Desborde nocturno en pandemia
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La credibilidad del discurso oficial sobre la pandemia está puesta a prueba frente a este tipo de circunstancias que se suceden cada semana.
En varias poblaciones de la región y de la provincia, las noticias de los últimos fines de semana estuvieron marcadas por hechos vinculados a los excesos de la noche y la contradicción que esto significa para las medidas restrictivas que rigen por imperio de la pandemia del coronavirus. Clausuras de locales nocturnos con más gente de la que está autorizada y acción para desbaratar fiestas clandestinas se han repetido durante las jornadas festivas durante todo el verano.
El último fin de semana se produjo la clausura de un local sanfrancisqueño que no respetó las medidas sanitarias de prevención vigentes en el marco de la pandemia de covid-19, en especial las relativas a la aglomeración de personas y uso de barbijo o tapabocas. En este caso, los inspectores constataron una gran cantidad de personas en el interior, superando ampliamente la ocupación autorizada, sin que se respetaran las disposiciones vigentes, razón por la cual labraron actas de infracción por aglomeración de personas, no utilización de barbijos o tapabocas, no respetar los protocolos sanitarios e incumplimiento del protocolo para establecimientos gastronómicos de bares y restaurantes.
En otras poblaciones se desbarataron reuniones de diversión, algunas multitudinarias, que se realizaron en domicilios particulares o en lugares como paseos o campos alejados de los cascos urbanos. Varias localidades de la región han sido escenario de estos eventos. En algunos casos, como en Rio Cuarto, la fiesta clandestina había reunido a más de 400 personas. En una localidad de las sierras se detectó una fiesta con más de 800 asistentes. Y un informe publicado en la capital cordobesa señala que el desborde nocturno es lo que más preocupa a las autoridades teniendo en cuenta la posibilidad de que la segunda ola de contagios llegue con fuerza al centro del país.
Lo ocurrido en las últimas semanas plantea un dilema que se viene repitiendo a lo largo de un año más que complicado. Se toman medidas restrictivas del funcionamiento de locales nocturnos y se esparcen por todo el territorio las fiestas clandestinas. Se autoriza la apertura de boliches y otros locales con las medidas sanitarias del caso, pero no se cumplen. Se clausuran estos espacios y a las pocas semanas debe volverse a hacer lo mismo porque no se respeta lo establecido. Las fuerzas de seguridad y los inspectores concurren a los sitios donde se hacen estos eventos no autorizados e inmediatamente se produce un desbande peligroso que podría generar accidentes graves. O bien solo se les pide que bajen la música.
La credibilidad del discurso oficial sobre la pandemia está puesta a prueba frente a este tipo de circunstancias que se suceden cada semana. El desborde de la noche, la inconducta de muchos y las incoherencias demostradas en los procedimientos que se llevan a cabo son eslabones amenazantes frente a la posibilidad de que los primeros fríos traigan consigo un crecimiento importante de los contagios.
