Ayuda solidaria imprescindible
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Los merenderos y comedores sociales son un termómetro de la situación económica del país. Se cuentan por cientos los emprendimientos de ciudadanos cuya vocación solidaria se ve hoy sobrepasada ante la demanda de alimentos y ayuda para sortear difíciles circunstancias. Y que, pese a ello, insisten en cumplir con una tarea que no les corresponde, pero que llevan adelante con profundo espíritu comunitario y solidario.
La dirección de Estadísticas y Censos de la provincia de Córdoba difundió hace pocos días su último Monitoreo de las condiciones de vida en el Gran Córdoba. En su estudio, que abarca a las 16 localidades que están ubicadas cerca de la capital provincial, se señala que uno de cada tres habitantes de este conglomerado es pobre. Para más, los datos corresponden al último semestre del año anterior, por lo que -a la luz de la profundización de la crisis económica- quizás la realidad sea bastante peor en la actualidad.
Mediciones como la señalada en el párrafo anterior se repiten en prácticamente todas las ciudades del país, dando por sentado que los inconvenientes de gran parte de la sociedad son tan reales como preocupantes. Es en este doloroso marco cuando reaparece con fuerza la actividad voluntaria de miles de personas que abren y trabajan en comedores comunitarios y merenderos, espacios que procuran aliviar los efectos de la crisis y devolver algo de dignidad a la vida de tantas personas.
En cualquier informe periodístico que por estos días se publique sobre el tema, se difundirán datos proporcionados por los responsables de estos centros solidarios en los que se coincide en torno al aumento creciente de la demanda de ayuda alimentaria. Este efecto palpable de un panorama difícil obliga a comedores y merenderos a redoblar esfuerzos y a aguzar la imaginación para encontrar recursos que permitan seguir atendiendo la emergencia que, en muchos y reiterados casos, es hoy insostenible.
Como ejemplo vale consignar que el merendero La Amistad, ubicado en Frontera, decidió ampliar su quinta en la que cultiva verduras y hortalizas para generar fondos que le permitan continuar con su tarea solidaria y educativa en favor de más de40 chicos de entre 4 y 13 años, provenientes de familias vulnerables. El informe reciente publicado en estas páginas relató que"las bandejitas de lechuga "vuelan" apenas los voluntarios de este espacio social las ponen a la venta. También hay remolacha, achicoria, lechuga, coliflor, zanahoria, apio, pimientos, rúcula y rabanitos". Con estos recursos se puede atender el crecimiento de la demanda y también afrontar el pago del alquiler del predio que ocupa el comedor, que hoy sale del propio bolsillo de los responsables.
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Mientras se repiten situaciones como las comentadas y se elogia el altruismo de personas a las que no les sobra nada pero que procuran atender las carencias de sus vecinos, algunos organismos de gobierno, en especial en la Nación, no reparan en la tarea ímproba que desarrollan los merenderos en todo el país. Es más, se enfrascan en diálogos con algunas organizaciones sociales cuya actividad solo se justifica desde una política clientelar.
En Buenos Aires especialmente, muchos de estos grupostienen motivaciones políticas y así se hacen notar en las manifestaciones que se producen. Sin embargo, se cuentan por cientos los emprendimientos de ciudadanos cuya vocación solidaria se ve hoy sobrepasada ante la demanda de alimentos y ayuda para sortear difíciles circunstancias. Y que, pese a ello, insisten en cumplir con una tarea que no les corresponde, pero que llevan adelante con profundo espíritu comunitario y solidario.
