Bicisendas: novedad que homenajea al “esqueleto que resucita cada día”
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San Francisco se encamina hacia un nuevo modelo de movilidad sustentable. La extensión de la bicisenda acompañó una tendencia que gana espacio entre los ciudadanos.
"Iba por el camino crepitante: el sol se desgranaba como maíz ardiendo y era la tierra calurosa un infinito círculo con cielo arriba azul, deshabitado.
Pasaron junto a mí las bicicletas, los únicos insectos de aquel minuto seco del verano, sigilosas, veloces, transparentes: me parecieron sólo movimientos del aire.
Pensé en la tarde cuando los muchachos se laven, canten, coman, levanten una copa de vino en honor del amor y de la vida, y a la puerta esperando la bicicleta inmóvil porque solo de movimiento fue su alma y allí caída no es insecto transparente que recorre el verano, sino esqueleto frío que sólo recupera un cuerpo errante con la urgencia y la luz, es decir, con la resurrección de cada día".
"Oda la bicicleta", Pablo Neruda, 1957.
Puede el pavimento crepitar o no en las calles sanfranciscqueñas. Pero esos vehículos sigilosos, veloces y transparentes las atraviesan cuando cuerpos errantes, jóvenes y no tanto, se suben a ellas y se lanzan a circular por las bicisendas hace poco marcadas en varias arterias.
Uno de los hechos del año ha sido que San Francisco, una ciudad llana siempre y por lo tanto proclive al uso masivo de la bicicleta, alberga el comienzo de una red de ciclovías que no solo facilitará los traslados y aumentará la seguridad, sino que se tendría que convertirse en un homenaje a aquel esqueleto frío que, Neruda mediante, resucita cada día.
