Del riel al aula: la Universidad Provincial transforma un símbolo de Las Varillas
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La Sede Regional Las Varillas de la Universidad Provincial de Córdoba ya funciona en la ciudad y, en los próximos meses, se trasladará al histórico predio ferroviario donde avanza la construcción de su edificio propio. Allí, un proyecto impulsado por la docente María Elena Dutto busca recuperar la memoria del lugar y convertirla en parte de la identidad de la futura comunidad universitaria.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Durante décadas, los rieles que atravesaban el acceso norte de Las Varillas fueron mucho más que una vía férrea. Por allí llegaron inmigrantes, salieron las cosechas, crecieron los comercios y comenzó a escribirse buena parte de la historia de la ciudad. El tren dejó de pasar hace años, pero aquel predio nunca perdió su capacidad de conectar personas y transformar el territorio. Hoy lo hace de otra manera.
Allí donde funcionó el Ferrocarril Central Argentino —más tarde Ferrocarril Mitre— muy pronto comenzarán a transitar cientos de estudiantes de la Sede Regional Las Varillas de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC). Mientras las obras avanzan para inaugurar el edificio propio, las carreras ya se dictan desde comienzos de este año en la Escuela Dalmacio Vélez Sársfield. La mudanza será apenas un cambio de lugar. El verdadero desafío comenzó mucho antes: comprender la historia del predio donde la universidad escribirá su próximo capítulo.
Como sostenía Paulo Freire, "la educación no transforma el mundo; transforma a las personas que van a transformar el mundo". En este rincón de Las Varillas, esa idea parece adquirir una dimensión concreta: los antiguos rieles dejaron paso a las aulas, pero no perdieron su misión de seguir construyendo futuro.
La escena resume el espíritu de un proyecto que va mucho más allá de una obra pública. Porque detrás de las paredes que siguen levantándose y de las carreras que ya se dictan existe una decisión que marca el rumbo de la nueva sede universitaria: antes de proyectar el futuro, comprender la historia del lugar donde decidió echar raíces.
Mucho más
Cuando María Elena Dutto comenzó a pensar el crecimiento de la sede universitaria entendió que el desafío no terminaba con la construcción del edificio.
"El objetivo es que los vecinos se integren desde el principio con el proyecto que impulsa la universidad", explica la referente de SeCIAT e Internacionalización de la Sede Regional Las Varillas.
Su mirada parte de una convicción sencilla, aunque profundamente transformadora: una universidad no se integra a una comunidad únicamente cuando abre sus aulas. También lo hace cuando conoce el territorio donde se instala, recupera su memoria y construye vínculos con quienes lo habitan.
Por eso, mientras la universidad continúa creciendo, también impulsa actividades que buscan abrir sus puertas hacia el barrio y convertir ese predio en un espacio compartido.
Aunque las clases comenzaron este año en la Escuela Dalmacio Vélez Sársfield, la UPC ya proyecta la vida académica que tendrá su sede definitiva en el antiguo predio ferroviario. Pero el proyecto va mucho más allá de un cambio de edificio. La apuesta consiste en construir un territorio compartido, donde vecinos, docentes y estudiantes se reconozcan como parte de una misma historia. No se trata solamente de inaugurar nuevas aulas, sino de comprender el lugar que las sostendrá y convertir esa memoria en parte de la identidad de la universidad.
El predio
La elección del terreno tampoco fue casual. Ese sector del acceso norte conserva algunos de los testimonios materiales más importantes del pasado ferroviario de Las Varillas. La sala de máquinas, la casa del señalero y los viejos rieles permanecen como testigos silenciosos de una época en la que el tren marcaba el ritmo de la producción agrícola, el crecimiento urbano y la vida social de la región.
Alrededor de esas instalaciones nació el actual Barrio Central Argentino, un sector cuya identidad quedó profundamente ligada a las familias ferroviarias y a los oficios que hicieron posible el funcionamiento del ferrocarril durante gran parte del siglo pasado.
Con el paso del tiempo llegaron el cierre del servicio, el deterioro del predio y la pérdida progresiva de un espacio que había sido determinante para el desarrollo de la ciudad.
Cuando la sede se traslade definitivamente al predio, no llegará a un espacio desconocido. Lo hará después de haber comenzado a reconstruir su historia y de haber tendido los primeros puentes con el barrio y sus vecinos.
Lejos de ocultarla, decidió convertirla en uno de los pilares de su identidad institucional.
Raíces
"Podíamos limitarnos a ocupar este espacio o podíamos preguntarnos qué había ocurrido aquí antes que nosotros."
Esa pregunta terminó convirtiéndose en el punto de partida de una iniciativa que hoy atraviesa buena parte del trabajo que desarrolla la sede.
Así nació "Del riel al aula", un proyecto de investigación que buscará reconstruir los orígenes del Ferrocarril Mitre en Las Varillas y recuperar la historia del predio donde actualmente funciona la universidad.
Pero el objetivo va mucho más allá de una reconstrucción histórica.
La propuesta pretende rescatar una memoria que nunca fue sistematizada, reunir documentos dispersos, fotografías familiares, publicaciones periodísticas y testimonios de antiguos ferroviarios o de sus descendientes para comprender cómo ese lugar ayudó a construir la ciudad.
"Queremos conocer el territorio que habitamos. Saber quiénes trabajaron aquí, cómo nació este barrio y compartir esa historia con nuestros estudiantes y con toda la comunidad", resume Dutto.
Porque para ella una universidad también construye pertenencia cuando entiende el significado del suelo sobre el que desarrolla su tarea.
Memoria
Los documentos serán importantes. Los planos también. Pero Dutto sabe que buena parte de la historia todavía no está guardada en un archivo.
Está en las casas. En las fotografías familiares y en las cartas que alguien conservó durante décadas.
En los relatos de quienes todavía recuerdan el silbato de la locomotora o crecieron escuchando las historias de padres y abuelos ferroviarios.
Por eso el proyecto tendrá como principal herramienta la historia oral.
La investigación convocará a antiguos vecinos, familiares de trabajadores del ferrocarril y referentes de la comunidad para reconstruir, entre todos, una memoria que el paso del tiempo amenaza con borrar.
"Queremos que los vecinos sean protagonistas de este proceso. La historia del predio también les pertenece", sostiene Dutto.
Las entrevistas se complementarán con el trabajo en archivos históricos, hemerotecas y museos, pero la intención es que el conocimiento no quede encerrado entre documentos.
La universidad pretende devolver esa historia a la comunidad.
Porque entender el pasado también significa fortalecer el sentido de pertenencia de quienes hoy viven ese espacio.
Integrar
La investigación es apenas una parte del proyecto. El siguiente paso será recuperar el predio como un lugar de encuentro.
Entre las primeras acciones previstas figura una jornada de forestación con especies autóctonas que convocará a estudiantes, docentes y vecinos del sector.
También se incorporarán luminarias, mobiliario urbano y distintas intervenciones destinadas a mejorar uno de los principales accesos a la ciudad.
Para Dutto, cada una de esas actividades persigue el mismo objetivo: que la universidad deje de percibirse como un edificio y comience a vivirse como parte del barrio.
Los primeros contactos con los vecinos ya dejaron una señal alentadora. Muchos manifestaron su interés en participar de las propuestas y acompañar el proceso de recuperación del espacio.
"Esa respuesta demuestra que existe un fuerte sentido de pertenencia con este lugar y que la comunidad tiene ganas de volver a apropiárselo", destaca.
Identidad
El antiguo Barrio Central Argentino nació alrededor del ferrocarril. Durante décadas, la vida cotidiana estuvo marcada por el movimiento de los trenes, el trabajo de los maquinistas, señaleros y guardas, y las familias que construyeron allí su hogar.
Hoy el paisaje es diferente. A las calles del barrio llegan estudiantes de Las Varillas y de otras localidades de la región, docentes que desarrollan proyectos académicos y jóvenes que encuentran en la universidad una oportunidad para formarse sin abandonar su lugar de origen.
Para Dutto, esa nueva realidad no reemplaza la identidad ferroviaria. La amplía.
"El barrio mantiene sus raíces, pero suma nuevos protagonistas. Ahora también forman parte de su historia los estudiantes que llegan todos los días, muchos de ellos desde otras localidades."
Ese encuentro entre generaciones y experiencias distintas constituye, quizás, uno de los mayores aportes de la universidad al territorio.
El desafío
En el proyecto de investigación hay una idea que atraviesa todas sus páginas. Construir una universidad arraigada en el territorio.
No se trata solamente de levantar aulas o ampliar la oferta académica.
Se trata de comprender el lugar donde esas aulas funcionan, reconocer el valor patrimonial del predio y hacer que ese conocimiento vuelva a la comunidad en forma de actividades, investigaciones y proyectos de extensión.
En tiempos donde muchas instituciones parecen vivir de espaldas a su entorno, la propuesta de la Sede Regional Las Varillas plantea el camino inverso.
Salir al encuentro de los vecinos. Escuchar y recuperar la memoria. También, es construir el futuro desde esa historia compartida.
Otro viaje
Cuando el primer tren llegó a Las Varillas cambió para siempre el destino de la ciudad. Por esos rieles circularon inmigrantes, trabajo, producción y esperanza.
Décadas después, el silencio reemplazó al movimiento y el antiguo predio ferroviario pareció quedar detenido en el tiempo.
Hoy vuelve a escucharse otra vez el ruido de la vida.
No es el silbato de una locomotora.
Muy pronto ya no serán solamente los obreros quienes recorran ese predio. También lo harán estudiantes, docentes, investigadores y vecinos convocados por una universidad que eligió llegar de una manera diferente: conociendo primero la historia del lugar donde construirá su casa definitiva.
María Elena Dutto suele repetir que la universidad tiene la responsabilidad de integrarse al territorio que la recibe.
Quizás por eso el proyecto que impulsa no comienza con un plano de arquitectura ni termina con un edificio inaugurado.
Comienza escuchando las historias de quienes estuvieron antes.
Porque sólo así es posible construir una universidad que no sea un cuerpo extraño dentro de la ciudad, sino una parte viva de su identidad.
Alguna vez los rieles conectaron la producción con el país. Muy pronto, desde ese mismo lugar, las aulas comenzarán a conectar el conocimiento con la comunidad. Cambiará el paisaje. Cambiará la forma de viajar. Pero no cambiará la esencia de un espacio que, desde hace más de un siglo, nació para unir personas y proyectar futuro.
