Alta costura
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Los sueños de María del Carmen Nasuti no se escriben, ni se pintan sino que se cosen. Lleva 45 años entre telas y máquinas oficiando de modista sin que nada sea un obstáculo antes ni ahora.
Por Ivana Acosta | LVSJ
En la mesa de María del Carmen Nasuti hay una máquina de coser, hilos, tijeras, telas e ideas que se multiplican todo el tiempo. Su amor por el oficio de modista es tan firme como las puntadas que aprendió a hacer primero en su casa con su mamá como guía y después en el colegio.
La señora tiene 65 años y en aquel momento cuando ella estaba en el secundario, eligió como especialidad "Corte y Confección". Terminó la escuela y obtuvo también su título de Profesora en esta área, y esa fue su incursión oficial.
Ya pasaron 45 años de aquella época y se recibió de profesora con otras cinco compañeras pero solo ella siguió dedicándose al mundo de las telas e hilos. Siempre recibiendo pedidos de distintas personas y tratando de dar lo mejor de sí para que la prenda se luzca al igual que la o él cliente.
"Yo coso con moldes a medida, solamente el modelo me tienen que traer o si lo ves en una revista o por internet. Hago la prenda completa, tomo las medidas y eso me enseñaron", contó Mari a LA VOZ DE SAN JUSTO en el ciclo "Los de siempre". Esa imagen está un poco lejos de la primera prenda que realizó donde ella fue la que hizo el pedido ya que se diseñó y confeccionó una pollera. Lo mismo hizo después cuando terminó el colegio para su recepción.
Con 45 años de experiencia ella se considera una auténtica modista, de esas a las que la gente le golpea la puerta y siempre tuvo trabajo. Un poco más o un poco menos, según la época, pero de todas maneras no hay día que no le falte una prenda para realizar.
Con los años también empezó a hacer arreglos, sin embargo, lo más importante de su labor es que ella siempre se valoró a sí misma. "Decían que cobraba caro en una época pero a mí me dijeron que debía valorar mi trabajo, sin estafar. Aunque hay mucha gente que se fue después han vuelto", indicó Mari.

En la casa de Mari siempre hay telas, tijeras e hilos porque "nunca le falta el trabajo".
Grandes recuerdos
La vida fue cambiando para Mari quien formó una familia y además de ser uno de los pilares de ella también se dio tiempo siempre para trabajar. Nunca se dio por vencida ni aun cuando no había tantos pedidos, menos al atravesar tres veces la enfermedad de cáncer o la operación de túnel carpiano a la que se sometió. Nada la imposibilitó jamás.
Entre los desafíos que tuvo también estuvieron los materiales. "Cuando mi hijo terminaba el colegio y tenía que ir al acto el pantalón se le rompió, no estábamos bien económicamente pero mi mamá desarmó uno de mi papá y lo hizo", contó. La anécdota siguió porque "ella le hizo unos arreglos en unas costuras que no le habían gustado pero jamás - por no ofender a su mamá - emitió palabra al respecto".
Esa complicidad entre madre e hija se develó un día casi entre risas cuando la señora le dijo a Mari: "Te enseñé bien hija", en alusión al consejo de que a coser y confeccionar ropa se aprendía "armando y desarmando" porque ella sí se había dado cuenta que el pantalón tenía otra costura.
La mamá de Mari, de quien heredó el oficio y mucho aprendizaje también fue una señora sacrificada. La primera prenda de nuestra entrevistada se confeccionó con tela de una pollera que su madre desarmó para que la jovencita en aquel entonces pudiera tener algo nuevo que lucir
Esas cosas las sigue heredando Mari quien le hace ropa de diseño exclusivo a uno de sus hijos para que pueda salir y tanto llama la atención que incluso recibió pedido de otras personas con esos diseños. No importa si es pantalón, chombas, remeras, camisas, vestidos o polleras para ella no hay imposibles. Todo eso lo aprendió de sus maestras.
"Yo tenía dos profesoras, la de la escuela que me enseñó muy bien y mi mamá que me decía armando y desarmando se aprende el oficio, vas a ver que en un futuro lo vas a agradecer", y vaya que tuvo mucha razón porque sin dudas si ella exhibiera todo lo que ha hecho no quedaría nada en la vidriera.

Una de las grandes profesoras de Mari fue su mamá que la guió.
