Cinco empresarias, una misma mirada: orgullo, trabajo y legado en los 55 años del Parque Industrial
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El Parque Industrial, Tecnológico y Logístico San Francisco celebra 55 años como un espacio que trascendió su propósito inicial de ordenar el crecimiento fabril de la ciudad para convertirse en un polo productivo de referencia. Cinco mujeres vinculadas a empresas radicadas allí cuentan, desde sus propias experiencias, cómo ese crecimiento también se construyó con esfuerzo familiar, decisiones, desafíos y una mirada puesta en el futuro.
Hace 55 años, un grupo de empresarios impulsó una iniciativa que buscaba darle un lugar propio al desarrollo industrial de San Francisco. Con el tiempo, aquella idea fue creciendo hasta convertirse en un espacio que hoy forma parte de la identidad productiva de la ciudad: el Parque Industrial, Tecnológico y Logístico San Francisco.
Hoy es en uno de los principales motores económicos del interior argentino y en un ámbito donde confluyen los sectores público y privado. El predio cuenta con 250 hectáreas, reúne a más de 230 empresas, genera alrededor de 5.000 puestos de trabajo directos y concentra 18 rubros productivos. En ese recorrido, se consolidó como el primer parque industrial de Latinoamérica y como el polo pyme más importante de Argentina.
Sin embargo, la historia del Parque también se encuentra en aquello que las cifras no alcanzan a mostrar. Está en las empresas familiares que atravesaron generaciones, en quienes asumieron la continuidad de los emprendimientos y en los trabajadores que acompañaron cada etapa, incluso en tiempos de crisis y transformación.
Por eso, hablar del Parque Industrial es hablar también de la historia productiva de San Francisco. Y en ese recorrido, las voces de cinco mujeres vinculadas a empresas radicadas en el Parque permiten mirar esta historia desde otro lugar: el de quienes fueron parte de ese crecimiento, tomaron decisiones, atravesaron dificultades y hoy observan con orgullo el camino recorrido.
Laura Cravero
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Para Laura Cravero, administradora en Cravero Repuestos, formar parte del Parque Industrial tiene un significado que combina la historia de su familia con la evolución del propio predio.
La empresa tiene una planta en la ciudad, donde comenzó su actividad, y otra dentro del Parque Industrial, donde se instaló hace aproximadamente 15 años.
“Es un orgullo estar en el Parque por la importancia que tiene a nivel nacional. Nosotros tenemos una planta aquí y otra en la ciudad. La de la ciudad fue en los inicios y hace 15 años más o menos que estamos acá en el Parque donde hemos visto el crecimiento en todos estos años, tanto en infraestructura como en manejo, incorporación de empresas. Es un orgullo formar parte del Parque Industrial”, expresó.
Su historia también representa una característica frecuente entre las empresas sanfrancisqueñas: la continuidad familiar. Cravero es segunda generación de una firma fundada por su padre hace casi 50 años. “Seguir el legado de la familia es importante”, sostuvo.
Cuando se le propone definir en una palabra al industrial sanfrancisqueño, responde sin demasiadas vueltas: “Empuje”.
Patricia Cagnola
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Patricia Cagnola es propietaria de Rectitec Rectificación de Motores y combina las tareas administrativas con el trabajo en el taller. Su actividad incluye la rectificación y reparación de tapas de cilindro de motores vehiculares, camiones y tractores, además de soldaduras.
Su experiencia también permite observar cómo fue cambiando la presencia de las mujeres en espacios vinculados tradicionalmente con los hombres.
“A mí me ha costado un montón”, contó al recordar las dudas de algunos clientes. Con el tiempo, su conocimiento y trabajo cotidiano fueron cambiando esas miradas. Su presencia en el taller se naturalizó, aunque todavía observa sorpresa en personas que llegan desde otros lugares y encuentran a una mujer trabajando en un taller de rectificación de motores.
Consultada sobre qué considera que aporta la mirada femenina, respondió: “Es más prolija, más ordenada”.
Para Cagnola, estar en el Parque también jerarquiza a la empresa y amplía sus posibilidades laborales, y ofrece nuevas opciones. “Estar acá adentro significa otra cosa, no es lo mismo que estar en la ciudad. Esto le da otro nivel a la empresa”, destacó.
Patricia Ramb
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Patricia Ramb pertenece a Trater Aranda, empresa dedicada a los tratamientos térmicos, especialmente vinculados con implementos agrícolas.
La firma es familiar y nació en 1998, cuando Ramb tenía 26 años y su marido 28. Comenzaron en Frontera y, con el tiempo, la empresa se trasladó al Parque Industrial.
“Es una empresa familiar que la creamos nosotros, mi marido y yo. Tenemos un hijo que ahora está en la empresa. Nos iniciamos en Frontera en el año 1998, yo con 26 años y mi marido con 28. Yo hago tareas administrativas”, contó.
Pero su historia empresarial no comenzó detrás de un escritorio. En los primeros años trabajaba a la par de su marido, con los guantes y en las tareas propias de la actividad. Con el crecimiento de la empresa, asumió responsabilidades administrativas y de gestión. “La mujer siempre es la más corajuda”, afirma al describir su manera de afrontar las dificultades.
Ese espíritu fue puesto a prueba durante distintas crisis económicas. La respuesta, según su experiencia, fue adaptarse. “A pesar de haber pasado todas las crisis, porque tenemos años buenos, años malos, siempre se sale adelante, con trabajo y acomodándose a las circunstancias”, señaló.
El Parque Industrial tuvo un papel central en ese proceso. Para Ramb, el traslado al Parque significó crecimiento y mejores condiciones para una actividad que requiere hornos y genera ruidos. “La infraestructura es muy importante”, sostiene, al destacar también la tranquilidad y seguridad del predio hoy. “Es una pantalla muy importante”, dijo.
Liliana Peiretti
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Liliana Peiretti, gerente de la empresa láctea Miguel Peiretti SRL, llegó al Parque Industrial después de una trayectoria de 28 años en Santa Clara de Saguier.
La imposibilidad de conseguir terrenos para continuar creciendo llevó a la empresa a tomar una decisión que ella misma define como audaz: trasladarse a San Francisco.
“Nosotros hace 16 años que estamos radicados en el Parque Industrial de San Francisco, después de 28 años de haber estado en Santa Clara de Saguier, donde no conseguimos terrenos para crecer, y fue una decisión muy audaz la que tomamos pero fue la mejor”, explicó.
Para Peiretti, la ubicación y las condiciones del Parque generaron nuevas posibilidades de desarrollo. “Estar en el Parque nos da un plus muy importante. No hubiéramos podido crecer como crecimos si no nos veníamos aquí con estas rutas, esta logística, esta sinergia entre empresas, nos dio toda otra posibilidad”, sostuvo.
Su historia personal también está atravesada por una decisión que no estaba prevista. Desde hace 15 años está al frente de la empresa, luego del fallecimiento de su esposo.
“Yo nunca pensé que me iba a tocar esto, porque yo soy hija de obreros, entonces no tenía cultura empresaria. Hay que tener mucha habilidad para gestionar y tomar decisiones y hay que ser muy práctica”, explicó.
Frente a las crisis, su mirada está puesta en la continuidad. “Siempre hay que seguir marchando, ir hacia adelante. Yo me levanto y siempre primero leo, después pienso. Yo le digo a mis hijos que hay que tomar su tiempo para pensar, y después siempre miro lejos, a perspectiva”, contó.
Peiretti reconoce las dificultades de planificar en un país inestable, pero sostiene que una parte importante de las respuestas se encuentra dentro de la propia empresa. “Tienes que ser creativo, reinventarte y seguir. El objetivo fundamental es la supervivencia de la empresa, que le da trabajo –directa e indirectamente- a más de cien personas, lo cual es también una responsabilidad”, señaló.
Y concluyó con una mirada personal sobre el camino recorrido: “Es una satisfacción cuando miro el camino recorrido, a veces no lo puedo creer. Mi marido fue un emprendedor y él me enseñó a emprender y me enseñó a animarme a tomar decisiones”.
Andrea Vaira
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Andrea Vaira, una de las propietarias de Bianchi Cueros Argentinos, pone el foco en la transformación del propio Parque y en la continuidad de aquella idea que dio origen al predio.
Desde su experiencia, considera que la participación de las mujeres en el mundo empresario ya forma parte de una realidad asumida. “Creo que el rol de la mujer ya no se discute en la sociedad”, sostuvo.
También destaca la diversidad de actividades que conviven en el Parque y el valor de una historia construida entre generaciones. El espacio nació de la idea visionaria de un grupo de empresarios que decidieron desarrollar allí sus empresas. Pero esa primera decisión no explica por sí sola lo que es hoy el Parque.
“Ese legado luego pudo ser continuado y cuidado por las distintas comisiones que trabajan para hacer de este Parque una verdadera ciudad industrial”, señaló.
La definición resume una dimensión central de los 55 años: el crecimiento no fue solamente físico. También hubo una construcción institucional y comunitaria que permitió sostener y ampliar el proyecto a través de distintas etapas.
Vaira además pone la mirada en las nuevas tecnologías que obligan a reinventarse y capacitarse y en el desafío permanente que tienen las empresas. “Detrás de cada empresa hay una historia familiar, de esfuerzo, compromiso y continuidad”.
Las historias de estas cinco mujeres son diferentes, pero sus testimonios coinciden en que el Parque Industrial de San Francisco se construyó entre generaciones. Y si hay una palabra que resume la sensación compartida por todas al hablar de la industria sanfrancisqueña y de este espacio que la reúne, es una sola: orgullo.
