"Amor con amor se paga": de Ana María Bovo a Tito Lamberti
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Eusebio "Tito" Lamberti tiene un club de fanáticos, sí, y entre ellos está la escritora sanfrancisqueña Ana María Bovo, que dedicó "en exclusiva" unas palabras sentidas para ese entrañable amigo al que una vez recibió en Buenos Aires.
Podría decirse que Eusebio "Tito" Lamberti tiene un club de fanáticos y que como privilegio además son sus amigos, un puñado de ellos organizó todo para que pueda operarse recientemente y entretanto arreglar su casa para hacerla más confortable.
Todo lo que hacen por él es realizado por y con amor y también en retribución seguramente a la bondad que unió los caminos de sus vidas. Entre esos "fans" está ni más ni menos que la escritora sanfrancisqueña Ana María Bovo que escribió "en exclusiva" unas palabras sentidas para ese entrañable amigo al que una vez recibió en Buenos Aires.
"No me es posible pensar en él sin pensar en su amor por el cine, por el básquet, por la lectura, por El Tala, por los alumnos del Colegio San Martín, por los alumnitos del jardín de infantes del club, por sus padres, por su casa natal, por sus amigos -que son también su familia-. O sea, su amor por la vida", dijo la escritora recordándolo y también para saludarlo por su cumpleaños número 84. Y cerró con una cita de José Martí: "Amor con amor se paga".
A continuación, el texto que Ana María Bovo le dedicó a ¡nuestro querido Tito Lamberti!:
Por Ana María Bovo (*)
Hace unos días atrás, nuestro querido amigo y vecino Tito Lamberti salió airoso de una intervención quirúrgica y celebró otro cumpleaños rodeado del afecto que cosechó desde siempre.
No me es posible pensar en él sin pensar en su amor por el cine, por el básquet, por la lectura, por El Tala, por los alumnos del Colegio San Martín, por los alumnitos del jardín de infantes del club, por sus padres, por su casa natal, por sus amigos -que son también su familia-. O sea, su amor por la vida.
Volviendo al tema del cine, fue el primer narrador de películas que conocí cuando, en la panadería, mientras yo de chiquita hacía la cola hasta llevarme las varillas que vendían en lo de Don Alasino -el pan de cada día-, recibía también como alimento para mi fantasía sus relatos de las películas que había visto la noche anterior.
No hace mucho tiempo atrás me había encantado la figura de "Il postino", aquel cartero que en una isla del sur de Italia recurría a Neruda para escribirle cartas de amor a la muchacha de la que se había enamorado. En el caso de Tito, él condensa en sí mismo al poeta y al cartero. Nunca ha dejado de llamar a la puerta de la casa de mi madre -de mi casa natal- para deslizar cada vez el poema oportuno, un escrito que viene a cuenta de la llegada de la primavera, o del Día de la Madre, o de una próxima Navidad.
Mensajes inspirados.
Mensajes de esperanza.
Mensajes de amor que él reparte puerta a puerta desde su generosísimo, cálido corazón.
Mi madre atesora esos mensajes para que cuando yo vaya de visita me ponga al día con todos sus escritos. También he tenido el privilegio de recibir en mi domicilio de Capital Federal una carta de él, por ejemplo, dirigida a mi hija y a mí. Y tuve la suerte de que él aceptara mi invitación para venir a Buenos Aires y subir conmigo a escena. Porque cuando presenté mi espectáculo "Maní con chocolate" le hacía un tributo a su figura motivadora. Y compartimos la escena cuando él, con absoluta soltura, como si estuviera andando en la bici o en la cancha de básquet de El Tala, contó "Matar a un ruiseñor". Una de sus películas favoritas, entrañables, que lo emocionan y nos emocionan.
También ha escrito innumerables frases en los pizarrones de todas las aulas del Colegio San Martín, donde trabajó tantos años. Y aunque al día siguiente un borrador pasara sobre ellas, quedaron indelebles en la memoria de todas esas generaciones que han confiado en él, que lo tienen como un modelo de vida, que lo han elegido para que les entregue sus diplomas.
Nuestro escritor, nuestro poeta, nuestro narrador de películas, nuestro jugador de básquet, nuestro vecino, nuestro amigo, sigue prodigando y recibiendo más y más cariño. Es que, como decía José Martí, "amor con amor se paga".
Gracias, Tito. ¡Feliz cumpleaños!
Tu vecina de toda la vida, tu amiga.

