“Conociendo lo que tenemos, vamos a empezar a proteger”: las aves que sorprenden en San Francisco
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En la Planta Depuradora de Líquidos Cloacales se registraron 69 especies durante una jornada de avistaje. Patos, tijeretas, golondrinas, carpintero, pitotoi, cardenal, teros, gallineta, gaviotas y otras aves autóctonas encontraron en este ambiente acuático un espacio favorable. “En un momento hacíamos silencio, y escuchábamos 10, 12, 15 aves distintas cantando”, recordó el biólogo y guía ornitológico Sergio Bruno.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
En medio de los campos que rodean San Francisco, un predio destinado al tratamiento de líquidos cloacales se convirtió en un sitio de interés para quienes quieren conocer y observar la naturaleza. La primera jornada de avistaje de aves en la Planta Depuradora reunió a 60 participantes y permitió reconocer 69 especies distintas. El biólogo y guía ornitológico Sergio Bruno coordinó el recorrido y destacó la fauna local.
“Fue importante, muy importante la asistencia y la convocatoria”, resumió en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. El interés fue tal que muchas personas no pudieron participar y esperan sumarse al próximo encuentro. La actividad se organizó en tres grupos de alrededor de 20 personas, que recorrieron el lugar en distintos momentos del día para facilitar la observación y el reconocimiento de las aves.
Bruno quedó sorprendido por la cantidad de aves. “Una vez fui y había visto 45 especies; esta vez vimos 69. La diversidad es importantísima”, señaló. La diferencia no solo se explica por la cantidad de ejemplares, sino por la variedad de especies que utilizan el lugar. En las tres salidas hubo horarios distintos: una a primera hora de la mañana, otra durante la siesta y la última hacia el atardecer.
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Un oasis entre los campos
¿Por qué un establecimiento de estas características atrae a tantas aves?¿Qué encuentran en ese ambiente: alimento, refugio, agua o lugares para reproducirse? Para Bruno, la explicación está en el ambiente que ofrece y en el contexto en el que se encuentra. “Tiene que ver con características de la región, en realidad de todo Córdoba. Tanto de la zona llana, de los pequeños parches de monte que puede haber en la zona y, sobre todo, de las acuáticas, porque este es un lugar, aunque modificado, bien acuático”.
La disponibilidad de agua adquiere especial importancia durante los períodos en que no abundan otros ambientes húmedos. “En verano, al llover o al empezar a subir un poco las napas, hay más cantidad de lagunas y se distribuye un poco más, pero en esta época, y durante todo el invierno, se concentran allí principalmente porque tienen refugio, tienen alimento; hay varias aves que se reproducen allí, y también por las condiciones de tranquilidad”, explicó.
“Se ha convertido en una isla”, sintetizó Bruno al referirse al valor de estos ambientes en una zona transformada por la actividad humana. “Este espacio se podría casi considerar como una reserva y un lugar que va a ser frecuentado por las especies estables y por las especies que vayan pasando”. La presencia de pequeños sectores con vegetación, agua y alimento permite que convivan aves residentes con otras que llegan durante una parte del año.
Los que se observó en el recorrido
Durante la primera experiencia se identificaron 69 especies en los tres grupos. Entre los registros se destacaron diez tipos de patos, además de aves de ambientes acuáticos, especies asociadas a pequeños montes y ejemplares migratorios: tijereta, carpintero campestre, pitotoi chico, cardenal, teros reales, patos sirirí pampa, gallineta pico pintado, gaviotas capucho gris, pato capuchino, pato gargantilla, pico de plata, entre otros.
“Se vieron diez especies de patos”, indicó Bruno. Entre ellos apareció un ejemplar de pato cabeza negra, una especie que, según indicó, tiene una particularidad reproductiva. “Es un pato muy raro de ver también, porque aparece poco y en poca cantidad”. Bruno describió que esta ave deposita sus huevos en nidos de otros patos y deja que estos los incuben y críen, una conducta comparable con la del tordo, que también utiliza nidos ajenos para reproducirse. También se vio una pareja de patos chuchara.
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El listado incluyó especies autóctonas que permanecen en la región y otras que llegan en determinadas estaciones. “Todas son autóctonas; algunas están estables y otras vienen solamente en esta época”, aclaró Bruno. Entre las visitantes se encuentran aves que recorren distancias enormes, de 10.000 a 15.000 kilómetros, para alimentarse y pasar el verano en el hemisferio sur
El especialista mencionó a los playeritos migratorios, aves pequeñas de tonos grisáceos que pueden desplazarse en bandadas. “Son aves que se reproducen allá en el norte, en el verano del norte de Alaska, en Canadá, y vienen hacia estos lados del hemisferio sur en nuestro verano para alimentarse. Después vuelven de nuevo al verano de ellos a reproducir”, relató.
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Otras especies realizan migraciones más cortas desde Brasil. Es el caso de las tijeretas y las golondrinas, que aparecen en la región para aparearse y reproducirse cuando llega la temporada cálida. “Son especies que no las vemos durante el invierno aquí y de golpe aparecen”, señaló. Su presencia está relacionada con la disponibilidad de alimento: se nutren de pequeños insectos que capturan durante el vuelo y que empiezan a abundar con el aumento de las temperaturas.
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Escuchar también es observar
“Increíble, hicimos varias veces silencio. Fueron grupos de entre 20 y 22 personas y realmente se portaron excelente; la gente estaba totalmente sensibilizada”, contó Bruno. Y recordó uno de los momentos que mejor sintetizó el espíritu de la jornada: “En un momento hacíamos silencio, y escuchábamos 10, 12, 15 aves distintas cantando”.
Para el biólogo, esa experiencia permite descubrir una riqueza que muchas veces pasa inadvertida en la rutina. “Ahora la gente cada vez sale más, necesita escapar del ruido de la ciudad, y no hace falta irse a otra provincia, a otro país o tan lejos, hasta Córdoba o hasta Mar Chiquita, hasta Ansenuza. Uno, cerca, puede salir a observar aves, a pasar un rato y tomar mate”.
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La observación también requiere ciertos cuidados para no alterar el comportamiento de los animales. Bruno recomienda caminar despacio, mantenerse agrupados, hablar en voz baja y evitar prendas muy llamativas o elementos que brillen. “Cuanto más cantidad de personas salen a ver en grupo, menos aves van a pasar por encima tuyo. En este caso hay tanta abundancia que afecta, pero no tanto”, señaló.
“Antes no quedaba otra que salir con una guía de aves, o con un libro, salir con alguien que conociera esas aves. Ahora, obviamente, ayuda el que conoce, el que la detecta, el que te la resalta para que aprendas, pero hay aplicaciones como Merlín”, que según precisó, puede reconocer los sonidos con un nivel de eficacia aproximado del 70 al 75%, por lo que sus resultados deben tomarse como una orientación.
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Conocer para cuidar
La presencia de aves en un espacio urbano o periurbano no significa que estén libres de amenazas. Bruno señaló que las actividades productivas pueden afectar los ambientes naturales, tanto por el uso de agroquímicos como por la reducción de los sectores de monte. “Las principales amenazas tienen que ver con las actividades que se producen alrededor o en las zonas urbanas, como el uso de pesticidas o agroquímicos que se usan en los campos”, advirtió.
A esa presión se suma la pérdida de hábitat. “La poca cantidad de monte o de parches de monte, que cada vez son menos. Los pocos que van quedando a veces se destinan a otro tipo de uso de la tierra, como el cultivo o el ganado, y cada vez quedan partes más aisladas, más chicas. La reducción de hábitat hace que también haya menos especies en la zona”, manifestó.
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Las listas de especies y las observaciones se incorporan a eBird, una plataforma de alcance mundial que reúne datos aportados por observadores. Bruno explicó que esa información sirve para estudiar dónde se encuentran las aves, cómo varía su presencia y cuándo llegan o se van. También recordó que existen jornadas internacionales de conteo en las que miles de personas colaboran con registros de aves en libertad, como Global Big Day (o Conteo Mundial de Aves), el evento de ciencia ciudadana más grande del mundo para el avistaje.
Pero para Bruno, la conciencia ambiental no se construye solamente con datos. “Cuando uno habla de educación ambiental, no es solamente información, tiene que ver con la sensibilidad. Eso se transmite también”. Los libros, las redes y las aplicaciones acercan conocimientos, pero el contacto con otras personas puede despertar el interés y la pasión por cuidar la naturaleza.
“Hay que conocer y ser sensible. Yo siempre digo que la educación ambiental es eso: información más sensibilidad”, afirmó. Para ilustrarlo, contó que “alguien puede podar un árbol porque lo quiere y, sin embargo, dañarlo por desconocer cómo hacerlo”.
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Una nueva oportunidad para mirar cerca
La respuesta a la convocatoria confirmó que existe interés por conocer la naturaleza local. Debido a la cantidad de personas que quedaron sin participar, se anunció una nueva jornada gratuita para el sábado 7 de noviembre, en tres turnos: 9, 14 y 17. El formulario de inscripción está disponible en este link . El cupo es limitado.
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Bruno alentó especialmente a quienes nunca participaron de una experiencia de este tipo. “Van a pasar una hora y media que no lo van a olvidar y seguramente van a querer volver”, aseguró. La invitación es a descubrir que, a pocos minutos de la ciudad, un ambiente cotidiano puede ofrecer sonidos, comportamientos y especies que suelen pasar inadvertidos.
La propuesta va más allá de aprender nombres y distinguir cantos. Se trata de prestar atención a un entorno que está cerca, descubrir la vida que lo habita y entender que conservar no es una tarea reservada únicamente a parques nacionales o grandes reservas. También empieza en los ambientes cotidianos, cuando una comunidad se detiene a mirar lo que tiene.
“Conociendo lo que tenemos, vamos a empezar a proteger”, concluyó el biólogo.
