Crearon un registro para regular el cirujeo en el relleno sanitario
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El basural de la ciudad presenta una realidad desoladora. Diariamente muchas personas encuentran allí no sólo una forma de vida, sino que además, la comida del día. Crónica de un día de cirujeo.
Una medida tomada por el municipio busca evitar un conflicto que asomó a partir de que en los últimos días, un grupo de 30 cartoneros y cirujas manifestaran que desde el lunes, ya no los dejaban ingresar al predio del exrelleno sanitario, lugar en el que hoy-cuando se agrava la situación económico social, no solo en nuestra ciudad-, hallan su medio de subsistencia, porque juntar deshechos para luego reciclar y también comida, es el único ingreso en su hogar; es su "trabajo".
Las autoridades municipales anunciaron un sistema de regularización de la actividad mediante una suerte de censo de las personas que acuden a ese basural a cielo abierto, ubicado a 12 kilómetros de San Francisco.
Una vez identificadas e inscriptas en un registro, podrán regresar al predio para continuar con lo que hacían hasta ahora y que los ayudaba a mantener su familia.
Días atrás, antes de conocerse esta noticia, LA VOZ DE SAN JUSTO recogió el testimonio de los protagonistas de una historia que desnuda una cruel realidad, que habla de vulnerabilidades, de carencias, de falta de oportunidades, aunque paradójicamente, ellos hallen la oportunidad en ese mar de basura.
¿Será esta medida el primer paso para una cooperativa? De no serlo, al menos podría ser el puntapié para un tratamiento integral de la basura; un paso significativo que pondría a la ciudad en el rumbo que perdió hace más de una década, cuando el relleno sanitario dejó de cumplir su función y se transformó, por impericia entre otras causas, en un basural que indigna.
Vivir de lo que otros tiran
Son como olas eternas. De alas blancas, que suben y bajan constantemente, como si ese mar estaría revuelto. Las gaviotas, su vuelo, embellecen la postal. No se detienen nunca, salvo cuando sus ojos detectan algo entre todo lo que hay debajo de ellos, lo que subyace en su vuelo matinal.
El exrelleno sanitario de San Francisco es a primera vista -y también a la distancia-, eso: gaviotas, basura y montañas de tierra que tapan más basura. Cuando te acercás, el cuadro suma camiones y más personas.
Es jueves por la mañana, apenas pasadas las 9, y entre las gaviotas y las bolsas desechas y las trastos apilados uniformemente hasta el horizonte, aparecen hombres y mujeres, con la cabeza siempre mirando hacia abajo, la espalda arqueada y las manos metidas entre lo que otros tiran.
No hay distinción de sexo, ni de edad, hay si una marca que los aúna: viven de lo que allí encuentran.
Hay veces que cuando el camión de Ashira o el vehículo municipal que transporta inertes o de alguna empresa privada de contendores, vuelca su contenido sobre la tierra, aparecen cosas, otros días no. Otros días no hubo "tesoros": ni aluminio, ni cobre, ni bronce, a caso algo que se pueda vender como chatarra en alguna chacharita; acaso algún mueble, una estantería.
Como el andar de la bandada de gaviotas, la cantidad de gente que vive de la basura fluctúa según los días y las épocas del año.
Es jueves y LA VOZ DE SAN JUSTO cuenta 15, que al principio estas desperdigados por el terreno y cuando son después de las 10, cuando el grueso de los camiones de basura finaliza su recorrido ahí, justo ahí, se garrapiñan todos en torno a esa ducha tosca, mecánica que riega basura.
Según comentan los propios cirujas -así se autodefinen- los sábados son los días que más gente se encuentra. Las mujeres, los sábados igualan a los hombres que día a día recorren el predio de ese basural.
"Hace cuatro años que vengo. Todos los días. En un momento, no nos dejaban entrar y fuimos a hacer un reclamos al Palacio Tampieri pidiendo trabajo y nos volvieron a abrir las puertas", contaba esa mañana uno de los cirujas más entrado en años.
El camión del súper
"Es muy triste ver cuando llega el camión que viene de un supermercado", le comenta a LA VOZ DE SAN JUSTO un empleado del relleno sanitario. El camión del súper trae desechos sí, pero también trae comida., que sirve para llevarse a casa, como el cobre, el bronce o la ropa.
La gente come de la basura, rasquetea bolsas con sobras de alimentos.
Algo similar sucede con la vestimenta. Los asiduos visitantes de ese sitio de olores nauseabundos hallan allí ropa para ellos y para sus hijos. Queda la sensación de que esa ropa que están usando ahora todos, salió de ese monte de residuos.
"Es muy triste ver cuando llega el camión que viene de un supermercado", le comenta a LA VOZ DE SAN JUSTO un empleado del relleno sanitario. El camión del súper trae desechos sí, pero también trae comida., que sirve para llevarse a casa, como el cobre, el bronce o la ropa.
La idea de la planta recicladora
Buscan trabajo. La mayoría los que están revolviendo basura confiesan a este diario no quieren estar allí. Han pasado gobiernos, campañas, promesas... y ellos siguen ahí. Como las gaviotas.
Uno de los muchachos nos dice que estaría bueno formar una cooperativa de trabajo para la gente que recurre al relleno de domingo a domingo para subsistir.
La firma de un acuerdo marco entre la municipalidad y el gobierno de la Nación para el financiamiento de la instalación de una planta de reciclado de residuos sólidos urbanos en el exrelleno se había constituido en una de las novedades más significativas a fines de 2012. Pero no hubo grandes avance luego respecto a esta obra, la que, de concretarse, pondría en marcha una modificación trascendente en el tratamiento de los residuos que se originan en nuestra ciudad y comenzaría a ponerse punto final a una situación triste y degradante que viene de años y de una administración anterior cuya nula política ambiental derivó en que lo que era un predio de relleno sanitario se convirtiese en un basural a cielo abierto, con los consabidos trastornos que esto genera para el ambiente y la salud de las personas.
Como las gaviotas
Los camiones siguen entrando, descargando y saliendo del predio. Los cirujas siguen sumergidos entre el mar de bolsas. Uno tiene un secarropa todo aplastado que para algo servirá; otro encontró unas zapatillas; otro, una mochila. No es lo mismo que antes afirman: "De un tiempo a esta parte, llega muy poco, hay que rasquetear mucho para encontrar algo que sirva para vender o llevarse a casa".
Hay una diferencia entre las gaviotas y los cirujas. Las aves escarban por su animal condición de carroñeras; los cirujas carroñean lo que allí se deja para 'bancar' el plato de comida, por dignidad.
Cuando nos vamos, la postal tiene gaviotas, camiones que entran y salen, una jauría de perros que juegan con la topadora y gente, demasiada gente buscando dignidad entre la basura. Casi la misma cantidad que gaviotas.
