Así lo vivimos desde Brasil
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La Copa América está en su etapa más caliente, pero durante 5 noches en Brasil, no había otra cosa más que hacer que mirar San Isidro. Sin ser un ferviente hincha, el deseo de que alcance lo máximo me hizo seguir cada paso de la final. Una pena lo que pasó. Pero no hay que bajar los brazos.

Pudo haber sido el día más glorioso de la historia del deporte de nuestra ciudad. Al menos así lo sentía. La posibilidad de tener un equipo en la máxima categoría del país en este caso de básquet y pudiendo haberlo conseguido todo por mérito propio era un condimento más que suficiente para saber lo que estaba en juego.
Aún con la mente puesta en un evento totalmente diferente, la pasión por el deporte me llevó a seguir cada instancia de lo que pasaba con esta final, incluso con el último juego de la serie ante Barrio Parque.
Y estuvo muy cerca. Así lo sentí. Quizás no como un hincha del "santo", pero sí con la esperanza de alguien que quiere cosas buenas para el deporte local. Porque como periodista deportivo sé que si le va bien a un equipo de San Francisco, nos favorece a todos.

La tecnología me permitió seguir cada partido al instante. Dos en Salvador, otros dos en Porto Alegre y el último ya en Río de Janeiro. Prendido al celular, haciendo fuerza con la vista, ya que no soy un privilegiado con ese sentido, pero con el objetivo de no perderme un solo instante de lo que podía ser una página dorada del básquet sanfrancisqueño.
El partido de anoche lamentablemente no dio demasiado lugar a la ilusión. Todo se terminó muy rápido. Los colegas misioneros que me acompañan, conocedores de varios integrantes del plantel y cuerpo técnico se sumaron a hacer fuerza. Pero fue en vano. Hubo un rival superior y listo.
Será tiempo de balances, pero esta vez no de reproches. Se podrán poner sobre la mesa muchas cosas y seguro la balanza se mueve más para el lado de lo positivo que lo negativo.
San Isidro construyó en los últimos años una estructura muy seria, que merecía esta vez otro desenlace. El resurgir desde las cenizas lo ameritaba. El ganarse cada paso por mérito deportivo valía la pena ser premiado.
No se dio. Lo que no deben hacer ahora los dirigentes es bajar los brazos. Sabrán ellos pasar este mal trago y volver dentro de poco a emprender el camino. La gente que en los últimos partidos llenó la cancha e hizo interminables colas para conseguir una entrada, no se debe olvidar de estos momentos y volver con todo la temporada que viene.
