Avenida Cervantes: una pista de carreras
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Todavía no ha ocurrido una desgracia que involucre a los caminantes de la "costanera" o a las familias que allí se congregan. Pero es inconcebible pensar que deberá ocurrir alguna tragedia de este tipo para avanzar en soluciones
La avenida Cervantes ha sido, hasta la llegada de la autovía a Santa Fe que empalma con la ruta 158, el ingreso principal a la ciudad cuando se llega desde el oeste. Desde el cruce de las carreteras 1 y 19 hasta la avenida Caseros, su derrotero concentra allí una importante porción de la vida comunitaria de San Francisco.
El cruce de vías del Belgrano, el Monumento al Inmigrante Piamontés, el ingreso a un importante hipermercado, estaciones de servicio, locales de diversión nocturna, varios comercios e industrias, dependencias municipales y la Sociedad Rural se ubican en una de sus veredas. Enfrente, la denominada "costanera" es sitio de reunión y esparcimiento así como de la práctica deportiva y recreativa de cientos de sanfrancisqueños.
Tomar nota de la importancia que esta avenida tiene para la vida de la ciudad exige también insistir en que el tránsito se desarrolle con normalidad en días hábiles y también los fines de semana. Decenas de reclamos de vecinos dan cuenta de que en los días festivos, especialmente durante las madrugadas, la avenida Cervantes se transforma en una pista de carreras. Motocicletas que circulan a altísima velocidad con ocupantes sin casco y vehículos conducidos en su mayoría por jóvenes que "pican", a la vez que atruenan con el ruido de sus escapes, son hechos fácilmente constatables. Para más, son esporádicos los controles exhaustivos que se llevan adelante bien entradas las noches de los fines de semana, de acuerdo a los comentarios de vecinos, lo que constituye una invitación a la velocidad sin tregua, que no respeta semáforos ni tampoco encuentra reparos en una conciencia que permita el cuidado de los bienes y las vidas, puesto que muchos conductores circulan alcoholizados, por ejemplo.
Accidentes mortales, autos estacionados chocados, postes de indicación de nombres de calles derribados, incluso vidrieras de algún comercio destruidas, son indicadores de que en la Avenida Cervantes reina el descontrol en algunos días y horarios, especialmente nocturnos y de fines de semana.
Por fortuna, todavía no ha ocurrido una desgracia que involucre a los caminantes de la "costanera" o a las familias que allí se congregan en las tardes soleadas. Es inconcebible pensar que deberá ocurrir alguna tragedia de este tipo para avanzar en soluciones. Controles más frecuentes y extendidos a los horarios de madrugada y, por qué no, la ubicación de reductores de velocidad - incluso factibles de ser removidos luego de las madrugadas más problemáticas que son las de sábado y domingo- pueden ser medidas que tiendan a normalizar la situación del tránsito en la Avenida Cervantes. Está visto que con los semáforos no alcanza para disuadir a los inconscientes que ponen en peligro sus vidas y las de los demás utilizando a esta arteria como una pista de carreras.
