Entrevista
Bernarte: “Solo soy un vecino más”
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A horas de asumir por primera vez como intendente elegido por el voto popular, el titular del Ejecutivo tuvo una charla íntima con LA VOZ DE SAN JUSTO en la que abordó sus sensaciones antes un hito en su vida política y –sobre todo- personal.
Los teléfonos no paran de sonar en la oficina del intendente. Son horas muy ajetreadas, con mucho por organizar. La agenda no le da respiro a Damián Bernarte, que -un poco por inercia y otro poco por voluntad propia- no se parta un segundo de sus responsabilidades para disfrutar de un momento irrepetible en su carrera política.
Sin embargo, cuando se enciende el grabador de LA VOZ DE SAN JUSTO y la reflexión se hace inevitable, muestra una faceta más íntima de lo habitual, evidenciando que la procesión va por dentro.
“Soy solo un vecino más, que toma decisiones que cree que son lo mejor para todos”, dirá más adelante en la charla. Hablará de sus seres queridos, de los amigos de toda la vida, y confesará que le duele el tiempo que les quitó para perseguir sus objetivos.
Bernarte asumirá esta tarde como intendente de San Francisco por el período 2023-2027. Si bien viene ejerciendo esa función desde que sucedió a Ignacio García Aresca en 2021, esta vez es el voto popular el que le confió los destinos de la ciudad.
Desde que en 2006 incursionó en la política siguiendo lo que define como un “deseo innato”, soñó con este momento, aunque intente quitarle emotividad.
¿Qué sensaciones espera vivir?
Trato de no pensar mucho porque tengo miedo de emocionarme. No me gusta verme expuesto… sé que debería ser algo más natural pero me sucede eso. Entonces trato de no imaginarme mucho por temor a la emoción. Me cuesta mucho disfrutar los momentos de goce pleno. Para mí no hay momento más placentero que jugar al fútbol, pero nunca me divertí haciéndolo. Lo disfruto sufriéndolo, pero es mi forma de ser. Eso se traspola a toda la vida: este trabajo es hermoso, pero también lo padezco. Seguramente estaré preocupado por si el sonido está bien, si las imágenes… si la gente está cómoda. Lo que sí tengo en claro es que es un momento único e irrepetible en mi vida. Aun cuando pueda participar de otras elecciones y pueda llegar a ganarlas, ninguna va a tener el significado que tiene esta.
¿Cuánto camino recorrido hay atrás de este momento?
Detrás hay mucho tiempo, pasado, mucho esfuerzo, mucha obstinación, mucho estudio, mucha preparación. Todo eso me ayuda a valorar más cuando después de resultados adversos, momentos de angustia y soledad puedo ratificar que esa forma de vivir que tengo finalmente –como dice Cerati- tarda en llegar pero hay recompensa. Eso sí me da mucha alegría.
¿La alegría mayor fue el día de la elección?
Tampoco. Ese día estuvieron acompañándome Virginia y Tomás y lo primero que se me vino a la cabeza fue todo el tiempo que les quité. Uno muchas veces, detrás de objetivos de vida, deja cosas importantes en el camino. En ese momento, cuando los abracé y me largué a llorar, era una mezcla de un momento lindo y de pensar cuanto perdí.
¿Y cuánto perdió?
Mucho, a mí me duele cuando hablando con Tomás –que está estudiando en Córdoba- le reclamo que hace mucho que no me llama y me responde ‘pero si te llamo y estás siempre ocupado’. La verdad que no es un piropo. No es ‘qué bien, qué mucho que trabaja’. Eso es perder. Lo mismo, más allá de mis errores, sucede en los vínculos con tu pareja. Inevitablemente, postergás todo en función del trabajo. Eso también exige mucha paciencia de parte de los otros. Entonces, siento –y no está bueno- que en mi vida todo el mundo ha tenido que tenerme paciencia. Por eso me siento en deuda porque pienso que la gente más cercana me dio mucho más a mí de lo que yo le di a ellos.
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Pero si hay mucha gente que se alegra por lo que ha logrado es porque valió la pena…
Me parece que esa es la muestra de amor más grande. Que al final de la rueda lo seres queridos se alegren habiendo tenido que resignar momentos, actividades juntos y muchas otras cosas, es un premio más grande para ellos que para mí. Realmente lo disfrutan y se ponen contentos.
Una vez atravesado este momento, ¿ve lo que viene con optimismo?
Sí, claro. Cuando digo que me cuesta mostrarme de alguna manera vulnerable, en el trabajo es muy distinto porque no se trata de una ambición personal. Yo siempre intuí que me gustaba jugar al fútbol y cuando jugaba lo confirmaba. Siempre intuí que quería ser abogado y cuando llegó el momento de ejercer la profesión, sentía que era realmente lo que me gustaba. Cuando me invitaron a participar de política, era algo que yo tenía dormido pero que era innato en mí. El día que puse el primer pie adentro dije ‘esto es lo mío’. La verdad es que cuando estoy trabajando tengo optimismo, mucha fe y estoy seguro de cuál es la visión, hacia dónde deberíamos ir. Una vez que uno marca el camino, deja todo y la perseverancia, la constancia traen recompensa. Soy muy optimista porque tengo mucha confianza en cuanto al potencial que tiene nuestra ciudad. Si bien San Francisco tiene todo, los servicios están y llegan cada vez a más lugares, pero igual hay mucho por hacer. Hay que darle una mano a una ciudad tradicionalista para actualizarla a los tiempos que corren. Hay una necesidad de innovar, de ser una ciudad más fácil para vivir, donde ya no haya que ir necesariamente una oficina para hacer un trámite sino que pueda haber una vinculación con el Estado mucho más cómoda.
¿Qué cambió de su mirada sobre la política una vez que comenzó a transitarla?
Debo confesar que cuando miraba de afuera lo que sucedía en la vida política, en la vida pública peyorativamente decía que ahí estaban los que habían fracasado en la actividad privada. Después, cuando asumo como concejal y me acerco a la vida del Estado veo que hay mucha gente, la mayoría, que hacen muy bien su trabajo y que son realmente personas capaces. Han decidido prestar un servicio y no son ningunos ineptos, al contrario, son personas formadas y preparadas. Cuando fui secretario de Gobierno di un paso más y noté que realmente la gran mayoría trabaja muy bien. Después, cuando me tocó estar al frente de la gestión municipal, comprendí que está bien que haya políticos que por ahí son criticados porque ‘nunca hicieron nada en la actividad privada’. Si es su vocación y al perfeccionamiento lo vuelcan al servicio público y es político porque su vida transita en la vida pública, está bien. Y mejor que sean profesionales, porque si no, como me pasó a mí, lleva tiempo entender y eliminar los prejuicios. En eso he cambiado y veo las cosas de otra manera.
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¿Cree qué su principal capital político es la cercanía con la gente?
Eso tiene que ver con la crianza y con el ámbito en el que me desenvolví. Es parte de un aprendizaje. Es comprender que el resultado de todo esto depende del aporte de todos. No es que le quiera bajar el precio a mi trabajo, pero yo soy un vecino más. Entonces por qué si durante toda mi vida me manejé de una manera, fui siempre una persona con la que era fácil estar, una función transitoria debería hacerme cambiar. ¿Por qué ponerme en un pedestal? Yo no soy el mejor ciudadano, no soy un ejemplo. El intendente es un vecino más que cumple una función. Yo trato de hacerlo lo mejor posible. Mis amigos del fútbol cuando me fui a estudiar abogacía me cargaban que no me iban a ver más, igual cuando entré a la política, pero sigo teniendo los amigos de toda la vida.
Se vienen tiempos especiales, con un gobernador sanfrancisqueño, pero con un contexto nacional que genera incertidumbre…
Siempre tengo una mirada optimista y positiva sobre el futuro. Me preocupa la situación del país como me preocuparía si el presidente fuera otro: Argentina está en un momento muy delicado. Pero la provincia de Córdoba en general y San Francisco en particular viven otra realidad. Aun en un contexto desfavorable, hemos podido sobrevivir con lo nuestro. Siempre digo que el 70% de los ingresos de la municipalidad son generados por los vecinos. Dos tercios de esos ingresos tienen que ver con la actividad económica. Con el espíritu emprendedor de empresarios y trabajadores que ya han soportado todo tipo de crisis, yo confío en que vamos a poder seguir tomar definiciones en función de lo que genera nuestra gente. Si a eso le agregamos que por primera vez en 137 años de historia San Francisco va a tener un gobernador de la ciudad que además fue intendente y conoce nuestra realidad, que desde el minuto uno muestra que siempre está mirando a San Francisco porque la cesión de los atributos de mando se va a dar aquí, me ratifica a esa conclusión de una expectativa favorable.
Una cuestión de familia
A Bernarte le gusta contar anécdotas que reflejen de cierta manera influencias y hechos que marcaron su vida personal y política. Y en diferentes momentos de la charla habló de cómo sus padres fueron un pilar muy importante para su carrera.
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En el caso de su mamá, cuenta que muchas de sus decisiones de vida las tomó a pesar de sus recomendaciones y como una manera rebelde de demostrarle que todas las generalidades tienen sus excepciones.
Como se sabe, desde niño su gran pasión fue el fútbol. Todavía cursaba la secundaria cuando ya era citado a la primera de Sportivo Belgrano. En ese entonces, su mamá le sugirió que no priorice el deporte y que siga una carrera universitaria.
“Me decía que estudie cualquier cosa menos abogacía porque los abogados eran todos unos chantas. Yo le dije que le iba a demostrar que podía haber abogados buenos. Después me decía que me especializara en cualquier cosa menos en Derecho Penal, porque era peligroso. Tampoco le hice caso. Luego me insistió que no fuera político porque la gente no tiene una buena imagen de los políticos”, cuenta.
Es que la palabra política en la familia Bernarte era casi un tabú. “Mi abuelo paterno fue concejal dos veces y en la familia se dice que perdió dos casas por la política, por eso era casi una mala palabra. Bueno, de una manera casi rebelde me propuse demostrarles que podía haber políticos buenos y hacer las cosas bien para el progreso de la comunidad”.
Más adelante, al hablar de que lo transitorio de la función, puso el ejemplo de su padre. “Él hizo toda su carrera en el Banco Córdoba, empezó desde el puesto administrativo más bajo y llegó al más alto del Departamento San Justo. Cuando era gerente de la sucursal de barrio Sarmiento, tomaba decisiones de a quién se le daba un crédito, quien podía girar en descubierto. Entonces, para esta época del año, era muy común entrar a la casa y tener que andar esquivando canastos de productos navideño, que se solía regalar en ese entonces. Cuando lo ascendieron pero dejó de tomar esas decisiones, ya no hubo canastos”, cuenta.
“Yo tengo en claro que mi función como intendente es transitoria y cuando ya no lo sea, voy a seguir siendo un vecino más. Entonces cualquier pequeña atención o privilegio que pueda tener ahora serán como esos canastos navideños que ya no estarán más”.
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