Análisis
Cuarteto: patrimonio de la humanidad
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Que el cuarteto pase a integrar el patrimonio intangible de la humanidad es una oportunidad histórica para consolidar a Córdoba como atractivo turístico. Porque la provincia no solo ofrece paisajes y sitios encantadores, sino una identidad cultural propia, en la que el cuarteto agrega desde hace décadas un valor que se reafirma en cada encuentro donde suena su música.
Cuando se habla de Córdoba, algunos rasgos característicos asoman siempre. Entre ellos, el género musical característico de la provincia: el cuarteto. Una manifestación artística que ha dejado de ser un hecho arraigado en la identidad cordobesa para convertirse, hace poco, en patrimonio intangible y simbólico de la humanidad.
En efecto, la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es el colofón de una tarea comenzada hace algunos años por funcionarios de la municipalidad de la capital cordobesa. Es una distinción singular. Y un reconocimiento a una manera de vivir la música que primero fue marginal, para luego convertirse en un fenómeno de masas en nuestra provincia.
La Argentina posee ahora tres ritmos musicales declarados patrimonio de la humanidad. En 2009 el tango recibió la misma distinción, como una expresión cultural que encarna la diversidad cultural y es un símbolo de identidad para los habitantes de la región del Río de la Plata. Esta distinción fue compartida con Uruguay. En 2020, le tocó el reconocimiento al chamamé, un ritmo que trasciende la música para convertirse en el símbolo de un modo de vivir. Su influencia se extiende por Paraguay, el sur de Brasil y gran parte de la Mesopotamia.
En virtud de estas características, el fenómeno social y cultural del cuarteto define la identidad cordobesa. Y si bien ha trascendido las fronteras de la provincia, no comparte orígenes con países vecinos, lo que agiganta el significado de la distinción. De aquella fusión de pasodoble y tarantela que dio origen al “tunga – tunga” en el piano de Leonor Marzano del Cuarteto Leo hasta este presente plagado de figuras convocantes en cientos de centros bailables y festivales, fue siempre sinónimo de alegría y vitalidad.
Pero no solo es entretenimiento. Puede afirmarse que es un latido colectivo que acompaña a los cordobeses en cada celebración. Se afirma también que el cuarteto representa la capacidad de transformar la adversidad en regocijo, en una forma de sentir y emocionarse que ahora pasa a formar parte del amplio patrimonio del mundo entero.
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Un medio colega de la provincia de San Juan, al celebrar la declaración que hizo la Unesco, afirmó que se ratifica que “el cuarteto es mucho más que música. Es alegría compartida. Es familia y baile. Es identidad que se transmite sin necesidad de palabras. Es cultura viva, hecha de abrazos, de pasos, de estrofas, de energía que levanta el ánimo aun cuando la vida se presenta difícil”.
Finalmente, que esta música pase a formar parte del listado del patrimonio intangible de la humanidad es una oportunidad histórica para que la provincia se consolide como atractivo turístico. Porque Córdoba no solo tiene paisajes bellísimos y sitios encantadores para visitar. Posee una identidad cultural propia en la que ingresó el cuarteto hace ya varias décadas para agregar valor a la declaración de principios orgullosa que, en esta tierra, hacemos en cada reunión en la que suena esa música. Porque basta escuchar los primeros acordes para vibrar, exclamar y sentir que “soy cordobés”.
