Almaceneros advierten que se impone el endeudamiento para comprar alimentos
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El Centro de Almaceneros de Córdoba advirtió que casi 9 de cada 10 hogares deben financiar la compra de alimentos y que la situación podría agravarse en el segundo semestre. La entidad alertó además que cada vez más familias recortan la cantidad y la calidad.
El endeudamiento dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en una práctica cotidiana en la economía doméstica de miles de familias cordobesas. Según el último relevamiento del Centro de Almaceneros de Córdoba, el 89% de los hogares necesita financiar la compra de alimentos, un indicador que la entidad considera una de las señales más claras del deterioro del poder adquisitivo y de la creciente dificultad para cubrir necesidades básicas.
En diálogo con AM 1050 Radio San Francisco, la gerente del Centro de Almaceneros, Vanesa Ruiz, sostuvo que el fenómeno no responde a una mala administración de los recursos familiares, sino a una situación de supervivencia económica. “No es una decisión por no saber usar estos recursos, sino una decisión forzada por supervivencia”, afirmó.
De acuerdo con los datos difundidos por la entidad, un 11,2% de las familias compra alimentos con dinero prestado, un 38,4% lo hace con tarjeta de crédito y un 39,3% recurre al fiado. Apenas una minoría logra afrontar las compras sin financiamiento.
Ruiz recordó que el Centro de Almaceneros fue una de las primeras instituciones en advertir sobre el avance del endeudamiento de los hogares y señaló que la tendencia se consolidó a lo largo de todo el año. “Muchas familias ya compran alimentos en cuotas por falta de ingresos suficientes”, remarcó.
Inflación en baja, pero ingresos que no alcanzan
La dirigente reconoció que la desaceleración de la inflación constituye un dato positivo para la economía, aunque aclaró que ese proceso todavía no se traduce en una mejora concreta para los hogares. El Centro de Almaceneros registró una inflación mensual del 1,9% y proyectó que el año cerrará con un nivel cercano al 30%.
“Es necesario bajar la inflación, pero no vemos una recuperación de los ingresos. Las paritarias vienen atrasadas respecto de la inflación y de los puntos que se fueron perdiendo”, sostuvo.
Para Ruiz, la principal diferencia entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana radica en que los salarios continúan perdiendo capacidad de compra. “Puede que los porcentajes inflacionarios vayan en descenso, pero el segmento social no mejora y lamentablemente comienza a complejizarse”, advirtió.
La representante de la entidad también puso el foco en los factores que podrían presionar sobre los precios durante los próximos meses. “Hay que observar qué puede llegar a suceder con los combustibles por el contexto internacional y el precio del petróleo, también cuál va a ser el comportamiento del dólar. Hay que contemplar si esos movimientos pueden trasladarse a alimentos, paritarias y combustibles”, explicó.
A ese escenario sumó el costo del financiamiento. “Las tasas de interés para refinanciar las tarjetas siguen siendo muy altas. Los gobiernos se financian a tasas bajas y la ciudadanía continúa pagando tasas altísimas”, cuestionó.
Más recortes en la mesa familiar
Más allá de la necesidad de endeudarse, el informe refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo. Ruiz aseguró que la calidad de la alimentación se deteriora de manera sostenida y que algunos productos comienzan a quedar fuera del alcance de una parte importante de la población.
“Estamos con el consumo más bajo de carne vacuna de los últimos 30 años. Cayó un 11,5% y, aunque aumentó el consumo de otras carnes, no logra compensarse”, explicó.
La dirigente añadió que también se registran caídas significativas en el consumo de frutas y lácteos. “Hoy no está puesta la lupa sobre la seguridad alimentaria. Los últimos informes nos hablan también de un debilitamiento en la estructura de consumo”, afirmó.
En ese contexto, consideró que los buenos resultados que muestran algunos sectores exportadores todavía no impactan en la economía cotidiana de las familias. “Son buenos números, pero hay que mejorar lo de puertas adentro, mejorar la comida y mejorar el acceso”, sostuvo.
Uno de los datos que la entidad define como más preocupantes es la dificultad para acceder a la totalidad de la canasta básica alimentaria. Según el relevamiento, el 57,1% de los hogares no logra cubrirla completamente.
Además, el 38,3% de las familias reconoció que algún adulto redujo voluntariamente la cantidad de comida que consumió para que alcanzara para otros integrantes del hogar. Y el dato más sensible, según Ruiz, es que el 27,8% de los hogares con menores de edad informó que durante julio algún niño, niña o adolescente tuvo que reducir la cantidad de alimentos por falta de dinero.
“Eso es grave”, enfatizó. “Es más violento no tener un plato de comida y que los niños tengan hambre. Es desesperante”, agregó.
La percepción de los propios hogares confirma ese deterioro. Al comparar la alimentación actual con la del año anterior, el 32,6% consideró que es mucho peor, el 43,5% que es peor, el 18,1% que es igual y apenas el 5,8% afirmó que es mejor.
Ruiz señaló que ya no se trata solamente de reemplazar primeras marcas por segundas o terceras marcas. “Hoy se habla de los recortes que realiza la familia. Se van cambiando modalidades y teniendo en referencia que recorrer más de un millón de pesos solamente para insumir alimentos es un lujo que pocos hogares pueden brindar”, expresó.
La dinámica de consumo también cambió. “El sueldo queda licuado prácticamente. Si la gente cobra el 5 o el 10, ya lo tiene repartido y destinado. Los movimientos de compras se producen después de pagar las tarjetas”, explicó.
La persistencia del endeudamiento refuerza esa idea. “Seguimos con un número muy alto: el 88,5% de las familias tuvo que financiar alimentos. Ese número estuvo alto todo el año. No pudimos bajarlo”, afirmó.
Finalmente, Ruiz rechazó las interpretaciones que atribuyen el endeudamiento a decisiones personales. “Escuchar desde el Gobierno que nadie le puso una pistola a las familias para endeudarse es una locura. El ingreso salarial no alcanza y verdaderamente hoy tener la tarjeta de crédito para comprar alimentos es un método de supervivencia. Acá no hay aprendizaje que no sea poner un plato de comida en la mesa”, concluyó.
