De la polio al dengue, las enfermedades afectaron a la ciudad y la región
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La ciudad y la región se vieron históricamente atravesadas por epidemias que afectaron a los vecinos. Con la amenaza mundial de coronavirus, LA VOZ DE SAN JUSTO recuperó los testimonios de personas que fueron contagiadas por enfermedades como el dengue, gripe A y polio.
Por Stefanía Musso | LVSJ
Mañana comienzan las clases y Santino Baigorria de ochos años mira de lejos su mochila que estaba preparada para empezar tercer grado en la Escuela Doctor Pablo Julio Rodríguez de Balnearia.
Está triste pero sabe que tiene que hacerle caso a mamá Pamela y a su médico y quedarse en la habitación por diez días con sus juguetes, el televisor y tomando los remedios cada ocho horas lejos de sus amigos y de todo su entorno.
También tiene que reunir valentía para volver al hospital San José día a día y someterse a una prueba de análisis de sangre para ver cómo avanza la enfermedad que el lunes le cambio su vida: dengue.
Su mamá le toma la temperatura constantemente. Es la única que ingresa a la habitación de la casa que comparte con sus otros tíos y una prima. "Santi está triste de no empezar las clases. Él está bien porque su caso es leve, a comparación de otros que están en la localidad. Ahora la fiebre bajó y está más activo pero recién el viernes pidió comer un yogurt con cereales porque no tenía apetito", dijo la mamá del pequeño, Pamela Asís.
Balnearia es una de las localidades del departamento San Justo que más casos de dengue registra en la provincia con 69 infectados.
Santino no presenta ronchas. Tampoco tiene síntomas como vómitos y diarrea. Solo la fiebre que fue el disparador para que su mamá lo lleve al hospital el lunes pasado. Tengo que controlar su temperatura porque no tiene los otros síntomas que produce el virus. Tengo que tener cuidado si baja porque puede aparecer el vómito y la diarrea, lo que potenciaría el contagio".
Para evitar mayor trasmisión de la enfermedad, Pamela convirtió su casa en una fortaleza impenetrable por la mañana y por la tardecita cuando hay mayor presencia de Aedes Aegypti; rocía con repelente e insecticida toda la casa y debajo de las camas; y todos los integrantes de la familia se protegen también con repelente.
Para Pamela, "no tiene una roncha o sarpullido que muestra la picadura del mosquito pero los médicos dicen que es la única forma que se haya contagiado. Siempre usó repelente y lo sigue usando en la habitación. Hacía vida normal. Iba a la pileta e íbamos a plaza del pueblo".
"Me asusté cuando me enteré de la noticia porque cada vez hay más casos pero tenemos que cuidarlo y cuidarnos nosotros para que no siga sucediendo", concluyó Pamela.

Santino no podrá comenzar las clases y deberá esperar que el dengue se convierta en una anécdota en su vida
Convivir y contagiarse de gripe A
Hace 11 años atrás, la ciudad atravesaba uno de los momentos más difíciles en materia de salud. La epidemia de la gripe A o H1 N1 se cobró tres víctimas fatales, dos mujeres que habían tenido su bebé recientemente y un hombre.
En aquel momento, el director del Hospital J. B. Iturraspe, el doctor Mario Vignolo, vivió de cerca el operativo sanitario que se montó en nuestra ciudad pero además, se contagió del virus tras realizarle la autopsia a una de las fallecidas, la primera de la provincia de Córdoba.
"Fue en plena epidemia de la Gripe A. Le hice la autopsia a la primera mujer fallecida y sin tomar las medidas de bioseguridad necesarias, contraje el virus", recordó.
Exactamente una semana después, aparecieron el dolor de cabeza, fiebre alta y decaimiento, todos los síntomas de la gripe. "A los siete días de la autopsia fuimos a buscar las 1.000 dosis de Tamiflu a la ciudad de Córdoba y comencé con un cuadro febril. Cuando regresamos, descargamos los medicamentos y le pedí que me hagan un hisopado. Antes de tener los resultados, comencé a tomar la medicación".
La indicación era reposo pero Vignolo tenía que cumplir con su labor como forense en uno de los casos más resonantes de nuestra ciudad: el femicidio de Natalia Vercesi. "Me olvidé de la fiebre y de la gripe A. Tenía que trabajar y aunque no tenía diagnóstico recién al otro día hice reposo".
"Me llamaron desde Córdoba y me dijeron 'Se confirmó otro caso de Gripe A en San Francisco, es el director del hospital'", recordó.
Con el tiempo, el doctor supo que el virus dura en el cuerpo de la víctima hasta 36 horas luego del deceso. "Hubo 10 casos confirmados y fui uno de los primeros. En aquel momento incitábamos a la población a usar alcohol en gel, se daban turnos espaciados en el hospital, había escuelas cerradas, y se entregaban barbijos", recordó Vignolo.

El doctor Vignolo, testigo y protagonista de la gripe A en 2009
Las marcas de la polio
Entre las décadas del 40 y el 50, la poliomielitis afectaba a miles de niños de la Argentina pero nuestra ciudad se vio fuertemente afectada en el año 1956, provocando invalidez y en muchos casos, hasta la muerte.
Oscar Terraf, de 63, es uno de los tantos vecinos de San Francisco que sobrevivió a este mal que lo afectó con 2 años y medio de vida en 1957 pero aún tiene la secuelas de aquella afección que provoca lesiones a los nervios que causan parálisis, dificultad para respirar y, en algunos casos, la muerte.
"Estábamos veraneando en Villa Carlos Paz. Mientras jugaba, mi abuela notó que tomé un juguete con la mano derecha porque no podía movilizar la izquierda, que era la que usaba asiduamente porque era zurdo", dijo Terraf.
Fue entonces que alarmados, los padres de Terraf lo llevaron al Hospital de Niños de la ciudad de Córdoba donde confirmaron lo que se temía: poliomielitis.
"Estuve en cuarentena en Córdoba y según me contó mi madre, eran muchos los niños internados, con casos más graves que el mío, que llegaban a fallecer".
Ya de adolescente Terraf se sometió a diferentes tratamientos y cirugías para recuperar la movilidad de su brazo. "Mi brazo izquierdo es más delgado, limitado en movimiento pero llevo una vida normal a diferencia de muchos otros que se vieron afectados por esta enfermedad".
En medio de la crisis sanitaria se fundó La Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil - 10 de junio de 1957- que a pesar de la presencia de la vacuna, tenía la difícil tarea de acompañar los numerosos y dolorosos casos que aún existían, los cuales exigían la debida atención.
Años después, la vacuna Sabin, aseguró benéficos y duraderos efectos, con general beneplácito. Para 1964 en el primer día de la aplicación, se inmunizó a más de 8.000 niños. "En mi época no había vacuna, llegó más tarde. Por eso es fundamental que se vacunen a los chicos porque puede ser de vida o muerte. Hoy camino, pero podría haber quedado en silla de ruedas para siempre", completó Terraf.
Pestes del viejo San Francisco
Entre 1893 y 1920, la ciudad se veía inmersa en situaciones de enfermedades contagiosas, entre las que se encontraban la disfteria, la tos convulsa, el sarampión, la peste bubónica, la tuberculosis, fiebre tifoidea, disentería, cólera y la meningitis.
Las razones se vinculaban con la falta de higiene, desnutrición, falta de atención médica y de agua potable. De hecho, durante los 28 años de estas enfermedades ocurrieron 4.141 muertes de los cuales 2.317 eran menores de 5 años, algo así como el 56%.
El 22.8% de las víctimas fallecieron por enfermedades parasitarias, diarreas y enteritis las cuales podrían haber sido evitadas si se hubiera contado con servicios de agua potable y cloaca, alimentación adecuada, buena atención y educación.
Respecto al cólera entre 1893 y 1920 hubo 74 muertes pero entre febrero y abril de 1895 murieron 71 personas. La forma de evitar la propagación de la enfermedad se logró gracias a la instalación de lazaretos para el aislamiento de los pacientes.
Otra causa de muerte de la época fue la tuberculosis que entre 1863 y 1930 causó 165 pérdidas humanas siendo los más afectados vecinos entre los 20 y los 30 años de edad.
Respecto a la peste bubónica, fueron 25 las personas fallecidas pero historiadores consideran que el número puede haber sido mayor ya que LA VOZ DE SAN JUSTO mostraba en sus publicaciones la preocupación de la población por este problema.
Aunque para el 4 de enero de 1920 se consideró superado el problema del cólera, el 27 de agosto de ese mismo año, el fantasma de la epidemia volvió a San Francisco. Ese día, en su domicilio falleció un obrero del Molino Río de la Plata luego de contraer peste bubónica. Tres días después, otro empleado de la misma fábrica se vio afectado por la peste y el temor se extendió en la sociedad pero fue tratado de inmediato.
La peste pudo combatirse con medidas de prevención local prohibiendo la venta publica ambulante de helados, masas y cualquier otro producto.
El 25 de junio de 1940, se realizó una campaña de desratización , ya que se estimaba la presencia de más de 30.000 roedores en la ciudad.
La meningitis y la fiebre de por entonces también hicieron estrago pero en la población más joven, causando 72 muertes de niños sobre un total de 144 fallecidos.
(Fuentes consultadas: "San Francisco de hoy y de ayer 1886 - 1986" del Centro de Estudios Históricos de San Francisco y la Municipalidad de San Francisco y "Los 100 años de San Francisco" de LA VOZ DE SAN JUSTO).
