Celebrando la pasión
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Carlos Okulovic estuvo el viernes en la ciudad mostrando su Torino del Turismo Carretera y una multitud lo disfrutó. Pero Ariel lo vivió a pleno ya que fue invitado a subirse al coche en un momento inolvidable. La historia de una pasión que lleva tatuada en su piel.
Cuando un grupo nutrido de personas de diferentes extractos y rango etario se reúne en torno a un evento determinado, puede decirse que allí hay una expresión de la sociedad, una manifestación que mueve e interesa a una buena porción de una comunidad. Y en ese sub universo "x" casi sin margen de error pueden encontrarse personajes que en otros ámbitos o momentos habrían pasado desapercibidos.
Algo de eso pasó el último viernes, cuando el San Francisco Ruge convocó a una multitud en el Centro Cívico. De los diferentes barrios de la ciudad, grandes, chicos, hombres y mujeres respondieron al llamado, se pusieron su "pilcha fierrera" y por unas horas pretendieron que estaban en un circuito de Turismo Carretera.
Y el personaje que confirmó la regla fue Ariel, que no tuvo que ponerse ninguna remera porque a la insignia de su pasión la lleva tatuada en la piel. De chiquito absorbió la pasión por el Torino de su padre y este viernes vivió un momento inolvidable como corolario de una noche bien tuerca.
La presencia de Carlos Okulovich y su Toro del TC además de varios pilotos locales que compiten en las diferentes categorías del automovilismo y motociclismo argentino fueron una propuesta diferente que encontró muy buena repercusión.
Desde temprano la gente se llegó a ver -y escuchar- de cerca a estas máquinas que generalmente solo se pueden apreciar de lejos por TV. Una foto, un saludo, alguna pregunta para saciar la curiosidad.
"Lo que más me pregunta la gente es a cuánto va el auto", cuenta Okulovich, quien se mostró sorprendido por la respuesta del público sanfrancisqueño.
Antes de hacer rugir a su Torino por 25 de Mayo, el piloto misionero dialogó con LA VOZ DE SAN JUSTO y contó: "Es un hermoso espectáculo para la gente el que armaron hoy acá, algo poco habitual. Un desfile de autos de carrera en el centro de una ciudad no es muy común. Todo este ruido es algo que a mí me gusta y a la gente también. Lo está disfrutando mucho y por eso quiero felicitar a toda la gente encargada de la organización, al intendente, a Cbsé y a todos los que hicieron posible este evento".
La muy buena cantidad de público que se acercó, heterogéneo le llamó la atención al experimentado piloto del TC: "Está bueno que se acerquen familias, grandes, chicos, gente que por ahí no va a las carreras. Pero también hay muchos fanáticos que pueden ver a un coche de Turismo Carretera en su ciudad y eso no es cosa de todos los días".
"La pregunta más común es ¿a cuánto anda? o ¿qué potencia tiene? Son las preguntas más típicas. Después tenés la gente que sabe un poco más de fierros, que sigue las carreras y por ahí viene y te habla de carrera pasada, de la anterio, te pregunta qué pasó y demás cosas más puntuales. Pero la verdad que es muy lindo compartir con todos".
Luego de un comienzo accidentado (fue 28° en Viedma y 32° en Neuquén), Okulovich habló de lo que espera para esta temporada: "Estoy conforme con el funcionamiento del auto, pero por cuestión de toques en las dos carreras no pudimos sumar bien. Pero el coche está siendo competitivo y estoy seguro que ya van a venir mejores resultados".
La frutilla del postre
Ariel Pécile y su hermano idéntico Gabriel estuvieron desde temprano en la Plaza Cívica, se acercaron a Okulovich y le mostraron su fanatismo por Torino. Ariel se levantó la remera para mostrarle su tinta haciendo honor a la mítica marca, pero no se imaginaba cómo iba a terminar la noche.

"Fanáticos de Torino hay a lo largo de todo el país, es algo que se transmite de generación en generación. Se vive en cada carrera. Ustedes tienen cerca a Rafaela, donde se juntan 60 o 70 mil personas por carrera. Y hay muchos chicos como estos, con tatuajes, que te demuestran su pasión. Uno viéndolo desde adentro lo vive de una manera muy especial", contó el oriundo de Oberá.
Luego llegó el turno de girar en el improvisado circuito armado para la ocasión y tras un par de vueltas, Okulovich se bajó del Torino y lo invitó a Ariel a subirse con él. ¿Qué sentiste? fue la pregunta. "Todo lo que alguna vez pensé que podría llegar a sentir y más. La manera en que acelera, que frena, no se puede explicar con palabras, hay que experimentarlo. Es todo muy fuerte".
Ariel fue el centro de la atención al bajarse del auto, y todos los flashes buscaban su tatuaje. "La pasión viene por mi viejo. Cuando éramos chicos se compró un Torino y nosotros nos criamos con él, manejándolo y así nació nuestro berretín".
"Estuvimos desde temprano acá pero nunca me imaginé que me iba a invitar a dar una vuelta. La verdad que estoy chocho", contó.
Para Ariel la pasión por el automovilismo no se limita a una marca: "Los autos son los que te provocan esto, no una marca en especial. A mí me gustan todos los fierros... menos el Falcon", finalizó.
