Análisis
Audacia evidente, cálculo necesario
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Javier Milei llegó al poder con la mayor cantidad de votos de la historia y al mismo tiempo, convive con la más grande fragmentación política y social que ha experimentado Argentina en toda su existencia. El desafío requiere audacia, pero también, cálculo.
Utilizando la cadena nacional de radio y televisión, el presidente de la Nación anunció una impresionante cantidad de medidas destinadas a “desregular los mercados, incentivar la competencia, simplificar la relación entre los privados y el Estado, y suprimir la discrecionalidad”, según sostuvo en su mensaje. Al tsunami que provocó la simple lectura de tres decenas de decisiones de alto impacto en la vida nacional le siguió otro similar con las repercusiones de todo tenor que han inundado el debate público y continuarán durante largas semanas, mientras el decreto de necesidad y urgencia es desmenuzado, analizado y puesto en discusión.
Existe la potestad constitucional para que el Ejecutivo pueda dictar un DNU. Su contenido debe cumplir algunos requisitos puntuales que, en este caso, serán también motivo de arduas controversias. Será la política y los juristas quienes tendrán la palabra para dilucidar todos los aspectos que, hoy por hoy, son motivo de tensión y profundización de la grieta ideológica y social.
En este punto, es preciso sostener que la campaña electoral del flamante presidente estuvo basada en promesas que están contempladas en las decisiones anunciadas. Muchas de ellas refieren a necesarias transformaciones profundas de un sistema que, ha quedado claro, ha generado un ostensible deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos y arrastró a la Argentina hasta este punto de no retorno.
No obstante, algunas puntualizaciones son imprescindibles para el análisis desapasionado de lo que está sucediendo. El presidente de la Nación llegó al poder con la mayor cantidad de votos de la historia. Pero, al mismo tiempo, convive con la más grande fragmentación política y social que ha experimentado el país en toda su existencia. Estas dos condiciones contextuales exigen del primer mandatario la asunción de dos atributos esenciales para el ejercicio del poder: audacia y cálculo. Con estas dos palabras, la ensayista Beatriz Sarlo tituló un libro en el que desmenuzó la presidencia de Néstor Kirchner y su impacto en la vida del país. Escribió que estas cualidades son absolutamente necesarias para “ganar la batalla política”.
La utilización de un término bélico como “batalla” remite al general prusiano Carl Von Clausewitz, quien en su obra “De la guerra” también se refirió a las decisiones osadas y a la necesidad de calcular sus efectos. Por caso, señaló que la conducta de decidir en contextos difíciles “surge de un acto del raciocinio, que hace evidente la necesidad de la audacia (…) que es la que origina la determinación en las mentalidades fuertes”. Pero también requiere de “un cálculo de probabilidades acorde con las circunstancias que concurran en el caso”. Sumando elementos, Antoni González Rubí, el gurú español de la publicidad política que asesoró a varios candidatos presidenciales de nuestro país, sentenció: “Gobernar es prever y no podemos hacerlo sin calcular”.
Independientemente del contenido de las medidas anunciadas –que, repetimos, no pueden provocar sorpresa porque fueron adelantadas en varias ocasiones durante la campaña electoral-, está quedando claro que la audacia es un atributo más que notorio en el presidente de la Nación. En las semanas que vienen, habrá que observar con detenimiento si el cálculo también lo es.
