Flávio Bolsonaro votó este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil en la Escuela Municipal Barão Homem de Mello, en Río de Janeiro, donde llegó acompañado de su esposa, Fernanda Bolsonaro.
El senador del Partido Liberal (PL) emitió su sufragio a las 8:22 y afirmó que llegó “el momento del cambio” para el país, según se informó la Agencia Noticias Argentinas.
El dirigente, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, busca consolidar su llegada al Palacio del Planalto en una elección marcada por la disputa con el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva. Flávio, nacido en 1981 y abogado de profesión, construyó su carrera política en Río de Janeiro, donde fue elegido diputado estatal a los 21 años, antes de llegar al Senado en 2018.
Las dos “brasiles” que se enfrentan en las urnas
Brasil está partido al medio. En mitades que parecen irreconciliables. Y el resultado electoral de la primera ronda presidencial lo demostró. Entre los dos candidatos más votados, Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula Da Silva, se quedaron con el 92% de los votos. Los otros 11 postulantes a la Presidencia apenas cosecharon el 7% de las voluntades de los 125 millones de brasileños que concurrieron a las urnas el pasado 4 de octubre.
De esos, 110 millones eligieron a los dos aspirantes que pasaron al ballotage. Pero hubo 33 millones más que se ausentaron, el 21% del padrón. Y ahora, en el segundo turno, esa polarización no deja escapatoria. No hay alternativa. Es blanco o negro.
O, mejor dicho, azul o rojo. Quienes se acerquen a votar sólo podrán elegir entre Bolsonaro o Lula si quieren que su sufragio sea tenido en cuenta. Dos posturas antagónicas. Irreconciliables. Cómo los dos “Brasiles” que se ponen en juego.
En ese panorama, las encuestas vuelven a mostrar un país dividido. Polarizado. Y, como en la primera vuelta electoral, emerge un Brasil que en el Sur y el Oeste se inclina mayoritariamente por la derecha representada por Bolsonaro y un centro y nordeste que apoya a Lula. Se suele simplificar esa ecuación diciendo que el sur rico apoya a la derecha y el norte pobre a la izquierda. Y, como toda simplificación, tiene algo de verdad y algo de exageración.
Por segunda vez en octubre, más de 158 millones de brasileños irán este domingo a las urnas para definir si Flávio Bolsonaro, clasificado primero en la elección regular del pasado domingo 4, reemplazará a Luiz Inácio Lula da Silva en la Presidencia de Brasil o si éste logrará su continuidad.
La contienda electoral definitiva aparece apasionante con los candidatos igualados prácticamente en las encuestas, después de que Flávio Bolsonaro se impusiera en la primera vuelta por 47 a 45% y un fuerte peso del voto nulo, que quedó en un tercer lugar entre 13 postulantes.
Tercero fue Augusto Cury; cuarto, Renan Santos; y quinto, Ronaldo Caiao, quienes en conjunto se llevaron casi un 9% de las voluntades: de ese caudal de primera vuelta, de los votantes en blanco y nulo, así como de quienes no asistieron a las urnas, podría salir una diferencia que beneficiara a uno u otro candidato de esta batalla electoral final.
Brasil es un gigante agrícola rico en recursos naturales que cuenta con tierras raras, vastos recursos hídricos y enormes reservas de petróleo, como lo viene destacando la Agencia Noticias Argentinas.
¿De dónde sale la mayoría de los votos que incline la balanza?
Más de 2,1 millones de personas viven en las favelas del estado de Río de Janeiro y esos habitantes de las favelas constituyen, para muchos candidatos, un electorado al que hay que seducir, pero también tiene peso el voto religioso, campo en el que Bolsonaro saca ventajas.
Lula es uno de los pocos mandatarios de izquierda que quedan en Sudamérica, mientras que Flávio Bolsonaro pertenece a la pujante derecha en la región, alineado con los actuales gobiernos de la Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, todos simpatizantes a su vez de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos.
La política exterior no jugó un papel importante en la campaña previa a la primera elección de octubre, pese a que esta elección decidirá si Brasil se acerca o no a los Estados Unidos de Trump y a que el mandatario norteamericano nunca ocultó su preferencia por Bolsonaro, aunque en un tono más suave que el expresado por el presidente argentino, Javier Milei.
Washington busca la hegemonía económica y militar en Sudamérica a través de la iniciativa Escudo de las Américas, centrada en la lucha contra el crimen organizado.
Incluso en julio, el republicano impuso sanciones a un juez que declaró a Bolsonaro culpable de intento de golpe de Estado y lo condenó a 27 años de prisión; Washington solo levantó las sanciones tras negociar con Lula.