Algunos vuelven al trabajo otros, nunca se jubilan: la historia de Ramón
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No hay registros oficiales de los pasivos que trabajan, pero el testimonio de Ramón revela que deben salir a trabajar otra vez porque la jubilación que cobran no les alcanza para vivir.
Trabajar después de la edad de jubilación es una opción para muchos, por distintos motivos. Algunos buscan mantenerse activos; otros, simplemente subsistir, porque la pensión mínima que perciben no les alcanza; deben generar otra fuente de ingresos.
LA VOZ DE SAN JUSTO recogió el testimonio de Luis Medina, Rosita Bauri y Ramón Peralta, todos mayores de 65 años. Con el cansancio lógico de una vida de sacrificios y altibajos, los hombres se levantan todos los días para seguir haciendo lo que siempre hicieron: trabajar. Y en el caso de Rosita, a buscar empleo.
Ramón Peralta es toda "una institución" de
la Estación Terminal de Ómnibus de San
Francisco. Percibe la jubilación mínima y completa los ingresos coRamón: "En invierno, la puchereas": "En invierno, la puchereas"n su trabajo
de changarín bajando y subiendo bolsos y cajas. Ya son 47 años que Ramón está presente en
la Terminal haciendo jornadas de siete horas por día, trabajando diariamente con
horarios rotativos. "Hay que 'pechugar', no hay otra salida",
expresó Ramón mientras espera la llegada de los michos de distintos lugares. Tiene 72 "pirulos" pero disfruta de
trabajar y lejos ve la posibilidad de retirarse: "No quiero dejar de trabajar
porque me siento bien de salud y
anímicamente". Con el entusiasmo intacto, no hay valija o
caja que desafíe la edad de Peralta. "Hay una técnica para subir y bajarlas.
Para subirlas, hay que hacer palanca y usamos la rodilla para darle el golpe, y
para bajarlas, bajan solas. Aunque reconozco que hay valijas pesadas", confesó. Ramón es diabético y consigue los
alimentos en la Asistencia Pública, para
ahorrar. "Me siento bien de salud pero no me gusta ir a los médicos", dijo. Peralta admitió que con las propinas
compra los alimentos para él y su esposa, ya que sus hijos tienen trabajo. "Hay
épocas mejores como el verano. En invierno, la 'puchereas'". "Veo muy mal la realidad. Creo que nos
prometieron algo que ni siquiera en la mente de ellos se puede realizar. Nos
vendieron un buzón", se quejó Ramón. "Los impuestos son caros, el agua, la
luz, el gas, todo cuesta mucho y hay que comer", añadió. "Los jubilados siempre se llevan la peor
parte de esto, pero no todos. Hay algunos que cobran $30.000 o $40.000, esos la
pasan muy bien. ¡Decí que gracias a Dios todavía tengo este trabajo!", exclamó.
Ramón: "En invierno, la puchereas"
