Salud mental
Autolesiones en adolescentes: una alarma que exige volver al diálogo
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El psiquiatra Ariel Finello advierte sobre el peso de la ansiedad, la frustración, la impulsividad, el consumo y la falta de límites, y subraya que detrás de estas y otras conductas hay un malestar que persiste si no se escucha y se interviene a tiempo.
Las autolesiones en niños, niñas y adolescentes se consolidan como una problemática frecuente en los consultorios de salud mental. Lejos de tratarse de conductas aisladas, constituyen la expresión de un malestar profundo que no encuentra otras vías de canalización. En ese marco, especialistas advierten que las razones que llevan a un joven a lastimarse no desaparecen con el tiempo si no son abordadas, sino que tienden a sostenerse o incluso agravarse.
El médico psiquiatra Ariel Finello advierte sobre un cambio significativo en la edad de aparición y en la forma en que se presentan estos cuadros. Señala que prácticas que antes se observaban en contextos clínicos específicos hoy se replican en adolescentes y también en niños. Explica que las autolesiones históricamente aparecían como una forma de calmarse o aliviar tensiones a través del dolor físico, y que con el tiempo comenzaron a extenderse en la población general.
- ¿Qué se entiende hoy por autolesión en adolescentes, cuáles son las formas más frecuentes y qué señales de alerta temprana deberían poder identificar tanto las familias como las escuelas? ¿Esta conducta está asociada a intentos de suicidio?
Las autolesiones, cuando empecé en salud mental alrededor del año 2006, se veían principalmente en personas del ámbito carcelario o en pacientes con trastornos de personalidad límite. Eran casos donde las personas tenían los brazos marcados y utilizaban el dolor físico como una forma de calmarse o relajarse. Con el tiempo, esto empezó a replicarse en los adolescentes. Incluso hay páginas web que enseñan cómo cortarse o dónde hacerlo para que no se note. Muchas veces estas conductas tienen un componente impulsivo y también pueden aparecer desde una lógica manipulativa. La persona que se autolesiona puede presentar dificultades en el control de los impulsos. Aunque se ven casos donde los cortes son superficiales y lineales, incluso prolijos, lo que muestra que no siempre responden a un impulso descontrolado. Aparecen frases como me quiero morir, que se repiten sin una comprensión real de lo que significa la muerte. Hay una desconexión importante, vinculada a que viven muy atravesados por la virtualidad, y eso no es real.
- ¿Qué lugar ocupan la angustia, la frustración y la falta de proyectos en estos comportamientos?
Hoy los chicos no se frustran. Y hay baja tolerancia al “no”. Al no frustrarse, se generan dificultades para aceptar límites. El “no” cumple una función clave en el desarrollo y en la construcción de herramientas para la vida. Aparecen muchas consultas donde los adolescentes dicen que son bipolares, pero confunden el término con cambios de ánimo cotidianos. La bipolaridad es un trastorno complejo, no es simplemente enojarse o estar mal. El problema es que, frente a la frustración, no tienen herramientas para resolver lo que les pasa. Antes, en los juegos, uno perdía, se enojaba, pero después seguía. Ese proceso permitía aprender a manejar el enojo. Hoy muchas situaciones se viven de manera extrema, como si fueran catastróficas, sin poder procesarlas.
Ana Sullivan planteaba que la satisfacción y la insatisfacción deben ir de la mano desde los primeros momentos de la vida. El ejemplo es el de una madre que deja al bebé en la cuna y se va a bañar. El bebé se despierta, llora, se enoja porque necesita algo. La madre no puede acudir de inmediato y tiene que manejar la culpa. Ese tiempo de espera genera en el bebé una experiencia de frustración. Si la madre responde siempre de manera inmediata, el bebé no aprende a esperar. En cambio, cuando hay un tiempo de espera, el bebé llora, se enoja, pero también aprende a tolerar esa situación y a calmarse. Ese proceso es parte del desarrollo. Cuando eso no ocurre, cuando no hay límites ni tiempos de espera, el niño crece sin herramientas para manejar la frustración. Entonces, ante un problema o una negativa, no sabe cómo resolverlo y lo vive de manera extrema.
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- ¿Qué rol juega el entorno digital en la vida de los adolescentes? ¿Existe una normalización de estas conductas o incluso incentivos en redes?
Los juegos digitales tienen una lógica distinta a la vida real. Nunca se pierde del todo, siempre hay otra oportunidad, otra vida. Esto influye en la forma en que los adolescentes manejan la frustración. Además, hay una sobreinformación constante, tanto en juegos como en redes o apuestas digitales. Esto genera una saturación que impacta en la salud mental. También se ha perdido el registro del límite. Se confunden conceptos como libertad con ausencia de normas. Esa falta de límites termina repercutiendo en la forma en que se enfrentan las situaciones cotidianas.
- ¿Cuáles son hoy los principales factores de riesgo en adolescentes y cómo se relacionan con estas conductas?
Se observa un aumento de los trastornos de ansiedad, muchas veces con componentes fóbicos, tanto en lo social como en lo escolar. A esto se suman la agresividad y el consumo problemático. Son factores que aparecen con frecuencia y que se combinan entre sí. Estas condiciones generan un terreno donde la autolesión puede aparecer como una forma de respuesta ante el malestar.
“Hoy los chicos no se frustran. Y hay baja tolerancia al ‘no’ y dificultades para aceptar límites. Muchas situaciones se viven de manera extrema, como si fueran catastróficas, sin poder procesar”
- ¿Existe relación entre la autolesión y la violencia hacia otros?
Las personas con dificultades para manejar los impulsos pueden lastimarse a sí mismas y también tener conductas violentas hacia otros. No se trata solo de violencia física o verbal, sino también de conductas de riesgo, como robar o tomar cosas sin medir consecuencias. Muchas veces estos comportamientos se dan en contextos familiares donde falta contención, donde hay ausencias o donde se repiten modelos de conducta desorganizados.
- ¿Se observa un aumento de estos casos y cambios en la edad de inicio?
Se están viendo problemas de conducta en chicos de 7 u 8 años, cada vez más temprano. Las crisis suelen aparecer frente a la imposición de un límite y pueden ser muy intensas, tanto en lo verbal como en lo impulsivo, con reacciones como patear o romper cosas. Esto refleja una dificultad creciente para tolerar la frustración y para aceptar normas.
- ¿Cómo impactan la incertidumbre social y económica en la salud mental adolescente?
Hoy no hay diálogo. El ser humano no se está escuchando. Todo se transforma en confrontación. Hoy nosotros en la Argentina vemos en el Congreso de la Nación que se interponen, se hablan cara a cara de una forma agresiva. En la calle pasa algo similar, cuando alguien se acerca de esa manera uno ya interpreta que hay un problema o que algo va a pasar. Entonces discutir dejó de ser intercambiar ideas. Hoy discutir es pelear. Antes se podía disentir, pensar distinto y respetar al otro. Hoy eso se perdió. El adolescente crece en ese contexto, donde no hay escucha, donde hay imposición. Si uno no piensa igual que el otro, queda afuera. Esa lógica se traslada a los vínculos y a la forma en que manejan sus emociones.
“El punto central es el diálogo. Escuchar a los adolescentes y generar espacios de encuentro, no a través de pantallas, sino compartiendo tiempo. Pasan demasiado tiempo solos”
- ¿El sistema de salud está preparado hoy para abordar estas problemáticas? ¿Qué políticas públicas considera urgentes?
Hay cuestiones que a nivel parlamentario están implementadas o hay referentes, pero tienen falencias. Se necesita trabajar de forma conjunta desde la atención integral con médicos psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas… para poder abordar situaciones de riesgo y de vulnerabilidad en niños, niñas y adolescentes que muchas veces están expuestos a situaciones de violencia. Si eso no se trabaja, se sigue replicando.
- El Gobierno nacional busca avanzar con una modificación de la Ley de Salud Mental. ¿Qué aspectos considera que hoy no están funcionando y deberían revisarse?
En la Ley de Salud Mental vigente no funcionan determinadas cuestiones, como las casas de medio camino, que son muy pocas o directamente no están. Eso ayudaría mucho a contener a muchos niños, niñas y adolescentes que hoy no cuentan con espacios adecuados de acompañamiento.
- ¿Qué mensaje deja un hecho como el tiroteo en la escuela de San Cristóbal? ¿Qué nos interpela como sociedad frente a estos episodios de violencia?
La cuestión de la violencia está integrada en la sociedad. Hoy vemos en las noticias lo trágico que pasó en esa escuela de Santa Fe y los medios y las redes sociales lo replican constantemente. Pero no se visibilizan aquellas cosas buenas que hacen los chicos.
Prevención y abordaje
- ¿Cómo es el abordaje terapéutico en estos casos?
Lo principal es evaluar el contexto y entender qué le está pasando al adolescente. Hay que ver si hay una patología de base o si el problema es la falta de herramientas para manejar la frustración. El abordaje se puede realizar a través de psicoterapia y, en algunos casos, con medicación. Cuando un adolescente se autolesiona, no se debe reaccionar con enojo o castigo, porque eso genera más cierre. Es fundamental que pueda poner en palabras lo que le sucede.
- ¿Qué vínculo existe con el consumo de alcohol o drogas? ¿Cuándo esta conducta pasa a ser problemática?
Está instaurado a nivel social que para divertirse hay que usar sustancias y eso hace que se minimicen sus efectos. Con la marihuana pasa mucho eso, se la toma como algo leve, pero no es así. La marihuana hoy está modificada genéticamente y tiene un impacto importante en el cerebro, sobre todo en adolescentes. Afecta el lóbulo frontal, que es el área vinculada a la toma de decisiones, al control de los impulsos, al razonamiento y a la sociabilización. Puede generar ataques de pánico, cuadros de ansiedad, brotes psicóticos y también alteraciones en el estado de ánimo. Además, produce cambios a nivel físico, puede afectar la fertilidad y generar daño pulmonar, incluso más agresivo que el tabaco. También genera dependencia y síntomas de abstinencia, algo que muchas veces se niega.
En la adolescencia el consumo es especialmente riesgoso porque el cerebro está en desarrollo. Hay un proceso donde algunas neuronas se fortalecen y otras se eliminan, y el consumo de sustancias interfiere en ese proceso. Es lo que se puede entender como un daño en ese desarrollo, que impacta en el funcionamiento futuro. Se ha visto que adolescentes que tenían predisposición a desarrollar trastornos más adelante, como cuadros psicóticos, los presentan a edades mucho más tempranas por el consumo.
El consumo se vuelve problemático cuando deja de ser ocasional y empieza a interferir en la vida cotidiana, en la escuela, en los vínculos o cuando se utiliza como una forma de escapar del malestar.
- ¿Qué mensaje le daría a una familia que no sabe cómo ayudar?
El punto central es el diálogo. Escuchar a los adolescentes es lo que muchas veces falta. Hoy hay una dificultad general para escuchar, para dialogar y para aceptar diferencias. Es importante generar espacios de encuentro, no a través de pantallas, sino compartiendo tiempo. Muchos chicos pasan demasiado tiempo solos.
