Clases: debates e incertezas
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Se toman decisiones basadas en intereses ideológicos o políticos sectoriales y no en razones pedagógicas. Debates que forman parte de la grieta ideológica. Que están teñidos de frivolidad.
Como ha venido ocurriendo con innumerables temáticas de interés público, las discusiones políticas se centran por estos días en la toma de decisiones respecto de cómo serán los protocolos para el comienzo de un nuevo ciclo lectivo en todas las escuelas del país.
Las dramáticas circunstancias de la pandemia han dejado un saldo estremecedor en materia educativa. No solo por la enorme cantidad de niños y jóvenes que se alejaron del sistema, sino también por los estragos que se produjeron en los procesos de enseñanza - aprendizaje, más allá del esfuerzo notable de docentes, estudiantes y familias para que los chicos alcancen niveles más o menos satisfactorios.
Así, las noticias se suceden. Lo mismo que los debates. Muchos de ellos, inocuos. Se toman decisiones basadas en intereses ideológicos o políticos sectoriales y no en razones pedagógicas. En este contexto, autoridades de gobierno y sindicalistas ni siquiera se ruborizan cuando adoptan posturas contradictorias entre un distrito y otro, según sea el color partidario que gobierne. El caso de la ciudad de Buenos Aires y la provincia del mismo nombre ya es paradigmático respecto de lo que se acaba de afirmar.
Mientras se delinean los nuevos protocolos, las consideraciones acerca de las características que tendrá el año escolar, lejos están de ser claras y transparentes. Se da por sentado que habrá presencialidad plena puesto que la educación no podría sostenerse en el tiempo si debiese volver a los formatos virtuales de emergencia que tuvo durante los dos últimos períodos. La función socializadora de la escuela es tan vital como la estrictamente vinculada con la enseñanza que procura desarrollar capacidades. Sin embargo, varios son los temas que aún no están claros. Vacunación, pase sanitario, uso de barbijos, burbujas, otras medidas de prevención son, por estos días, motivo de análisis y de entredichos.
Un par de provincias han determinado que los estudiantes no podrán ingresar a los colegios si no han comenzado su esquema de vacunación. Otras, por el contrario, afirman que no pedirán el pase sanitario. Todo esto se da en medio de una realidad que aporta un dato central: un cuarto de los niños de entre 3 y 11 años de todo el país aún no se vacunó o bien no ha recibido el esquema completo. Este número lejos está del ideal y no parece preocupar demasiado, salvo en algunos pocos municipios donde se ha salido a buscar casa por casa a los menores para que reciban las dosis que corresponden.
Mientras todavía son muchos los menores no vacunados, el debate pasa por el uso de los barbijos. Si debe ser obligatorio a partir del nivel inicial o mucho más adelante. "No sabe cómo es la cara de su profe. Tiene nueve años y lleva dos con este profesor, casi un quinto de su existencia. Habla de una de las personas más importantes de su vida, con quien muchos días comparte más horas de vigilia que con sus padres, y no lo reconocería por la calle si se lo cruzase desenmascarado", escribió un periodista español en referencia a las vivencias de su hijo. Parece un tema menor, pero imprescindible de aclarar por las implicancias sanitarias y también por su impacto educativo.
Modos de presencialidad, vacunación y uso de mascarillas son muestra de las incertezas que perduran y que, por momentos, agobian a los actores del sistema educativo. Todo ello en medio de debates que forman parte de la grieta ideológica. Que están teñidos de frivolidad. Una característica muy habitual en los debates argentinos sobre los temas realmente importantes.
