casa
La ciudad que nació a la par del ferrocarril hoy es un polo industrial y de crecimiento, sin embargo, nunca dejó de lado su impronta histórica y conservadora. ¿Es posible caminar por el viejo san Francisco? LA VOZ DE SAN JUSTO propone este recorrido.
Por Ivana Acosta
¿Alguna vez pensaste en caminar solo por el placer de hacerlo? Un recorrido por la ciudad nos presenta tres aspectos que tienen todos los conglomerados urbanos, es decir, el presente, pasado y futuro. Justamente en pequeños detalles que han sobrevivido el paso del tiempo y supieron garantizar su lugar aun sin ser legalmente patrimonio.
El adoquín, los silos en el centro, los pasos a nivel y cruces indicadores del ferrocarril; ese espejo que todavía sirve como señal de tránsito, los viejos carteles indicadores de calles y hasta esa placa donde se recuerda el paso de Carlos Gardel por la ciudad invitan a valorar aquellos pequeños objetos urbanos que son símbolo de nuestra historia.
La arquitecta Cristina Rearte, quien también es miembro del Programa de Preservación del Patrimonio, Ambiental, Urbano, Arquitectónico de la municipalidad, consideró que la ciudad evoluciona como lo hacemos los seres humanos modificándose las tradiciones y los modos, aunque "la estructura urbana tiene cierto grado de permanencia".
Y está en lo cierto, porque sino no habría razón de preservar pequeños elementos que hacen a nuestra historia como son los viejos indicadores de calles, los llamadores en casas antiguas, bebederos en las plazas e incluso los picos de agua cuando la red no llegaba a los domicilios.
¿Por qué preservar lo nuestro?
Rearte explica que todas las ciudades buscan modernizarse aunque no todo lo que se ve en las grandes urbes necesariamente debe copiarse. "No somos Buenos Aires, ni Córdoba y tampoco Rosario para tener por ejemplo grandes torres y pantallas, pero sí podemos incorporar esta combinación entre lo antiguo y lo moderno, de esta forma se potencian las construcciones y el entorno a su alrededor", señaló en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Lógicamente, aunque lo histórico prevalece en la ciudad, ello no significa que su uso sea el mismo que en sus primeros tiempos, por eso la magister en preservación de patrimonio urbano y arquitectónico hace una petición especial: "Nosotros invitamos a la gente a que salga a caminar, pero que observen la transformación que hay en la ciudad a partir de un simple hecho. Necesariamente cambian los usos - de los bienes y objetos históricos - porque generan nuevas actividades en el ejido urbano".
Trazos de historia
En la plaza General Paz, por ejemplo, la modernización nunca avasalló la historia. Sigue en pie la fuente más antigua de la ciudad en el centro de las miradas y cuya construcción data del 9 de febrero de 1933 por orden del intendente Serafín Trigueros de Godoy. También se conserva un viejo bebedero que si apelamos a la memoria de nuestros padres nos contarán que es más que una canilla con un balde de albañil que sirve de soporte al agua. Del otro lado nos encontramos con sus juegos que aún son de metal y conservan la misma mística con la que fueron creados en base a la inocencia y diversión de los niños.
Esos objetos dan cuenta de la memoria histórica de San Francisco. "A esto apuntamos nosotras a través de la gestión. Nos sentamos con los inversores a decirles que no es un 'no', los alentamos a los nuevos proyectos, damos pautas y generamos consensos las veces necesarias para mantener la coherencia urbana con lo histórico y las nuevas técnicas de arquitectura o diseño", afirmó Rearte.
Del otro lado
En la plaza Vélez Sarsfield nos encontramos con la otra realidad, asientos de cemento para grupos de gente que los ocupan constantemente todos los fines de semana. Un bebedero más moderno pero siempre bien ponderado por sus visitantes.
Además del adoquín en calle Independencia está ese viejo cartel de letras grandes blancas en imprenta con fondo azul que señaliza la esquina. Más de uno sigue guiándose por él antes que los clásicos que encontramos en otras zonas.
Ni hablar de los juegos, pues en esta zona -donde está la iglesia Cristo Rey y cuyo sector del barrio está protegido por ordenanza - se combinan los de origen ecológico, las hamacas de caucho y los de plástico que el municipio combinó con mesas de ping pong y hasta una plazoleta para hacer ejercicios físicos.
"A medida que la gente lo conozca y se lo apropie entenderemos que la ciudad es un bien común, nos pertenece a todos y tenemos un cierto grado de derecho sobre ella. Es lo que hemos heredado y nos marca quiénes somos", finalizó la arquitecta.
Por ello, independientemente del lugar y más allá del paso del tiempo, San Francisco ofrece a sus habitantes un nuevo paseo, aunque con vestigios del pasado que sin lugar a dudas deben ser resguardados.
