. Al poco tiempo recibió la respuesta que tanto esperaba, ya que su receptor también la estaba buscando.
"Él se llama Matías, tiene 21 años y vive en Buenos Aires", relató con mucha emoción Cecilia quien de esa manera pudo develar el misterio de quién era la persona a la que había podido ayudar.
Matías esperó por cuatro años el trasplante hasta que finalmente llegó la posibilidad gracias. La donación de Cecilia se concretó el 7 de marzo de 2019 y el joven recibió el trasplante al día siguiente. "El operativo, que finalmente se desarrolló con éxito, tuvo una cuota de suspenso debido a que el avión sanitario tuvo un accidente y todo se atrasó. No obstante, eso no impidió que fuera exitoso", comentó la donante.
La sanfrancisqueña reveló que su receptor también quería conocerla pero que eran muy pocos los datos que tenía para encontrarla. "Matías solo sabía que su donante era mujer y que vivía en la provincia de Córdoba", indicó Cecilia.
Conocerse por redes sociales
En tiempos de pandemia, con la imposibilidad de viajar, las redes sociales sirvieron como puente para unir las distancias. "Yo planeaba mandarle un mail pero él me ganó de mano y me escribió por Whatsapp y ahí empecé a conocer su historia".
El 29 de abril, fue una fecha muy especial ya que ese día Cecilia recibió el primer mensaje de parte de Matías.
La charla entre ambos fluyó y una mezcla de emociones los envolvió. "Matías está bien, por suerte se recuperó. El contacto con él me sirvió para conocer detalles del calvario que muchas veces transitan las personas que esperan un órgano. Hasta ese momento no había tomado dimensión y me faltaba una parte de la historia para poder completar todo", apuntó.
Después del primer encuentro hicieron una videollamada. "Ahí fue donde nos pudimos ver por primera vez y tuve la posibilidad de conversar con sus padres. Ese fue muy emotivo y movilizante para todos", señaló Cecilia.
A partir de allí el diálogo entre ambos se hizo permanente y ya están proyectando cómo será el momento en que se liberen las restricciones de circulación para que finalmente se puedan conocer personalmente y continuar fortaleciendo este vínculo. "La promesa de un encuentro en persona quedó pendiente. Esperamos poder cumplirla pronto", manifestó la mujer.
Por último, Cecilia expresó su deseo que esta historia se repita y replique entre muchas personas. "Ser donantes de médula es algo sencillo y no es invasivo, pero pude cambiar radicalmente la vida de una persona que necesita el trasplante", finalizó.
Trascender en el otro
La otra cara de la donación de órganos se presenta mucho más difícil para los familiares del donante que en este caso deben enfrentar la inminente pérdida de un ser querido y en el mismo momento permitir que parte de ese ser pueda continuar viviendo en otras personas.
El 3 septiembre de 2015, la vida de la familia Pizzi cambió para siempre. Luciano había salido a rodar con su bicicleta en la autovía 19 y al llegar a las inmediaciones del acceso a Josefina un camión lo embistió provocándole graves heridas que determinaron su muerte encefálica.
Ya en el Hospital Iturraspe se puso en práctica el operativo de ablación de órganos a partir de que sus familiares aprobaron el procedimiento. Luciano pudo donar sus córneas y sus riñones que en total pudieron mejorar la calidad de vida de cuatro personas.
Si bien los padres del joven no han podido conocer a los receptores de estos órganos, saben sus nombres de pila y edad que tenían al momento de recibir el trasplante.
"Miguel de 48 años y Graciela de 40 recibieron los riñones de Luciano, y Alberto de 74 años y Claudia de 51, las córneas", comentó con mucha emoción Alicia Vignolo, mamá de Luciano. La ablación también incluyó las válvulas cardíacas y tejido.
Alicia, junto a su marido Roberto, expresó lo que sentía tras permitir la donación de los órganos de su hijo.

Los Pizzi y una lección máxima de generosidad.
(Facebook)
"Cada uno maneja esta situación como puede. A mí me hace bien tener amigos trasplantados que me cuentan su historia. Me gusta conocer cómo vive la gente después de recibir un trasplante. Nosotros sabemos que Luciano no necesitaba más sus órganos y saber que otra persona pudo tener otra oportunidad para tener una mejor calidad de vida me hace muy feliz".
"Claro que me gustaría mucho conocer a estas personas", dijo Alicia en cuanto a los receptores de los órganos. Tal vez tenga la misma suerte que Cecilia y el encuentro no tarde en llegar.
