Efeméride
Día del Kinesiólogo: el rol silencioso que sostiene a los deportistas
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Leonardo Valsagna y Paula Balkenende forman parte del equipo de kinesiología del club San Isidro y acompañan de cerca a los planteles de básquet y vóley femenino, en un trabajo clave que combina recuperación física, vínculo humano y acompañamiento en momentos determinantes de la carrera deportiva.
En cada entrenamiento, en cada partido y, sobre todo, en cada lesión, hay un trabajo que no se ve pero que resulta determinante. En el club San Isidro, los kinesiólogos cumplen un papel central en la vida deportiva de los atletas, acompañando procesos que van mucho más allá de lo físico y que hoy encuentran al básquet en plena etapa de playoffs y al vóley femenino cerrando una temporada histórica entre los mejores equipos del país.
Leonardo Valsagna y Paula Balkenende son parte de ese engranaje invisible pero indispensable. Aunque en el día a día comparten consultorio y atienden a deportistas de ambas disciplinas, la dinámica se ordena según la competencia: él sigue de cerca al equipo de básquet que disputa la Liga Argentina, mientras que ella acompaña al plantel femenino de vóley.
En ambos casos, el punto de partida es el mismo: una elección profesional profundamente atravesada por el deporte. “El deporte siempre fue parte de mi vida, y la kinesiología apareció como una forma de unir esa pasión con mi vocación por la salud”, cuenta Leo. Paula transita un camino similar: “Todas las carreras que evaluaba estaban relacionadas con el deporte o con el contacto con deportistas. Después conocí muchas áreas, pero me quedé con la traumatología y el deporte, que es lo que más me gusta”.
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Desde ese lugar, los dos coinciden en que su tarea se construye desde un perfil distinto al del atleta, pero igual de importante. “No estamos en la cancha, pero somos parte del proceso. Nuestro rol es acompañar, preparar y sostener al deportista para que pueda rendir al máximo”, señala Leo. Paula suma una mirada complementaria: “El rol del kinesiólogo es muy importante, pero también lo es el del paciente. Nosotros damos las herramientas, pero necesitamos que del otro lado haya una buena respuesta. Es un trabajo en conjunto”.
Ese trabajo compartido se apoya en un aspecto central: el vínculo. En contextos de alta exigencia, la relación entre profesional y deportista se vuelve determinante. “Trabajamos con el cuerpo, pero también con emociones, miedos y expectativas. Generar confianza hace que el tratamiento sea mucho más efectivo”, explica Leo. En esa misma línea, Paula remarca el lugar que ocupan en momentos sensibles: “Con el deportista se genera mucho vínculo, porque en ese momento somos un pilar importante en su vida o en su carrera”.
Las lesiones son, quizás, el escenario donde más se evidencia ese rol. Allí, el kinesiólogo no solo interviene desde lo físico, sino también como sostén en un proceso atravesado por la incertidumbre. “Ser parte de ese camino, desde un momento difícil hasta la vuelta a la competencia, es muy gratificante”, afirma Leo. Paula lo vive con la misma intensidad: “Uno sabe lo que se sufre estar fuera de la cancha. Acompañamos todo ese proceso y el regreso es tan gratificante para nosotros como para ellos”.
En ese recorrido aparece otro desafío propio de estos tiempos: la sobreinformación. Internet acerca respuestas rápidas, pero no siempre precisas. “La información puede ser una gran aliada si es correcta, pero también puede generar confusión. Nuestro rol es orientar y adaptarla a cada caso”, sostiene Leo. Paula coincide: “La ciencia no es exacta y cada caso es distinto. No podemos buscar respuestas generales. Nuestro trabajo también es explicar, ordenar y acompañar”.
A eso se suma una situación frecuente en el deporte competitivo: la urgencia por volver. El deseo del atleta de regresar rápido muchas veces choca con los tiempos reales de recuperación. “Siempre tratamos de que vuelvan lo antes posible, pero también de la mejor manera”, explica Paula. Y agrega: “Ahí está nuestro trabajo de hacerles entender los tiempos y recomendar lo mejor para cada uno”.
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Dentro de ese entramado, San Isidro aparece como un espacio clave en el crecimiento profesional de ambos. “Representa una parte muy importante de mi carrera. Es un lugar donde pudimos crecer como equipo y consolidar una forma de trabajo basada en el compromiso y la cercanía”, destaca Leo. Para Paula, la experiencia también tiene un valor especial: “Me abrió las puertas para estar en un equipo profesional, que es lo que más me gusta. Estoy muy agradecida por la oportunidad”.
Hoy, con el básquet atravesando instancias decisivas y el vóley femenino cerrando una temporada histórica entre los cuatro mejores equipos del país, su trabajo cobra aún más relevancia. En un contexto donde los detalles hacen la diferencia, el acompañamiento kinesiólogo se vuelve determinante para sostener el rendimiento y prevenir recaídas: detrás de cada regreso hay un proceso invisible que muchas veces termina marcando la diferencia.
