Cultivando esperanza
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Argentina autorizó el autocultivo de cannabis para fines medicinales y marcó un hito en la lucha de miles de personas por un acceso más libre a un producto que puede mejorarle la vida a sus seres queridos. LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con un padre sanfrancisqueño que produce su propio aceite para tratar a su hija con parálisis cerebral.
Por Gabriel Moyano
El intercambio de mensajes con Martín se prolongó por horas: comenzó un jueves y terminó un viernes. Es que el afán periodístico por concertar la nota sobre el tema del día (o de la semana) se contraponían al recelo del protagonista. Luego de un tire y afloje se llegó a un acuerdo: nada de fotos ni filmaciones, ni aportar datos de su ubicación y la charla sería libre.
Martín no es un delincuente. Es un padre que cultiva cannabis para obtener aceite y darle a su hija una mejor calidad de vida. Pero, por más que exista una ley que contempla el uso medicinal de la planta, hasta este jueves no había un marco reglamentario que le dé tranquilidad. Ahora, ve una luz de esperanza y se ilusiona con poder seguir haciendo lo que hace con mayor libertad.
Desconfía de la policía, sí, porque "primero te revientan y después te preguntan para qué usás la planta". Pero mayor temor le tiene a los "cogolleros", pibes que saltan tapiales y se roban el cultivo para consumo propio.
El jueves, el país amaneció con la noticia de que un decreto firmado por el presidente le daba un nuevo marco regulatorio a la ley 27.350. Básicamente amplía el acceso al aceite del cannabis para uso medicinal y terapéutico que antes solo estaba reservado a pacientes con epilepsia refractaria a cualquier otra patología cuyos efectos puedan tratarse con el producto obtenido de esta planta. Además, contempla la posibilidad del autocultivo para uno mismo, para familiares o terceros (cultivador solidario).
Esto abre una esperanza muy grande para agrupaciones que vienen luchando hace años por un acceso más justo a esta medicina natural como lo es Mamá Cultiva, una asociación de madres que busca una mejor calidad de vida para sus hijos.
Pero Martín todavía no canta victoria y por eso los recaudos a la hora de dar la nota. Sin embargo, al abrir las puertas de su casa, el recelo se disuelve y la charla fluye.
"Ahí están mis pequeñas", dice al pasar señalando 4 macetas con plantitas que fueron sembradas en septiembre y están tomando sus primeros rayos de sol. En marzo podrá cosechar y de los cogollos obtenidos hacer aceite para un año.
Como muchos (la mayoría), Martín fue aprendiendo de prueba y error, de leer y mirar videos, de participar de grupos y consultar. Resulta ser que la comunidad de cultivadores es solidaria y gusta de compartir conocimientos.
Su primer contacto con la planta fue de joven, en sus inicios como fumador recreativo. Se interesó por ella y comenzó a cultivarla, pero -como le pasa a casi todos- en su primer intento le salieron especímenes machos que no sirven ni para fumar ni para crear aceite.
El segundo intento fue exitoso y desde entonces todos los años lleva a cabo el mismo ritual. "Yo siempre fui un fumador social, no soy de fumar mucho, por mi profesión no estaría bien que lo haga. Lo tomo más como un relax, como quien se destapa una cervecita un viernes a la tarde", cuenta en el patio de su casa.
El interés por la planta despertó la curiosidad por sus cualidades medicinales. Y cuando nació su hija con parálisis cerebral, le dedicó todas sus energías a aprender a extraer el aceite. "Mi cabeza hizo un click. Ella tiene que tomar diazepam, que es un derivado del clonazepam. Mi idea siempre fue que lo químico, lo sintético, cuanto más lejos mejor. Más en ella que es tan chiquita. Estas drogas producen mucha adicción y nunca me gustó", asegura.
Un amigo le dio su primer frasquito de aceite para que probara. Primero lo testeó él mismo para conocer qué efecto producía: "Cuando vi que no me hacía nada raro, que no era como fumarse un porro, me animé a dárselo a ella".
Lo primero que notaron es que el aceite combinado con el diazepam producía que el efecto esperado del relajamiento muscular fuera demasiado acentuado. Entonces la búsqueda se centró en aumentar la dosis de aceite y reducir la del medicamento para encontrar el equilibrio justo.
Fue un constante aprendizaje: "Empecé a investigar y supe que hay flores que relajan, otras que abren el apetito, otras que calman el dolor. Fui probando siempre primero en mí porque siempre tuve un poco de miedo de lo que le pudiera pasar a ella".
Un paso clave hacia este nuevo tratamiento fue exponerle la situación a personal de la medicina tradicional. Primero se lo dijo a la kinesióloga y luego a la pediatra, quien tuvo sus reparos. "Finalmente vio que yo le había podido reducir mucho la dosis de la pastilla y que mi hija no había avanzado en su espasticidad (contracción muscular), así que no me lo recomendó pero tampoco me lo prohibió", recuerda.
Hoy por hoy sigue intentando dar con la receta justa para retirarle la medicación por completo. Con la nueva regulación ve una luz de esperanza ya que el nuevo decreto alienta la investigación científica sobre las propiedades medicinales del cannabis.
"Creo que de cierta manera esto me va a ayudar, para que yo no siga estando solo como un loquito experimentador sino que haya un estudio médico o científico que me diga 'la cosa va por acá'", se ilusiona.
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Hace siglos que el cannabis está estrechamente relacionado con los tratamientos medicinales y también con prácticas religiosas. De hecho, su prohibición es relativamente nueva si la comparamos con los siglos en los que fue social y culturalmente aceptado.
Si existe una filosofía alrededor de la planta es que a lo natural hay que valorarlo y compartirlo. Pero desde que Estados Unidos lo puso al mismo nivel que otras drogas peligrosas como cocaína y heroína y le declaró la guerra, no hizo más que llevar a la planta a un lugar oscuro y de cierta manera promover el narcotráfico.
Hoy la historia está cambiando y en el mismo país del norte el cannabis ya es legal en todos sus usos. Aquí, la gente que lucha por conseguir lo mismo, comparte sus bondades con un profundo sentido de solidaridad.
"Conocí a muchas personas con otras patologías, que me comentaban su situación. Entonces yo les daba para que prueben y les decía 'si te hace bien, después vemos cómo seguimos, cómo lo conseguimos o lo hacemos juntos'. Entonces hoy tengo a tres o cuatro personas grandes a las cuales yo les proveo plantines, ellas las cuidan en sus casas y cuando llega la época cosechamos, hacemos el proceso del aceite y cada uno se lleva el aceite a su casa para todo el año. Incluso algunas de esas personas ya lo hacen por cuenta propia porque aprendieron. Por la práctica sé qué flor le va a cada patología y de esa manera he logrado ayudar a otras personas fuera de mi ámbito familiar", cuenta Martín detallando que las enfermedades con las que le tocó lidiar fueron fibromialgia, artritis y principio de Alzheimer, entre otras.
De esa relación surgió una amistad y Martín cuenta que varias de estas personas le confesaron que toda su vida habían tenido prejuicios contra la marihuana. Por cuestiones sociales, morales y hasta religiosas la consideraban como "algo del demonio".
Pero él cree que las personas mayores son las más propensas a cambiar de opinión: "Vienen renegando hace rato con los medicamentos, ya probaron de todo y cuando llegan al aceite y ven que les hace bien, no piensan mucho de dónde viene. Creo que hay una franja de menor edad que es la más reticente a aceptar las propiedades del cannabis por una cuestión social. Pero en muchos casos si les abrís el botiquín tienen un arsenal de drogas mucho más adictivas".
A medida que Martín iba adquiriendo conocimientos sobre la producción del aceite, a la vez iba mirando de reojo qué pasaba judicialmente en la lucha por su legalización. "Cuando la ley salió en 2017 parecía algo bueno pero al leer la letra chica veías que seguía siendo más de lo mismo, con las farmacéuticas manejando todo. Era una ley que salía desde el negocio y no desde la salud. Lo que salió ahora sí se ve desde la salud porque se amplía un montón y contempla también el autocultivo", comenta.
"No se trata de endiosar a la planta, yo a mi hija no la voy a poder curar con el aceite, pero sí darle una mejor calidad de vida. Eso es importantísimo. En algunos casos lo es todo".
El interés por conocer el marco jurídico alrededor del cannabis no es algo meramente didáctico: Martín siente que tiene que saber lo que pasa porque hasta ahora se estuvo moviendo en la ilegalidad. "Ahora tengo un cierto aval. Desde los médicos, por ejemplo, quienes pueden certificar que mi hija necesita este aceite para estar mejor", explica.
Este papá que dedicó gran parte de su tiempo a encontrar la manera de aliviar los problemas de salud de su hija ve con esperanza la nueva actualidad. "Uno ve a las Mamá Cultiva y sabe que no son mujeres que se relacionan con la planta para crear algo malo, para sacar provecho del narcotráfico. Lo hacen porque la necesitan para sus hijos. Que ahora puedan acceder con mayor libertad, sin tener que pagar precios en dólares, es buenísimo. La ampliación de derechos de salud es enorme", asegura.
Martín destaca la figura del cultivador solidario contemplada en la nueva reglamentación. Se trata de personas que se registrarán para tener un permiso para cultivar cannabis para beneficiar a terceros. Hoy, con la falta de estudios e investigación científica oficial, estos cultivadores son quizás los más expertos en la materia que se pueda encontrar y su conocimiento podrá aportar a que haya un mayor control de calidad en la producción del aceite.
"En la Argentina hay muchos y muchos estuvieron presos, les generaron causas. Incluso hoy debe haber algunos privados de la libertad. Acá en San Francisco hay pibes de 20 o 22 años que conocen la planta como si fuesen científicos del Conicet. Sería buenísimo que el día de mañana se puedan generar clubes de cultivo para que la gente que sabe esté metida ahí y le aporte a la sociedad algo que sería muy beneficioso", considera.
El jueves, cuando se despertó con la noticia del decreto de Fernández, Martín cuenta que sintió "primero sorpresa y después como un cierto alivio a nivel personal: ahora sé que si viene la policía y me revienta la casa tengo un aval legal, porque lo hago para mi hija y no para vender. También me pone muy contento que se van a generar estudios científicos, que va a haber avances en materia de salud y de ampliación de derechos, que es algo muy importante para nuestra sociedad".
