De chicanas, retiros y ausencias
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Más allá del contenido del mensaje, lo ocurrido en la apertura de sesiones albergó episodios que demuestran la adolescencia de la política nacional. Abundaron chicanas, sonrisas socarronas, gritos airados cercanos a la histeria, retiros masivos que demuestran incapacidad para recibir críticas y discutir argumentos.
No pasará a la historia el anodino discurso presidencial de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional este año. Se trató de una pieza discursiva pobre, con enunciados verdaderos pero que sonaron a argumentos forzados, algunos endebles, otros de incomprobable certificación y los restantes directamente falsos. Todo en medio de un esfuerzo por contentar a todas las facciones de la coalición gobernante, como desde hace tiempo ocurre con la palabra del primer mandatario.
Pero más allá del contenido del mensaje, lo ocurrido en la apertura de sesiones albergó episodios que demuestran la adolescencia de la política nacional. Abundaron chicanas, sonrisas socarronas, gritos airados cercanos a la histeria, retiros masivos que demuestran incapacidad para recibir críticas y discutir argumentos, así como ausencias llamativas con explicaciones no menos sorprendentes, entre otras cuestiones.
La vicepresidenta de la Nación pareció festejar su "triunfo" al imponer su intención de que el minuto de silencio por las víctimas del Covid y de la guerra en Ucrania fuese pedido por el presidente, tal como se lo ordenó ella misma, ignorando la solicitud efectuada por el líder de una de las bancadas opositoras. El problema es que no pudo evitar un gesto de sonrisa durante un tiempo en el que se supone debe haber recogimiento y reflexión.
Los gritos airados de legisladores opositores frente a algunos dichos presidenciales quizás formen parte del "folklore" de la política argentina y se han repetido durante años en este tipo de sesiones. Quizás, la grieta ha potenciado esta práctica hasta el punto de que una parte de la principal coalición de la oposición se retiró del recinto en disconformidad. Esta actitud choca con las declamaciones de sus principales dirigentes en las que afirman que debe regir la tolerancia y el respeto en el debate. La respuesta a acusaciones que el titular del Ejecutivo formuló en su mensaje no puede socavar -aún más de lo que ya está- la investidura presidencial. Haberse retirado del recinto también es una manifestación de inmadurez política.
Otro aspecto relevante para el análisis es la ausencia del diputado Máximo Kirchner y del senador Oscar Parrilli en la sesión. Este hecho tiene proyecciones muy significativas para el futuro de la alianza de gobierno, especialmente a pocos días de que se trate en el Parlamento el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. No se trata de cualquier legislador. Son el hijo de la vicepresidenta y uno de sus colaboradores más cercanos. Las excusas puestas por el primero no asoman sólidas, más aún luego de que ha renunciado a la presidencia del bloque oficialista.
Pero no solo de pretextos se trata. Queda patentizado con estas ausencias llamativas que viene fracasando aquel intento presidencial perenne de tratar de conformar a todas las vertientes políticas de su gobierno. Dan combustible a la incertidumbre sobre qué harán los seguidores de la vicepresidenta en la votación del acuerdo con el FMI. Y se suman a numerosos otros destratos que este sector ha protagonizado, devaluando y hasta humillando la figura del presidente de la Nación.
El periodista Ernesto Tenembaun, en una columna publicada en un portal periodístico porteño, lo graficó de manera contundente: "Ya sería hora de pedirle disculpas a Julio Cobos. Él apenas desempató una votación, una sola, en contra de la voluntad de su presidenta. Por eso solo, le dijeron traidor durante años".
