Confinamiento día 1: lo único distinto fue el viento
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Por respeto a quienes luchan día a día contra el Covid y a los miles que han perdido la vida, se impone insistir en que esta cuarentena se cumpla cabalmente. Pero también que se terminen los juegos fútiles en las instancias de poder, pues solo agregaron confusión, incertezas y pesadumbre. Por lo pronto, en un sábado de supuesto confinamiento, fueron esas ráfagas furiosas las que determinaron que muchos se quedasen en casa y no un decreto de aparición tardía que nadie supo explicar
En medio de muchas dudas, al menos en la ciudad y en varias poblaciones de la región, ayer comenzó el período de 9 días de confinamiento total de la sociedad anunciado el pasado jueves por el presidente de la Nación. Como se conoce, el retorno a una fase de cuarentena similar a la que regía a esta altura el año pasado se debió al impacto de la segunda ola de la pandemia del Covid que mostró guarismos alarmantes en las últimas semanas.
El primer mandatario en su mensaje grabado enfatizó que "la confusión debe terminarse", algo que no ocurrió. La primera causa de que continuó el desconcierto fue la increíble demora en la aparición del Decreto de Necesidad y Urgencia que contiene las medidas adoptadas. Casi llegaba la hora de comenzar el aislamiento y no había precisiones. Y no las hubo después.
Esto determinó que en la jornada sabatina sanfrancisqueña reinara, precisamente, el desconcierto ante la falta de voces de gobernantes que pusieran algo de claridad en torno a las normas que deben cumplirse en estos días. Tanto fue así que la ciudad ofreció un panorama similar al de los últimos tiempos. Y que la única "novedad" estuvo signada por el fuerte viento, pese a que desde el anuncio presidencial y por nueve días corridos, debían quedar suspendidas todas las actividades sociales, económicas, educativas, religiosas y deportivas, entre otras.
Más allá de la incertidumbre que sigue paseándose campante entre nosotros, el país ha ingresado en una nueva etapa de cierre total. Era previsible ante la crisis sanitaria. La experiencia del año anterior hace presagiar que algunos propongan extenderla por más tiempo. Ha retornado un proceso que se vivió hace un año durante varios meses y que recibió en aquel tiempo el apoyo de la población. En la actualidad, al cansancio manifiesto, la crisis económica y la catástrofe sanitaria se suma el agobio que siente la sociedad en su conjunto frente a una calamidad que afecta a toda la humanidad, pero que, en la Argentina confusa y nerviosa, se potencia.
Sin margen para mantener un estado de cosas que no se sostenía y dejando de lado las especulaciones dominadas por los resultados de las encuestas, que siempre estuvieron primero en la consideración de los gobernantes nacionales y también de muchos provinciales y municipales, hubo que anunciar medidas drásticas ante el desastre que se avecinaba. El presidente retomó en algunos párrafos de su anuncio aquel discurso pedagógico inicial, aunque no se privó de continuar acusando y sí ignoró cualquier autocrítica, algo que no sorprende porque es una característica habitual de la dirigencia política nacional. Trasladar a la ciudadanía la responsabilidad por la actual dramática situación es una mala costumbre extendida en la dirigencia, aun admitiendo que una porción de argentinos continúa exhibiendo la desgarrante anomia que desde hace mucho tiempo enferma al tejido social.
El panorama para nada alentador determinó la nueva cuarentena estricta. Se supone que las próximas jornadas mostrarán calles vacías y comercios cerrados tal como se ha decretado. Y, al mismo tiempo, se hace necesaria una apelación para que el esfuerzo de estos 9 días sirva para bajar los contagios. Esfuerzo que supone sacrificio enorme para algunos sectores sociales que ya no resisten sus pérdidas incalculables. Pero son el autocuidado y las acciones responsables de todos, las conductas que van a permitir que los indicadores dejen de alarmar.
Es verdad que en esta suerte de naufragio nadie se salva solo. Aunque hay distintos niveles de responsabilidad que deben ser sopesados en cualquier análisis. Por eso, en la pausa que significarán estos días de confinamiento, sería interesante que se reflexione sobre las causas que determinaron el dramático momento que se vive. Entre ellas, el haber priorizado intereses, factores y actitudes de la política barata e ideológicos -tanto en el oficialismo y en la oposición- que, se comprobó, determinaron decisiones ineficaces para atenuar al menos la amenaza del virus.
Por respeto a quienes luchan día a día contra el Covid y como tributo a los miles que han perdido la vida, se impone insistir en que esta cuarentena se cumpla cabalmente. Pero también que se terminen los juegos fútiles en las instancias de poder, pues solo agregaron confusión, incertezas y pesadumbre.
Por lo pronto, en el día 1, el viento dominó la escena de un sábado de supuesto confinamiento. Fueron esas ráfagas furiosas las que determinaron que muchos se quedasen en casa y no un decreto de aparición tardía que nadie supo explicar.
