Análisis
Bandera, Patria y Belgrano
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A propósito del Día de la Bandera, la Patria nos sigue invitando a compartir el orgullo de la argentinidad más allá del fútbol y a reivindicar los símbolos nacionales y el legado de Belgrano sin utilizarlos para dividir, descalificar o enfrentar a quienes piensan diferente.
La historia relata que Belgrano la enarboló por primera vez a orillas del río Paraná el 27 de febrero de 1812, a las 18. Inauguraba así las baterías Libertad e Independencia del flamante y todavía frágil ejército que se creó para impedir el paso de las naves españolas por el Paraná.
Antes, el prócer le había pedido al Triunvirato que se declarase la escarapela nacional "que deberá componerse de los dos colores, blanco y azul celeste". Con esos mismos colores mandó a hacer la bandera que a partir de ese momento ocupó un lugar trascendente en la historia argentina. Aquel 27 de febrero Belgrano arengó a las tropas diciendo "la América del Sur será el templo de la independencia y la libertad".
A partir de allí, cada vez que se rememora el fallecimiento de su creador, el paño celeste y blanco que identifica a la Argentina en el mundo reaparece para instarnos a reflexionar sobre la importancia de exhibir el sentimiento patriótico mucho más allá del festejo de un gol en el Mundial de Fútbol, aunque éste sea quizás el único momento que como sociedad hemos encontrado ese sentimiento de unidad tan necesario para desarrollar las virtudes que nos permitan progresar.
La Bandera es el símbolo que más se relaciona con nuestra manera de vivir, aun a costa de los avatares y penurias que la Patria ha debido sortear a lo largo de su existencia. Su creador fue portador de sentimientos nobles y protagonista de sacrificios notables para que en esta tierra se respirase libertad. Su figura trasciende la enseñanza escolar que hemos recibido. Se extiende hacia todos los órdenes de la vida social y debería ser tomada como el ejemplo más cabal de lo que significa el amor a la Patria.
Sin embargo, como tantos otros hombres ejemplares de nuestra historia, la mirada esquiva hacia el que piensa distinto se traduce en el intento de apropiarse facciosamente de su obra y su pensamiento. La mezquindad que subyace detrás de estas conductas impide que Belgrano pueda ser un símbolo de cohesión nacional. Sus valores y su pensamiento son declamados, pero no imitados. Se los interpreta a la luz de intereses e ideologías que pretenden ajustarlas a su modo de observar la realidad.
En el maremágnum desinformativo actual y frente a la caótica discusión de los asuntos públicos que, desde hace tiempo, se vive en el país, las ideas y la acción de Belgrano resultan significativas a la hora de bucear en el pasado las lecciones para este presente. Porque no sólo tuvo participación militar. Su pensamiento fue importante en materia educativa, en el apoyo a la producción y al crecimiento económico, en el ámbito social, en el fomento de la cultura del trabajo y en la vocación permanente de progreso.
Fue un adelantado en muchas materias. Por ejemplo, a fines del siglo XVIII, Belgrano decía que “la libertad de prensa es la principal base de la ilustración pública. Es tan justa dicha facultad, como lo es la de pensar y hablar, y es tan injusto oprimirla como lo sería tener atados los entendimientos, las lenguas, las manos o los pies a todos los ciudadanos. Es necesaria para la instrucción pública, para el mejor gobierno de la Nación, y para su libertad, es decir, para evitar la tiranía de cualquier gobierno que se establezca”.
En estos días, las banderas en las ventanas y las camisetas a franjas celestas y blancas forman parte del paisaje cotidiano. La pasión por el fútbol lo hace posible. El problema es que, dentro de pocas semanas, el significado que hoy entregan al mundo quedará pronto sepultado hasta dentro de cuatro años.
Es posible que sea una exhortación estéril, pero la Patria nos sigue invitando a compartir el orgullo de la argentinidad sin intentos de apropiarse del máximo símbolo y de las enseñanzas de su creador para menoscabar o agredir al que piensa distinto.
