Cómo olvidarse de los sandwiches de "Maui"
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Dimas Rojo es un referente de la gastronomía en nuestra ciudad. Ayer, por primera vez en 46 años, salió a la calle para pedir que reabran el restaurante donde trabaja hace casi dos décadas y cerró sus puertas por la pandemia.
Por Stefania Musso | LVSJ
Son las seis de la tarde y Dimas no está planchando su camisa blanca y su pantalón negro. Está sentado en la punta de la mesa, tomando un café cabizbajo, pero mirando hacia delante y dialogando con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Según nos confesó, nunca en sus 46 años como mozo en San Francisco y Buenos Aires estuvo tanto tiempo sin trabajar. Hoy, se desempeña en el comedor internacional "La Parilla", en la estación de servicio ubicada en el acceso oeste de la ciudad.
En esta sombría realidad que vive por la pandemia y con los bares, restaurantes y confiterías cerradas, Dimas a sus 60 años de vida participó por primera vez en una marcha pidiendo por la reapertura del comedor donde trabaja desde el 2001. Para subsistir, el hombre contó que trabaja de delivery para seguir en contacto con sus jefes y compañeros.
"Nunca viví una situación como esta pandemia. En otras oportunidades que estuve mal económicamente había alguna salida o algo que podía hacer, pero ahora no podés ir para ningún lado", dijo Dimas Rojo a este diario centenario.
"Estos meses tengo una incertidumbre que en mi vida tuve. Jamás me imaginé que iba a estar en una marcha porque nunca me gustaron estas cosas pero tenemos que reclamar porque necesitamos trabajar. No te dejan trabajar pero tenés que pagar y esto está complicado para los dueños de los comedores como para los mozos, ni hablar para los que hacen de este trabajo unos pesos extras".
Para Dimas, el sector viene muy golpeado desde hace tiempo. "Ya venía todo lento, pero uno se acomodó a la situación sabiendo el dinero que uno puede contar como mozo pero ahora es distinto. Uno entiende la cuarentena y que se cuide la salud, pero necesitamos que nos den la oportunidad de abrir.", apuntó el mozo, quien reconoce que después será difícil que vuelvan los clientes.
Trayectoria
Como la mayoría de los mozos, Dimas se acercó al rubro gastronómico en el año 1974 cuando surgió la oportunidad de empezar a trabajar como lavacopas en la vieja Pulpería sobre calle España al 100. "En ese tiempo era rebuscárselas, empezar a hacer algo mientras estudiaba" en el colegio secundario.
A la una de la mañana, cuando terminaba su servicio en ese lugar; Dimas cruzaba la calle y lavaba los vasos de Kefren.
"En la Pulpería estuve durante muchos años, y ahí los viejos mozos me enseñaron los secretos de esto que para mí es una profesión. Ahí aprendí cómo presentarme ante la gente, cómo servir y cómo ganarme la propina. Hay que ser amigo de la gente, no menospreciar a nadie porque para un mozo, todos son iguales cuando cruzan la puerta y se sientan en una mesa", explicó con pasión.
Después, tuvo una etapa en el boliche Carlos V, que quedaba sobre bulevar 9 de Julio al 1900. Desde el año 1987, se sumó a los emprendimientos gastronómicos de la familia Bertorello participando en Maui, Macao y ahora en La Parrilla. "Desde el 1995 hasta 2001 viví en Buenos Aires, pero ya estoy radicado en esta ciudad", apuntó.
La pandemia del coronavirus cambió las noches y el sector espera recuperarse de a poco. "Sacrifiqué cumpleaños, navidades y muchas reuniones de familia pero esta profesión de mozo me dio todo lo que tengo y no lo cambiaría por nada. No soy un sirviente, soy un servidor y me gusta que la gente la pase bien", concluyó Dimas.
Los sándwiches de Maui
Dimas recordó los años dorados Maui, ubicado en bulevar 25 de Mayo, cuando era uno de los 14 mozos que contaba ese emprendimiento gastronómico de la familia Bertorello.
En la memoria de muchos sanfrancisqueños están los sándwiches que se elaboraban en ese lugar que habían impactado entre los comensales por la originalidad de sus nombres y la combinación de distintos ingredientes, que los hacían únicos y muy gourmet para su época.
Dimas contó que ése había sido un buen momento para la gastronomía local y que cada noche era una fiesta. También se recordó cuando juntos a sus compañeros servían los Jumbo, Federal, Jardinero, Juanacho, Merecumbé y exquisitos Canadiense. "Esos sándwiches son inolvidables en la mente de la gente, impactaban en su dimensión y los sabrosos que eran. Llegamos a trabajar hasta tres turnos", señaló.
