Entrevista
Denuncias que no bajan: “Juzgar con perspectiva de género es una obligación”
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El juez Andrés Peretti advirtió que se mantienen los niveles de denuncias por violencia de género en San Francisco. Analizó los desafíos del sistema judicial y la necesidad de un cambio cultural.
Los niveles de denuncias por violencia de género en San Francisco no muestran una baja significativa. La estadística, lejos de ser un número frío, expone una problemática persistente que atraviesa a la comunidad y desafía al sistema judicial. En ese marco, el juez Andrés Peretti, titular del Juzgado de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y de Género y Penal Juvenil, analizó la situación actual, los instrumentos de protección y el alcance de una premisa que considera central: juzgar con perspectiva de género.
En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, el magistrado confirmó que la tendencia se mantiene en parámetros similares a los registrados meses atrás. “Teniendo en cuenta la época del año, la tendencia se mantiene. Durante el receso judicial de enero, las denuncias tuvieron un crecimiento, pero no fue sustancial en comparación con los primeros meses del año 2025”, precisó al ser consultado sobre si el promedio de entre 9 y 10 denuncias diarias informado en octubre pasado había variado.
Peretti aclaró que el juzgado no se encuentra saturado, aunque reconoció un escenario más complejo. “No, en nuestro Juzgado no podemos hablar de saturación. Si bien existe un aumento de denuncias e incumplimientos, debemos ser más efectivos y eficientes en nuestra labor e instar a las demás partes intervinientes a trabajar en ese sentido”, afirmó.
En cuanto a herramientas concretas de protección, informó que “al día de la fecha, el Juzgado entregó 35 botones antipánico (SALVA) y 3 dispositivos duales (tobilleras electrónicas)” en la Quinta Circunscripción Judicial. Además, detalló que “más de la mitad de las medidas que dispone el Juzgado son impedimento de contacto o ‘perimetrales’, mientras que las exclusiones —con y sin reintegro de la víctima— ascienden al 10%”. También subrayó que, cuando la situación lo requiere, se ordena la incautación de armas.
El análisis de las modalidades de violencia permite comprender la dimensión del fenómeno. Citando el último informe de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Peretti indicó que la violencia psicológica alcanza el 96% de los casos, seguida por la simbólica (43%) y la física (42%). En menor medida aparecen la ambiental, la económica y patrimonial, la social y la sexual. La prevalencia de la violencia psicológica da cuenta de prácticas menos visibles pero persistentes, que muchas veces anteceden o acompañan otras formas de agresión.
Otro dato que preocupa es el incumplimiento de las medidas judiciales. “El porcentaje de desobediencia a la orden judicial oscila entre el 15% y 20%”, informó el juez. A nivel nacional, agregó, del total de femicidios solo existió denuncia previa en el 20% de los casos, mientras que en Córdoba el porcentaje es del 10%. Estas cifras evidencian la baja proporción de situaciones que llegan a judicializarse antes de los desenlaces más graves.
Consultado sobre si las víctimas denuncian en etapas más tempranas o cuando el conflicto ya escaló, respondió que “no es constante”, aunque recordó que hacia fines del año pasado se registraron “situaciones de extremo riesgo que exigieron medidas rápidas para evitar que las agresiones sigan creciendo”. En esos casos, explicó, se dispuso un abordaje específico “para romper con el círculo de violencia”.
—¿Cuál es hoy el mayor desafío que enfrenta el juzgado en materia de violencia familiar?
Si bien consideramos que el profundo cambio cultural para promover una sociedad más respetuosa de las diferencias y que acepte e incluya a todos y todas como sujetos de pleno derecho depende principalmente de políticas públicas por parte del Poder Ejecutivo, las resoluciones del Poder Judicial tienen poder simbólico y es nuestra obligación juzgar con perspectiva de género.
El magistrado sostuvo que la violencia doméstica y de género es una cuestión sociocultural, “creada, sostenida e implementada durante siglos”, y que un abordaje unidimensional desde el derecho resulta insuficiente. “Es necesario contar con la visión y labor de otras disciplinas como la psicología, la sociología y asistentes sociales”, señaló, y reconoció la necesidad de fortalecer esas competencias.
También consideró que, dado el bajo porcentaje de denuncias previas en casos graves, “podría implementarse más tecnología para la recepción de denuncias”, como sistemas de mensajería silenciosa o herramientas de geolocalización que faciliten la puesta en conocimiento de situaciones de violencia.
—¿Hay reincidencia en los denunciados?
Sí, hay incumplimientos a las medidas de protección dispuestas por nuestro Juzgado. El porcentaje de desobediencia a la orden judicial oscila entre el 15% y 20%.
—¿Se detectan más denuncias en determinados momentos del año?
Sí, en los fines de año suelen aumentar como consecuencia de las elevadas temperaturas, el consumo de drogas, el alcohol en exceso y las fiestas, entre otros factores que potencian la violencia física, psicológica e incluso sexual.
En relación con el origen de las denuncias, Peretti explicó que “generalmente denuncian las víctimas, pero puede suceder que terceros también lo hagan”. Recordó que hay personas que pueden denunciar —familiares, vecinos— y otras que deben hacerlo, como organismos asistenciales, educativos, de salud, deporte o justicia, tanto públicos como privados, obligados a informar situaciones de violencia o sospechas serias.
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- ¿Qué estereotipos persisten aún sobre las mujeres en el Poder Judicial?
Muchos, pero con la permanente capacitación y formación, los sesgos y estereotipos bajan su intensidad.
Entre los estereotipos más arraigados sobre las mujeres en el Poder Judicial se destacan la relación directa e inmediata con la sensibilidad y la debilidad en lugar de la autoridad, la creencia de que su rol natural es el cuidado –doméstico y maternidad– y la presunción de que carecen de la ambición o asertividad necesarias para altos cargos, dificultando su ascenso y justicia.
Esos estereotipos terminan impactando en múltiples aspectos –“techo de cristal”, “piso pegajoso”, “losa de hormigón”, “micromachismos”– y en el caso concreto del fuero de violencia familiar o doméstica, se expande hacia la duda o descreimiento sobre la denuncia de la mujer, lo que deriva en la revictimización y uso de prejuicios que atentan contra la igualdad real o sustantiva.
—¿Qué implica en la práctica juzgar con perspectiva de género?
Es “mirar” con lentes específicos, atendiendo a las partes involucradas y las cuestiones planteadas. Ponerse los lentes para apreciar las diferencias y valorar las pruebas de todo sin estereotipos ni discriminatorios ni favoritismos por razones de funciones de género. En otras palabras, implica detectar relaciones asimétricas de poder y situaciones estructurales de desigualdad y tomar en consideración la presencia de estereotipos discriminatorios de género en la producción, interpretación normativa y en la valoración probatoria.
En determinadas situaciones, como la niñez y la adolescencia, el género, la identidad racial, la pertenencia religiosa o el origen social o nacional –entre otras−, la igualdad de trato –“todos somos iguales ante la ley"– oculta la situación de especial vulnerabilidad en la que se encuentran determinados grupos por hallarse sometidos, de diversas formas, a la violencia y discriminación. Por eso, juzgar con perspectiva de género es reconocer patrones y estereotipos machistas, como por ejemplo, saber que la retractación o levantamiento de la denuncia solicitada por la persona que denunció no puede ser resulta sin análisis interdisciplinario previo.
Ello porque las retractaciones suelen confirmar que el círculo de violencia y la luna de miel sigue instalado, al punto que las estadísticas de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de Nación informan que en la gran mayoría de los casos, el pedido de levantamiento de denuncias fueron bajo amenazas del agresor.
Otro ejemplo fue la licencia por paternidad implementada por la Corte Suprema de Justicia de México. Las reacciones fueron todas adversas, alegando que era una excusa para no trabajar y demás, pero no se piensa en la ayuda-colaboración-acompañamiento que requiere la mamá en las primeras etapas de la infancia. Si el varón se va a trabajar a los pocos días de nacido el bebé, la mamá se queda sola y con el 100% de la carga de cuidado.
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Finalmente, Peretti agradeció al equipo que integra el Juzgado que preside, destacando su compromiso diario y la colaboración en la obtención de los datos. En un contexto donde las denuncias no bajan, el desafío, concluyó, es doble: mejorar la respuesta institucional y contribuir a una transformación cultural que desactive la violencia antes de que escale.
