Caminando el cementerio: una travesía hacia el pasado
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Un periodista de LA VOZ DE SAN JUSTO recorrió el predio ubicado en barrio 9 de Septiembre y lo cuenta en esta nota.
El cementerio cuenta con fallecidos a quienes el lujo acompaña todavía, como se aprecia en grandes ornamentaciones, muchas de las cuales tienen la particularidad de estar relacionadas con el estilo arquitectónico predominante en la época en que fueron realizadas. Asimismo, detrás de algunas construcciones, hay sujetos que impulsaron la ciudad, como también quienes ganaron allí mismo, en el paraje de los restos, cierta trascendencia.
La tarde de viernes es gris y el aplomo de la humedad recae mientras en el cementerio, en la parte vieja, el periodista y el fotógrafo se encuentran allí con el hombre que más sabe de la historia de San Francisco, Arturo Bienedell. Choques de manos y sin más preámbulos la visita guiada comienza.
El cementerio tiene su actual ubicación desde 1894, se realizó ante lo distante que resultaba el ubicado en Plaza San Francisco. "Al principio había tumbas, los fallecidos eran enterrados en tierra hasta que comenzaron a construirse los primeros nichos. Después del 1900 vendrían los panteones. Algunos son más que centenarios, como el de 1914 de Alfredo Patrucco, iniciador de la usina eléctrica, un empresario que aportó mucho al desarrollo de la ciudad en sus comienzos. Su panteón tiene una reminiscencia de piedras en el estilo", comenta Arturo.
En el sector de entrada se aprecian los panteones de las primeras épocas, los más ornamentales y con figuras de ángeles, dejando entrever el fuerte lazo entre la muerte y la religión. Sector en el que se encuentran también los monolitos de las instituciones, entre los que está el de la Colectividad Italiana, de 1932, dedicado a los muertos en las guerras civiles (del siglo XIX) y en la Primera Guerra Mundial.
En el margen derecho se puede ver el osario o fosa común, "donde están los restos de personas que a lo largo de las décadas han perdido el derecho a estar en los nichos porque no se pagaron más los impuestos o la familia murió o nadie se hace responsable. Si se avisa con tiempo al municipio, los restos se retiran y se colocan allí. En el día de hoy se pueden arrojar cenizas con autorización previa del municipio".
Saliendo de ese sector, podemos encontrar una sucesión de nichos y panteones que varían en el estilo. "Corresponden los mismos a estilos arquitectónicos, los más ornamentados tienen relación con los materiales que se podían ver en construcciones de la zona céntrica de la ciudad. Entre los '50 y finales de los '60 muchas de las construcciones tenían piedras blancas. Como la de Ricardo Tampieri, que murió en el año '53, al igual que su esposa Rosa Biava (a los pocos meses). Al momento de su muerte no tenía donde ser enterrado y los hijos son los mandan a hacer esta construcción en el '54".
Luego, con el paso de los años, el abandono de cierto carácter solemne en las construcciones de los hogares se trasladarían al cementerio.
El costado místico de una inmigrante italiana
La tumba con los restos Antonia Montanari (inmigrante italiana nacida en Faenza) que falleció en el año 1900, en nuestra ciudad, a los 19 años, es uno de los rincones más llamativos del cementerio: por las flores, imágenes religiosas y plaquetas que hacen de su refugio una suerte de santuario.
"Se la hizo una especie de santa popular -señala Arturo- se cuenta que en un momento dado se hizo una exhumación del cuerpo de esta chica y encontraron que no estaba descompuesto. Y una de las condiciones dice que si un cuerpo no está corrupto o corrompido por la putrefacción no se lo puede sacar. Esa versión corrió por los años '40 y la gente comenzó a acercarse y hacerle pedidos y promesas, y evidentemente alguna se tiene que haber cumplido, sin que esto implique que ella haya influenciado... por lo que fuere, al ir cumpliéndose algunos casos, mucha gente más comenzó a llegar. La cantidad de placas lo hace evidente".

"Antes tenía una estructura metálica arriba, una pirámide de chapa, que se derruyó con el tiempo y no se recompuso. En un momento la gente iba y donaba ropa de bebé, vestidos de novia; hasta se ponían velas que a veces generaban incendios. Por esta razón se prohibió prender velas y llevar telas, sólo se permite dejar flores o poner una plaquita, aunque ya no quede más espacio para ubicarla. Es un sitio que aún hoy es habitual ver gente rezando", añade el ciudadano ilustre.
¿Quién visita a Margaret Cullen? ¿O desde cuántas décadas no se lo hace? Podrían ser los interrogantes a plantearse ante esta niña que solo vivió unos meses y cuya placa está escrita en inglés. "Murió en 1918, su padre era un funcionario de la empresa inglesa de ferrocarriles Central Córdoba aquí en San Francisco, cuando el ferrocarril estaba en el Centro Cívico. Por eso la placa está escrita en inglés. Después, sus parientes se fueron de la ciudad y ella quedó, pero no se le retiraron los restos. Es casi un monumento".
Quien se cruce ante la columna de Cecil Newton, quizá se pregunte quién fue ese señor que lleva un símbolo masón en su placa. "Fue un inglés que se desempeñó como rector de la Escuela Normal Superior 'Dr. Nicolás Avellaneda' desde el año '18 hasta su muerte en enero del '35. En su placa se puede ver que fue maestro masón".

El sentido social de unas españolas y de un hombre de Cañada Rosquín
Uno de los panteones más bellos es de la Orden de las monjas de la Inmaculada Concepción, construcción antigua que tomó aspectos del edificio de la Catedral de Barcelona. Esta orden religiosa llegó a San Francisco en 1915 y al tiempo trabajaron en el Hospital J. B. Iturraspe (inaugurado en 1916); luego fueron las fundadoras del Instituto Inmaculada Concepción (actual Fasta). También trabajaron en la Casa del niño y en el Hogar de Ancianos, se trató de una orden "con fuerte carácter social, y al morir las monjas, que eran todas españolas, fueron siendo enterradas en el panteón".

Bienedell se refiere también a Arturo Taiglioretti, el nacido en Cañada Rosquín que dejó su impronta en la ciudad. Fue empresario talabartero, candidato a intendente por el partido demócrata y en algún momento presidente del Banco de la provincia de Córdoba. Un hombre muy vinculado a las instituciones, en los años '30 cuando había mucha desocupación, el gobierno de Córdoba lanzó las llamadas Comisiones del Trabajo -cuyo fin era generar puestos laborales- y Taiglioretti presidió la comisión aquí en la ciudad. Con el apoyo de la comunidad creó La Casa del Niño donde se empleó a mucha gente. Y trabajó en la creación del Hogar de Ancianos Enrique J. Carrá. Taiglioretti murió sorpresivamente en el inicio del año nuevo de 1961. Después -en su homenaje- se haría la Guardería que lleva actualmente su nombre.

Algunos datos de interés
A las partes del cementerio, vulgarmente las conocemos como "la parte vieja" y "la parte nueva", cuando a esta última sería más conveniente llamarla en todo caso 'menos vieja'. Lo cierto es que remitiendo al habla popular, la parte nueva se edificó a finales de los '70, dado que en la parte vieja no era posible una extensión hacia el sur.
Arturo asegura que desde hace bastante tiempo no se realizaron construcciones de panteones, "sí se han recuperado algunos viejos, comprados por familias que los reacondicionaron".
Por otro lado, las cremaciones comenzaron en los '90 y disminuyeron de algún modo la actividad del cementerio. Debido a que las cenizas pueden tener otros (diversos) destinos: la misma casa familiar, una iglesia o ser esparcidas en un lugar emblemático en la vida del fallecido.
