Judicales
Darío Gilardi: “Un cuerpo habla de lo que pasó, pero el lugar del hecho lo grita”
Tras asumir en los Tribunales de San Francisco, el médico forense pampeano reflexiona sobre el costado humano de su profesión, el peso emocional de los casos y la observación como habilidad esencial en la búsqueda de la verdad judicial.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
Tras la jubilación de Mario Vignolo, el médico Darío Germán Gilardi (42) asumió como forense en los Tribunales de San Francisco, en una función atravesada por autopsias, análisis de escenas del crimen y decisiones técnicas que muchas veces inciden de manera directa en investigaciones judiciales de relevancia.
Oriundo de Caleufú, en el norte de La Pampa, Gilardi estudió Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba y desarrolló buena parte de su carrera en la capital provincial. Su llegada al cargo no fue casual ni inmediata. “Concursé varias veces para estar acá”, señaló. “Estoy contento de estar en esta zona hoy, tratando de día a día poder entregar lo mejor de mí para tratar de ayudar a toda la población en sí”.
Su vínculo con la medicina forense se fue construyendo con el tiempo. “Como el trajín de todo médico, cuando uno recién se recibe empieza a hacer guardias y demás. Luego de eso empecé a hacer la especialidad de medicina legal y forense. Una vez que me recibí, empecé a meterme en este mundo, a averiguar concursos, hasta que un día estuve en el Instituto de Medicina Forense y de a poquito me fui enamorando de esta especialidad”, relató en entrevista con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Al explicar qué lo motivó, apeló a una idea que atraviesa toda su práctica: “Es esa cosa que uno tiene de detective adentro, de tratar de auxiliar al sistema judicial para acercarnos a lo que es básicamente la verdad real de los hechos”. En ese camino, también buscó desarmar ciertos prejuicios sociales: “La gente piensa que los forenses somos de corazón frío, en donde no trabajamos con otra cosa que no sea la muerte”.
Sin embargo, su descripción del trabajo cotidiano es distinta. “Un forense, de diez seres con los que trabaja, uno es una autopsia; el resto son seres vivos. Nosotros trabajamos con el sufrimiento”, explicó, dejando en claro que la tarea implica un contacto permanente con el dolor de las personas y sus entornos.
Antes de desembarcar en San Francisco, Gilardi trabajó durante años en el Ministerio Público Fiscal, donde amplió su formación más allá de la morgue. “Siempre digo que un cuerpo habla de lo que pasó, pero el lugar del hecho muchas veces grita lo que pasó”, afirmó. Esa experiencia lo llevó a involucrarse directamente en escenas, comprender contextos y sumar herramientas para el análisis integral de cada caso.
También incursionó en delitos de instancia privada, un campo que describió como frecuente y complejo. “Empecé a hacer lugar del hecho y luego me formé bastante en delitos de instancia privada, que lamentablemente son muy frecuentes”, indicó. Ya en su actual función, reconoció que continúa en proceso de adaptación: “Todavía estoy tratando de adaptarme, porque esto es un proceso”.
El cambio implicó además un impacto personal significativo. “Con un dolor en el alma muy grande, porque esto es mucho sufrimiento para las personas que más amo. Mi familia no se trasladó. Mi mujer y mi hijo no están aquí hoy, pero siempre con el deseo intacto de que volvamos a ser uno”, expresó.
En cuanto al ámbito laboral, destacó la dinámica colectiva. “Es un trabajo que requiere mucho conjunto. Hay una interconexión constante con fiscales, Policía, especialistas. Cada uno, desde su lugar, aporta un granito de arena para lograr el objetivo final, que es la búsqueda real de lo que pudo haber pasado”, sostuvo.
Sobre el desafío profesional, fue claro: “Es un gran desafío. La circunscripción es muy grande, abarca San Francisco, Morteros, Arroyito y Las Varillas”. Aun así, remarcó que sus expectativas son positivas: “Son buenas las expectativas. Me estoy sintiendo cómodo”.
En su recorrido, la figura de su antecesor ocupa un lugar central. “Vignolo es referente. Es un gran maestro, yo una vez le dije a él en un congreso, ‘para mí usted es Messi’, para hacer una analogía, creo que mucho tiene que ver con él, que yo esté hoy aquí”, recordó. Y agregó: “Fue una inspiración para mí”.
A la hora de definir su rol frente a la sociedad, eligió la humildad y el compromiso: “Nuestro trabajo puede cambiar la historia de un caso. Yo no vengo a reemplazar a nadie, jamás le podría llegar ni a los talones al doctor Vignolo. Pero sí puedo decir que voy a dar siempre lo mejor de mí”. En ese sentido, Gilardi consideró que la medicina tiene un componente vocacional profundo: “Ser médico es una suerte de sacerdocio”.
También subrayó la dimensión humana de su tarea. “En mí siempre van a encontrar una mano, un abrazo, un hombro donde llorar o donde contar historias desde la comprensión”, expresó, en relación con el vínculo que establece con las personas atravesadas por situaciones límite.
El impacto emocional de los casos es una realidad que no esquiva. “Decir que a un médico forense no lo marcan los casos, sería mentir”, aseguró. Y profundizó: “Hay casos que me han marcado a fuego, especialmente cuando hay niños involucrados. Me han costado lágrimas enormes”.
Frente a ese escenario, identifica a la pasión como el motor indispensable. “Si no hay pasión, si a un forense no lo mueve la pasión, no creo que otra cosa lo pueda mover”, afirmó. Para él, esa pasión es también una forma de sostén frente a lo más difícil: “Ese fuego sagrado es lo que te protege ante las cosas más tremendas”.
En esa misma línea, destacó que su trabajo no termina en el análisis técnico, sino que también busca aportar respuestas. “La humanidad también tiene que ver con los que quedan, con poder dar una probable respuesta ante semejante desolación”, señaló.
Entre las habilidades esenciales para la medicina forense, hay una que considera fundamental por encima de todas: la observación. “La observación es la madre de la investigación”, aseveró con énfasis. Y desarrolló su idea con una frase que resume su método de trabajo: “Yo soy un forense que observo, observo, observo, callo, observo, y tal vez hablo. Pero siempre, siempre, siempre la observación. Porque es la madre de la ciencia forense, es la madre de la investigación”.
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Lejos de una mirada apresurada, insiste en la necesidad de revisar cada detalle. “A veces es necesario re-observar, re-observar de lo general a lo particular... volver, caminar sobre lo caminado”, contó, subrayando la importancia de la paciencia, la rigurosidad y la profundidad en cada intervención.
Así, entre la técnica, la sensibilidad y el compromiso, Gilardi construye su identidad profesional en un campo donde cada conclusión puede ser determinante. En su visión, ser médico forense implica mucho más que analizar cuerpos: significa escuchar lo que no siempre es evidente y sostener la búsqueda de la verdad.
