Santa Fe
Corrupción con uniforme: una condena que vuelve a exponer las sombras policiales de Frontera
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La condena a 10 años de prisión contra la exjefa de la Comisaría 6ª, María Silvina Asís, reabrió una vieja herida en la vecina ciudad que, atravesada por el narcotráfico y la violencia, suma otro caso de corrupción institucional que se incorpora a una larga secuencia de escándalos policiales.
La historia reciente de Frontera vuelve a quedar atravesada por una condena judicial que excede a una funcionaria policial y obliga a mirar más profundo. La sentencia de diez años de prisión impuesta a la exjefa de la Comisaría 6ª, María Silvina Asís, no sólo representa el desenlace de una investigación por corrupción institucional, sino que reactualiza una pregunta que desde hace años acompaña a la ciudad del oeste santafesino: hasta qué punto algunos sectores de las fuerzas de seguridad formaron parte de las mismas tramas delictivas que debían combatir.
Frontera se convirtió en una referencia habitual de las crónicas policiales. Con alrededor de 10.000 habitantes, la ciudad aparece vinculada a hechos de violencia armada, conflictos asociados al narcotráfico y disputas territoriales. Aunque las autoridades destacan una disminución de los homicidios durante el último año, la problemática de la seguridad continúa ocupando un lugar central.
Su ubicación geográfica explica parte del fenómeno. Situada en el límite entre Santa Fe y Córdoba y conectada por corredores estratégicos como las rutas nacionales 19 y 34, además de numerosos caminos rurales, Frontera constituye un punto de circulación y distribución de drogas. La captura de Héctor Argentino Gallardo, alias “el Patrón”, señalado como líder de una organización criminal que operaba entre ambas provincias, en los últimos meses volvió a colocar a la ciudad en el centro de la agenda pública.
Sin embargo, esta vez la noticia no surgió de una banda narco ni de un hecho de violencia callejera, sino desde el interior de la propia institución policial.
El pasado jueves, la jueza Cecilia Álamo condenó a María Silvina Asís a una década de prisión efectiva e impuso además una inhabilitación de 20 años para ejercer funciones policiales. El fallo se conoció tras un juicio oral realizado en Rafaela y coincidió con la acusación impulsada por la fiscal Fabiana Bertero, integrante de la Sección Violencia y Corrupción Institucional de la Fiscalía Regional 5.
La investigación estableció que entre septiembre de 2020 y febrero de 2022 la exjefa policial integró una asociación ilícita conformada por efectivos de la fuerza. Según la acusación, el grupo utilizaba recursos estatales y atribuciones propias de la función policial para cometer delitos.
Para la Fiscalía, Asís ocupó un rol de liderazgo junto al entonces jefe de Zona de Inspección, Gastón Ezequiel Eletti, quien ya había sido condenado en la misma causa mediante un juicio abreviado.
Entre las maniobras investigadas aparecieron actas con información falsa, omisión de informar hechos a los fiscales de turno, custodias irregulares y la obtención de beneficios económicos mediante dádivas. El expediente también incluyó episodios concretos que, según la Justicia, demostraron el abuso de autoridad.
Uno de ellos ocurrió el 21 de septiembre de 2020, cuando un periodista que cubría incidentes frente a la dependencia policial fue detenido ilegalmente y se confeccionó un acta con contenido falso. Otro hecho se registró en noviembre de 2021, cuando se incorporaron declaraciones apócrifas al libro de guardia y un adolescente fue privado ilegítimamente de la libertad durante varias horas.
La condena incluyó los delitos de asociación ilícita agravada en calidad de jefa, privación ilegítima de la libertad, falsedad ideológica, encubrimiento agravado y secuestro coactivo agravado por la condición de funcionaria pública.
Los antecedentes de una historia repetida
El caso Asís no constituye un episodio aislado en Frontera. Diez años antes, otro proceso judicial ya había colocado a la policía local bajo la lupa.
En 2016, el excomisario Carlos Alberto Flores fue condenado a seis años de prisión por distintos delitos cometidos durante 2014. Entre ellos sobresalió el caso del “crucificado”, el joven Víctor Robledo, quien apareció atado con cintas a una cruz de madera del lado de San Francisco junto a un cartel que decía “No robarás”.
Robledo denunció haber sido golpeado por policías santafesinos antes de ser abandonado en esas condiciones. Flores fue condenado por lesiones gravísimas agravadas, privación abusiva de la libertad, severidades, vejaciones y apremios ilegales.
Aquella causa había generado una fuerte conmoción social y se transformó en uno de los antecedentes más graves de violencia institucional vinculados a la fuerza santafesina en la región.
Hoy, la nueva condena vuelve a colocar a Frontera frente a una realidad incómoda. En una ciudad marcada por el avance del narcotráfico y la violencia, los expedientes judiciales muestran que parte de las respuestas estatales también quedaron bajo sospecha.
Las investigaciones, las escuchas telefónicas, los testimonios y las pruebas reunidas en la causa contra Asís expusieron una estructura que, según la Justicia, utilizó la autoridad policial para cometer delitos. El fallo no sólo sanciona conductas individuales: también reabre el debate sobre los mecanismos de control interno y la capacidad del Estado para evitar que quienes deben garantizar la seguridad terminen integrando organizaciones delictivas.
En Frontera, donde la violencia suele ocupar los titulares, la corrupción policial volvió a convertirse en noticia.
