Cuatro pasajes e historias ocultas de la ciudad
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Pioneros del vecinalismo, un ruso adoptado por la ciudad, docentes y una calle con forma de herradura son algunos datos poco conocidos de estas arterias.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Muchas veces cuando las personas dicen el nombre de su calle se quedan pensando en el porqué de esa denominación lo cual no necesariamente es proporcional a la búsqueda efectiva de esas razones. Cierto es que en las localidades muchos aluden o son homenajes a hechos y personalidades destacadas del entorno, pero que no siempre son recordadas sobre todo por el paso del tiempo y las generaciones.
En San Francisco algunos pasajes nos muestran un nombre en los nomencladores, pero poco se sabe de esas personas, ellos son testigos de una época y una historia que son importantes por constituir bases para la idiosincrasia de los residentes del lugar.
En barrio Independencia por ejemplo se recuerda a don Bartolo Baudino uno de los hombres que fueron pioneros de la actividad de los vecinalistas en la ciudad, a Victorio Elkin el médico nacido en Rusia y célebre médico o al primer director de un instituto educativo, Vicente Salerni, ambos "compañeros" de barrio San Francisco.
Es normal que haya espacios que rememoren hechos importantes de la historia nacional y conocidos por las personas, sin embargo, no pasa lo mismo con sus historias las cuales se esconden detrás de las denominaciones de ciertas calles o, en este caso, de diferentes pasajes.

Olguín se distingue por tener forma de herradura.
Un pasaje con forma de herradura
Barrio La Milka tiene muchos pasajes y recovecos y en uno de esos caminos se abrió una calle, definida por la municipalidad como pasaje a la cual se impuso el nombre de Dr. Carlos Horacio Olguín. La arteria está encerrada entre cuatro calles que protegen a "la herradura", (Liniers, Olegario Andrade, Antártida Argentina y Juan Díaz de Solís).
Olguín vivió entre 1890 y 1971, su nacimiento está asentado en Río Cuarto, pero llegó a San Francisco para ejercer como juez de paz. El hombre fue doctor en leyes además de magistrado y se desenvolvió en el ámbito educacional en la Escuela Normal Dr. Nicolás Avellaneda.
Después de trabajar como juez de Paz decidió renunciar para incursionar en la política y se postuló a diputado provincial por la Unión Cívica Radical, aunque su paso por este ámbito fue breve se lo recuerda por haber sido comisionado municipal entre 1945 y el año siguiente, además de haber sido presidente del Concejo Deliberante.
Asimismo, como profesional del derecho presidió en diferentes ocasiones el Colegio de Abogados de nuestra circunscripción y entre sus actividades ligadas a lo social se destacó porque inició los Juegos Florales de 1936, una iniciativa cultural desaparecida.

Baudino fue pavimentada en el plan desarrollado por la municipalidad poco tiempo atrás, incluso ahora tiene una pequeña rotonda.
Don Bartolo, el vecino de todos
En barrio Independencia casi escondido entre las calles Chubut y Carlos Boero Romano se encuentra el Pasaje Bartolo Baudino que fue denominado así en el año 1997 cuando Jorge Buco era intendente, de acuerdo a lo documentado por el fallecido historiador José Alberto Navarro.
La imposición de nombre fue avalada por el Concejo Deliberante en aquel año bajo la ordenanza N° 4402 recordando así al hombre nacido en 1912 y fallecido en 1991 quien era empresario y tenía una apasionada faceta como vecinalista.
Baudino es recordado por ser cofundador y primer presidente de la Federación de Centros Vecinales, entidad que llegó a presidir por apoyo de sus compañeros en diferentes períodos, bajo su dirección se formaron distintas sedes barriales que hoy dan identidad a una forma organizada de los residentes de los sectores para solucionar problemas del lugar donde viven.
De esta forma se puede recordar que fue miembro fundador y tesorero después del Centro Vecinal de barrio Roca a lo largo de tres décadas; impulsó la creación de las sedes de barrio Vélez Sarsfield, San Cayetano, Belgrano (denominado en la actualidad como José Hernández) y uno en la localidad de Devoto.
Se convirtió en impulsor y fundador cuando corría 1966 de la actual Guardería Arturo Taglioretti que ahora es administrada por el municipio.
En 1973 se postuló a las elecciones para competir por la intendencia obteniendo la segunda colocación en una victoria adjudicada por el peronismo, sin embargo, los votos le valieron la posibilidad de ser concejal un cargo que desempeñó hasta 1976 cuando se consumó el golpe de Estado.
Su actividad lo vinculó con la comisión asesora de pavimento y desagües, pro cárcel de encausados, para la creación del Instituto Provincial de Educación Agropecuaria N° 14 (hoy IPEA) y en la Comisión Defensa de Agua Potable que llevó a la construcción del segundo acueducto Villa María - San Francisco.
El club de Abuelos lleva su nombre debido a que fue uno de los que promovió su creación en la ciudad.

Elkin desemboca en el Hospital Iturraspe donde el médico de origen ruso trabajó más de 40 años.
Un ruso experto en medicina
No muchas personas jóvenes deben saber que el nombre Victorio Elkin cuyo pasaje se encuentra en barrio San Francisco rememora a un ciudadano ruso - argentino que se radicó en la ciudad y que según contaban sus allegados en realidad quiso hacerlo en Rafaela, pero algo le llamó la atención de estas tierras.
Elkin fue un médico que durante muchos años trabajó al servicio y crecimiento del Hospital J.B. Iturraspe y su nombre está a la par en la escala de valores junto con Enrique J. Carrá y Tomás Areta, piedras basales de la medicina local. Esta labor la llevó adelante durante más de 40 años, en especial, en la cirugía de hombres, pero también se involucró en el área de pediatría, ginecología, y clínica. En otro momento de su vida formó parte de los impulsores del actual Sanatorio y Clínica San Justo e integró el Circuito de Ciencias Médicas de la ciudad.
Se lo describía entre colegas como un apasionado y profundo conocedor del folclore y también debe recalcarse que presidió el Jockey Club y el Club Unión Social.

El ángulo donde Las Malvinas y Pasaje Slerni hacen esquina.
Un maestro italiano privado
A Vicente Salerni se lo recuerda por su particular pedagogía más que por ser pionero en tener un centro de enseñanza privada en la ciudad. El hombre cuyo pasaje le fue adjudicado en 1955 a través de la ordenanza N° 771 fue descripto por el doctor Joaquín G. Martínez - que fue estudiante allí - como un severo disciplinador a la hora de impartir clases.
Salerni fue director y propietario del Instituto Ítalo Argentino entre finales del 1800 y las primeras décadas del 1900. Las clases abarcaban contenidos del nivel primario, preparatorio a la educación superior y comercial e incluso algunos se instalaron como pupilos.
Su propuesta fue replicada por dos maestros que trabajaron allí creando años después el Instituto Hispano Argentino, por ejemplo. La propuesta de Salerni fue novedosa e importante para la ciudad que se estaba forjando así misma en ese entonces y simbolizó uno de los primeros avances en materia educacional, en este caso, bajo la enseñanza privada.
Navarro cita que respecto de Salerni había ciertos resquemores por la eficacia pedagógica y severidad de medidas disciplinarias de la cual se cuenta con el testimonio del doctor Joaquín G. Martínez que fue alumno del Instituto. Sin embargo, esa presencia abrió paso a otros colegios privados como el Instituto Hispano Argentino.
