Cres: más cerca del edificio propio
En tiempos en los que el país debate innumerables temáticas y no se alcanzan consensos, en San Francisco se coincide en un asunto central para el futuro de nuestras comunidades: la calidad educativa no se negocia en ningún nivel.
"Mucho se ha logrado en diez años, sin duda. Si no existen decisiones extemporáneas, la impronta del Centro Regional de Educación Superior seguirá marcando la vida educativa de la ciudad en el futuro cercano. Por ello, la necesidad del edificio propio se hace impostergable. El terreno ya existe. Fue cedido por la municipalidad. Es hora de comenzar a plasmar el deseo de esa comunidad para corporizar en un inmueble moderno lo que ya es un hecho tangible en materia de educación superior".
El párrafo anterior se publicó en esta columna en mayo de este año, cuando se hizo alusión a la primera década de vida de esta casa de altos estudios en nuestra ciudad. Varios meses después, la propuesta periodística se va corporizando. La educación de San Francisco y la región celebra el anuncio de que el edificio propio del Cres comenzará a construirse en 2023, en un terreno ubicado en la esquina de Belgrano y Honduras.
El anuncio se hizo en el acto conmemorativo de los diez años del Centro Regional de Educación Superior en el que estuvieron presentes autoridades provinciales, municipales y educativas y que fue ocasión propicia para celebrar una década de funcionamiento de una propuesta universitaria que ha ayudado a consolidar a nuestra ciudad como polo educativo de una amplia zona de influencia.
La importancia del Cres fue destacada en la conmemoración por su coordinador, Germán Fassetta, quien resaltó un número especial. Más de tres mil estudiantes pasaron durante este tiempo por las distintas carreras de grado y posgrado que se fueron dictando. Y brindó un dato de suma importancia: el 85 por ciento de los egresados fueron los primeros en sus familias en tener un título universitario.
En verdad, este porcentaje revela con claridad la trascendencia social de una propuesta universitaria que permitió a cientos de familias brindar a sus hijos una oportunidad que, sin ella, hubiese sido muy difícil de cristalizar. En tiempos en los que el país debate, de modo estéril en muchos casos, innumerables temáticas y no se alcanzan consensos, en esta parte de la geografía nacional se coincide en un asunto central para el futuro de nuestras comunidades: la calidad educativa no se negocia en ningún nivel. Tampoco en el universitario, donde el Cres ha forjado una trayectoria singular, exitosa y merecedora de reconocimiento.
El vasco Fernando Aramburu, en su libro "Las letras entornadas", refirió aspectos de su propio proceso educativo y sus estudios superiores. Escribió que, "democracia mediante, los hijos de los trabajadores habíamos asistido a la escuela obligatoria, incluso asistíamos algunos a la universidad; sabíamos y podíamos expresarnos; accedíamos sin intermediarios a los bienes culturales y no aceptábamos la tutela ideológica ni estética de nadie".
Bien puede esta descripción adosarse a lo ya conseguido por el Centro Regional de Educación Superior. Su crecimiento y su prestigio se verán, sin dudas, favorecidos con la concreción de un anhelo ferviente de esa comunidad educativa: su propio edificio.
