Balance de un año distinto: ¿Qué nos deja este 2020?
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¿Podemos considerar que fue un año perdido?. ¿Qué enseñanza nos deja la pandemia y todo lo transitado?. La incertidumbre y el miedo son sentimientos que reinaron, pero de todos esos cambios y sentimientos surgieron valores mucho más esperanzadores que nos hicieron reflexionar sobre la vida y la muerte.
Por Isabel Fernández|LVSJ
El coronavirus afectó la vida de todos y atravesó a todos los sectores de la sociedad. En este 2020 que se termina, la pandemia será el eje sobresaliente sobre el cuál haremos nuestro balance habitual de fin de año.
La incertidumbre y el miedo son sentimientos que reinaron en este año impensado, en el que cambiaron radicalmente nuestros hábitos de vida, las formas de socializar y vincularnos, se puso en evidencia aún más la desigualdad social y aumentó la angustia y la ansiedad en las personas. Pero de todos esos cambios y sentimientos surgieron valores mucho más esperanzadores que nos hicieron reflexionar sobre la vida y la muerte.
¿Podemos considerar a este 2020, un año perdido?. ¿Qué enseñanza nos deja la pandemia y todo lo transitado?. LA VOZ DE SAN JUSTO invitó a reflexionar sobre este tiempo inédito a la licenciada en Psicología, María Emilia Gobbo (MP-6876) quien aclaró que lejos de ser un año perdido "nos empuja a reflexionar sobre nuestra propia existencia. Cada ser humano ha transitado sus propios aprendizajes en este año tan atípico, pero a nivel social considero que el aprendizaje más profundo es la perspectiva de la humanidad compartida".
"El virus llegó a cada rincón del planeta, pero las realidades que cada persona tuvo que vivir en esta pandemia son diferentes. Mucha gente perdió la vida, familiares, seres queridos, el trabajo, etc. Esas pérdidas, o la posibilidad cercana de una pérdida, llevan a reflexionar sobre el sentido de la propia existencia y de la condición humana", afirmó.
Un hecho que ocurrió en un lugar de China, remoto para nosotros, hoy repercute en todo el mundo y a cada habitante de este planeta. "La humanidad compartida implica el reconocimiento de la interdependencia humana. No podemos vivir sólo para nosotros mismos, vivimos en interconexión. Esta pandemia nos demuestra que cada una de nuestras acciones inevitablemente repercute en otros seres vivos, cercanos y distantes físicamente, por eso la importancia de cultivar valores como la solidaridad, el amor, la empatía y la compasión", destacó la psicóloga.
De alguna forma esta crisis nos enseñó a salir del piloto automático y a replantearnos el sentido de la vida, tanto a nivel individual como social.
"Nos movió a cuestionarnos sobre los hábitos de vida que hemos construido en torno al consumo y a valorar de otra forma los momentos cotidianos que son fuente de bienestar, como los encuentros con seres queridos, el despertar sano cada mañana, la libertad de poder hacer un viaje o moverse libremente, a valorar los vínculos, los encuentros, el contacto físico y todos los pequeños momentos que en la cotidianeidad de la vida sin pandemia pasaban desapercibidos", dijo la licenciada.
Destacó que otro aprendizaje que nos deja este año "es la gran solidaridad de nuestro pueblo, desde el inicio de la pandemia se pusieron en marcha diversas acciones colectivas y grupos de contención para los sectores más vulnerables y es necesario reconocerlo. Ser solidarios es también una modalidad de afrontar esta situación".

Lic. María Emilia Gobbo
Una salida creativa a la adversidad
Muchas personas afirman que éste fue el peor año, pero otros encontraron soluciones creativas. "Ante las situaciones de adversidad, se vuelve necesario no aislarse socialmente, mantener los vínculos sociales y familiares que sostienen ante situaciones de vulnerabilidad. Hoy contamos con muchos recursos tecnológicos que permiten que esto sea posible", afirmó Gobbo.
Añadió que también es necesario "conectarse con lo que le genera bienestar a cada uno. En este sentido considero que la pandemia nos ha aproximado a la búsqueda del bienestar desde nuestro interior, al desarrollar nuestros propios recursos internos que nos permitan fortalecernos y afrontar esta situación, dejando un poco de lado la necesidad de consumir bienes materiales para sentirnos mejor".
Las problemáticas a nivel social e individual
Entre las problemáticas que se profundizaron a nivel social, la psicóloga advirtió que se puso en evidencia "una gran desigualdad social, donde los sectores más vulnerables han sido castigados tanto por las medidas dispuestas para evitar la propagación del virus, como en el acceso a servicios básicos de salud".
"La desigualdad de género también se ha hecho evidente -dijo-, ya que los casos de violencia de género aumentaron con el confinamiento, obligando en muchas ocasiones a las víctimas a convivir con sus agresores. Además, se debe destacar que en el área de salud predominan las trabajadoras sanitarias mujeres, pero los puestos de mayor poder o jerarquía suelen ser ocupados en su mayoría por hombres".
Por otro lado, a nivel individual se ha observado un aumento en el malestar subjetivo de las personas. "Se evidenció un incremento en indicadores de ansiedad, depresión y estrés desde el inicio de la pandemia hasta ahora. Las medidas de aislamiento, sumadas a la situación de alerta permanente, pueden operar como disparadores de problemáticas pre existentes".

El 2021 comienza con barbijo pero con la esperanza de la vacuna
¿Cómo comenzar un esperanzador 2021?
El mundo y nuestras vidas están en constante cambio y movimiento. El nuevo año llega todavía con barbijo pero también con la esperanza de la vacuna. Comenzar un 2021 esperanzador tiene que ver con aceptar la incertidumbre.
"Si bien se dice que debido a la pandemia vivimos en un mundo incierto, lo cierto es que el mundo siempre ha sido incierto, no podemos predecir ni anticipar qué va a pasar en el futuro. La pandemia hace más visible y presente la incertidumbre humana, la impermanencia", recordó la licenciada Gobbo.
Destacó que se vuelve fundamental en un mundo en constante cambio "cultivar cualidades como la ecuanimidad y la compasión. La ecuanimidad implica el cultivo de una fortaleza psicológica que ante emociones intensas o diversas experiencias que nos presenta la vida nos permite afrontarlas con estabilidad, sin reaccionar".
"La compasión implica una apertura y sensibilidad al sufrimiento de uno mismo y de los demás y la motivación para aliviarlo o prevenirlo, esto tiene que ver con el compartir la condición humana", finalizó.
