Dejó su legado
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José Alfredo Riera habló de su libro "Ser Entrenador" que presentó en la Tecnoteca.
A fines de los '90 tomó la decisión de cruzar la cordillera y se instaló en Chile en busca de un crecimiento deportivo y una mejor estabilidad económica. Desde entonces pasaron 22 años en los que a través de su labor profesional pudo echar raíces en el ámbito del básquetbol del país trasandino.
José Alfredo Riera en base a sus conocimientos, capacidad conductiva y apostando a diferentes proyectos desarrolló una exitosa carrera como entrenador en clubes, selecciones y combinados universitarios.
Un largo camino que comenzó en su adolescencia en la vieja cancha al aire libre de Sportivo Belgrano y se prolongó en el tiempo, para llegar a sus 64 años en los que decidió plasmar en un libro la trayectoria de 45 años en un deporte que es su pasión.
Con la humilde intención de hacer un aporte a las nuevas generaciones de entrenadores a la hora de encarar un proyecto de trabajo y al mismo tiempo rendir tributo a quienes fueron sus guías en la disciplina, el técnico sanfrancisqueño presentó en la Tecnoteca de la ciudad su libro "Ser Entrenador".
Previo a la especial ocasión, acompañado por Leticia -una de sus tres hijas- y su nieta Alfonsina, Riera dialogó con LA VOZ DE SAN JUSTO acerca de la publicación, en la que le puso la rúbrica a su apasionante historia.
-¿Este libro se trata de una recopilación de experiencias?
-El libro en principio se pensó en hacerlo con cosas técnicas, pero luego me di cuenta que en internet hay mucho material de ese tipo, pero también observé que hay mucha diferencia de lo que se encuentra a lo que se aplica, muchos entrenadores jóvenes como nos pudo haber pasado cuando empezábamos en esta función, todo lo que bajan lo aplican y a veces no hay planificación, no son los equipos y los momentos adecuados, entonces decidí contar que significa ser entrenador.
Porque es una vida, comencé a los 18 años y tengo 64, entonces hablo un poco de mis inicios en Sportivo Belgrano como monitor con Miguel Aimasso y de ahí pasar a San Isidro, no nombré a toda la gente, pero sí aquellos que marcaron hitos dentro de las instituciones, Miguel Aimasso en Sportivo, el "Loco" Fiore y "Birila" Gioíno en San Isidro y Luis Castagno en El Tala lo que destaco un poco más porque tuve chicos de mini que llegaron a sus 19 años mostrando un crecimiento, que es a lo que más me dediqué que es el desarrollo y perfeccionamiento de jugadores.
-El rol de conductor se tradujo en un largo camino...
-Muestro que hay un camino, que ser entrenador no es dejar de jugar, hacer un curso y ponerse la chaqueta con la identificación de DT. Eso no significa la capacidad de conocimiento de las personas, pero esto es una carrera, hay que recorrer un camino y yo muestro ese camino a través de este relato y en la parte técnica muestro mi último trabajo que fue en el club árabe de Valparaíso donde empecé en el 2015 con un grupo de chicos y lo llevé a jugar la Liga Nacional 2 que sería como el TNA y la Liga de Desarrollo.
Fue todo un proceso y en qué me basé para desarrollar el mismo, más que nada en la planificación que es lo que le dio mayor importancia y a qué cosas técnicas tuve en cuenta y como corolario, mi llegada a Chile, mi paso por Universidad que me permitió esforzarme y desarrollarme porque la competencia universitaria es buena y también es internacional.
Entonces en el 2012 salí campeón nacional universitario y me dieron la selección chilena universitaria y fui a los Juegos Olímpicos Universitarios que se hicieron en Kazan, Rusia, tuvimos 17 días, de 24 salimos 22, pero vivimos una experiencia maravillosa.
-¿Se puede decir que tuviste un exitoso desarrollo deportivo?
-Siempre diferencio de lo que he ganado de lo que obtenido. Obtuve títulos locales, nacionales, internacionales pero gané más cosas, mi desarrollo personal, haber aportado al desarrollo de jugadores por más que no llegué a dirigir equipos de grandes jugadores, pero sí que hice que los jugadores contribuyan al desarrollo de sus equipos.
Los equipos de Liga que dirigí fueron con jugadores fabricados, formados en casa, lo único que me puede faltar es una Liga Nacional.
-¿Sentías la necesidad de transmitir tus vivencias?
-Quería transmitir algo y es un poco en reconocimiento a los que me metieron en el básquet, empecé a los 15 años porque no jugué más al baby fútbol por la altura. Sentía que tenía que dejar algo y preferí que sea escrito, porque repito, en internet se bajan muchas cosas.
Dejar algo para mis hijas porque el básquet me separó de mi familia, para mis hijas, nietos, para mis amigos de San Francisco que nunca los olvidé y que ellos contribuyeron como jugadores y entrenadores a que yo tomara este camino.
Y en Chile para que a los entrenadores jóvenes les sirva como guía de trabajo, es decir, si quiero desarrollar un proyecto en un club ver como lo puedo hacer, después cada uno le pondrá su color, su personalidad.
-¿Cuál es la actualidad de Riera?
-Estoy trabajando en el Club Deportivo Colegio Los Leones de Quilpué, localidad al lado de Viña del Mar, me contactó el entrenador español José Angel Samaniego, me interesó el proyecto y tomé un equipo adulto femenino para jugar la Liga Nacional y el desarrollo de inferiores. Y sigo con la Universidad Católica en la competencia universitaria.
-¿Te ganaste la confianza de la gente en base a trabajo?
-Creo que pude convencer a la gente que me llevaba a trabajar, porque no iba si no había un proyecto detrás, no iba solo por la temporada. En la Asociación de básquet estuve durante varios años, lo mismo pasó con la Universidad, a nivel escolar trabajamos lo mismo.
Costó trabajo pero los resultados me fueron manteniendo, dicté cursos de capacitación para el Instituto de Deportes, para la Federación de Chile, incluso compartí clínicas con entrenadores prestigiosos como el "Oveja" Hernández y Fernando Duró.
Siempre traté de mostrar un trabajo de una forma distinta, planificada, profesional, con paciencia, con mucho amor, voluntad, con mucho tiempo de entrega.
-¿Te consideras un defensor de los proyectos?
- Soy un defensor de los proyectos sino no se obtienen cosas y tener a la gente idónea para realizarlos.
Es difícil trabajar en los mismos porque si vas a los resultados en la competencia hay más partidos perdidos que ganados que solo sirve para las estadísticas en cambio para un plan de desarrollo tenes que convencer de la importancia y a dónde queremos llegar, todas las etapas técnicas y tácticas que hay que ir superando para llegar a eso, los resultados después llegan.
Lo importante es ser creíble y en eso pude convencer a jugadores de que creyeran en lo que le transmitía, aparte no perdí mi carácter, lo transmito con muchas ganas, pasión, vivo intensamente lo que hago ya sea en el entrenamiento como en el partido, y eso es lo que hace sustentable la permanencia de uno en el proyecto que además te permite crear identidad del jugador con el club y eso es importantísimo.
-¿Valió la pena cruzar la cordillera? ¿Aquella elección te dio y te quitó algo?
-Nada es gratis, en ese momento tenía que pensar o con la cabeza, el corazón o con el bolsillo y quizás uno lo hizo con este último porque fue una época difícil en el 2000- 2001, mis hijas tenían que estudiar en Córdoba, estuve como 15 años de empleado bancario, de acá me hablaron pero nunca nada concreto.
En cambio allá tenía mi ingreso los 12 meses del año, me perdí muchas cosas, cumpleaños, fiestas, graduaciones, es difícil hacer un análisis porque depende del momento en que lo haces, cómo lo interpretas o como lo transmitis.
Porque es un análisis muy afectivo que influye en eso, si fue bueno o malo, conveniente o no, fue lo que se dio en ese momento y la decisión fue mía no de mi familia, creyendo que era beneficiosa para todos y que en algún momento se iba a volver a emparejar y bueno, se fue distanciando un poco más, gracias a Dios, Elena ha sido maravillosa en el trabajo de mamá, es amiga conmigo, entonces tenemos un vínculo muy bueno.
-¿San Francisco siempre estuvo cerca?
-Cuando estaba en la Asociación de Básquet de Chile, acá Ricardo Minari era mi nexo, entonces traía un equipo para entrenar y jugar partidos durante una semana, que es lo que pretendo hacer en la institución donde estoy ahora.
-¿Te sentís pleno con esta publicación?
-Lo del libro no es buscar protagonismo, nunca lo hice en mi vida, no me gusta venderme, simplemente la razón fue dejar algo de quien comenzó en una canchita al aire libre, que había que barrerla todos los días y si llovía había que secarla y que se fue formando, que hay que soñar y que esos sueños se pueden convertir en realidad.
Porque se puede, pero hay que caminar y en ese camino donde no hablo de ningún tema familiar, te das cuenta que de estar tan metido en el básquet hay muchas cosas que se van dejando de lado. Que sea un reconocimiento a los que me dieron mucho en el básquet.
No es un libro que está a la venta, lo quiere regalar, porque quiero que los entrenadores vean qué es lo que lleva para ser entrenador, cómo se trabaja y no solo bajar material de internet y aplicarlo. Lo financió un amigo con el acompañamiento de la Universidad Católica de Valparaíso y la Dirección de Deportes. La editorial en Chile se guardó unos ejemplares para vender y que a mi solo me sirve para que el libro se conozca nada más.
-Esta fue una correcta decisión...
-Repito, quería dejar algo y poder hacerlo en mi ciudad de donde quizás uno nunca quiso irse, pero como en los partidos para ganar hay que tomar decisiones en la vida también hay que tomarlas, después no sabes si ganaste o no el campeonato de la vida pero en aquel momento había que tomar una decisión.


