“Belicismo” inflacionario
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Es grave que el gobierno nacional mantenga posturas y políticas que nunca han conseguido frenar el alza del costo de vida. También es muy serio que recién luego de dos años aparezca la voz de quien lo comanda para advertir que comenzará un período "bélico" para luchar contra la inflación.
Lejos de serenar las aguas, fue desafortunada la apelación bélica lanzada por el presidente de la Nación para anunciar la decisión de incrementar las medidas de lucha contra la inflación galopante que se vive en el país. La utilización de la palabra guerra en el actual contexto no solo brinda la sensación de que ni siquiera los discursos presidenciales se preparan, como tampoco existe empatía frente a la angustiante realidad.
Después de dos años de negar el problema -que son varios más puesto que el fenómeno inflacionario viene de bastante tiempo atrás-, el presidente de la Nación anunció el comienzo de la guerra contra el aumento de precios. Habrá que advertirle que ya perdió varias batallas, las que han determinado que el país se ubique entre los de peor rendimiento económico en el mundo y que su retroceso alcance niveles récord.
El índice de aumento del costo de vida del 4,7% en febrero (o el 8,8% de los dos primeros meses del año) pone en riesgo incluso el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en el que se estableció una pauta del 43% para este año. Un acuerdo que todavía no ha sido aprobado definitivamente por el Congreso Nacional y que ha dividido las aguas en la coalición gobernante, generando más desconcierto aún.
En este contexto, quizás lo más preocupante es la carencia de ideas para iniciar esta "guerra". El diagnóstico que se formula en el poder central es que el aumento constante de precios se debe a la herencia recibida y a la pandemia del Covid 19, a lo que se sumaron los devastadores efectos económicos de la invasión rusa a Ucrania. Este último argumento cae inmediatamente. La inflación de febrero, la más alta para un mes en años, se produjo antes de que la verdadera guerra se instalase en el viejo continente.
Además, las armas para el combate contra el alza del costo de vida son las mismas que no pudieron frenarlo aún. Si no hay revisión de las políticas, si se mantienen las mismas recetas, si no se contemplan nuevas estrategias y tampoco se ordenan las cuentas, la espiral inflacionaria podría degenerar en un estado de cosas muy delicado. La cuestión social debe comenzar a ser mirada con atención. La caída del nivel de ingresos y de la calidad de vida de la población se está tornando dramática en sectores que, en otros momentos, gozaban de cierta solvencia.
En la Argentina de los últimos tiempos, las comparaciones, los memes incluso, se referían a la realidad angustiosa de Venezuela: su diáspora, sus gobernantes caricaturescos y la hiperinflación que devastó al país caribeño. Pues bien, la inflación de febrero fue menor en tierras venezolanas fue menor que la difundida por el Indec y el proceso de reducción de los índices se mantiene allá, mientras que por aquí transita el camino contrario.
Es grave que el gobierno nacional mantenga posturas y políticas que nunca han conseguido frenar el alza del costo de vida. También es muy serio que recién luego de dos años aparezca la voz de quien lo comanda para advertir que comenzará un período "bélico" para luchar contra la inflación, dando la pauta de que las palabras sin sentido viajan en el mismo ascensor que los precios. Y espanta la extendida sensación de que la bola de nieve se agigantará en los próximos meses por la situación internacional y por la impericia nacional. Duele no alentar algo de optimismo y atisbar más padecimientos todavía.
