Alfonsina Carle: “Estamos acá para que las familias puedan despedirse de sus seres queridos"
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Con esa convicción trabaja la bombera sanfrancisqueña que integra la Brigada USAR ARG-10 Córdoba en Venezuela. Entre montañas de escombros y largas jornadas de búsqueda, la joven contó cómo se vive una misión donde la esperanza convive con el dolor y la vocación de servicio se convierte en el sostén de quienes aguardan una respuesta.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
Hay silencios que pesan más que cualquier estruendo. El ruido constante de las excavadoras rompiendo toneladas de hormigón, las sirenas, las radios encendidas y las órdenes que van y vienen apenas alcanzan para disimular otro sonido, mucho más profundo: el de la incertidumbre de quienes llevan días esperando una respuesta. Frente a un edificio reducido a montañas de escombros, cada piedra removida puede acercar un milagro o confirmar la noticia que nadie quiere recibir.
Allí, en medio de ese escenario devastador, trabaja María Alfonsina Carle. Tiene apenas 22 años, es bombera voluntaria del cuartel de San Francisco e integra la Brigada USAR ARG-10 Córdoba, el equipo especializado enviado por Argentina para colaborar con las tareas de búsqueda y rescate tras el terremoto que sacudió a Venezuela. Su misión no es sencilla. Cada jornada implica enfrentarse al dolor ajeno, sostener la esperanza cuando las probabilidades disminuyen con el paso de los días y continuar trabajando con la convicción de que cada esfuerzo tiene sentido.
La brigada cordobesa, integrada por 32 rescatistas, llegó a la ciudad de La Guaira luego de ser convocada por el Ministerio de Seguridad de la Nación. Tras instalar su Base de Operaciones comenzó a intervenir junto a brigadas argentinas, bomberos venezolanos y equipos internacionales, siguiendo los protocolos establecidos por INSARAG, el grupo asesor de búsqueda y rescate de Naciones Unidas.
Para Alfonsina, sin embargo, esta misión representa mucho más que una experiencia profesional. "Es la primera vez que participo de una misión de estas características. Incluso es la primera vez que la brigada de Córdoba sale a una misión fuera del país", contó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO desde Venezuela durante una pausa del operativo.
Recordó que la convocatoria llegó pocos días después del terremoto. "Los bomberos siempre somos los primeros que recibimos las alertas en una plataforma digital donde, cuando hay un desastre internacional, los países notifican. Venezuela aceptó la ayuda y fuimos convocados a partir del Ministerio de Seguridad de la Nación. Eso fue un viernes. El terremoto ocurrió un miércoles y nosotros finalmente viajamos el viernes siguiente. El sábado de madrugada ya salimos para Venezuela", explicó.
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El arribo fue tan impactante como difícil de describir. "Creo que las imágenes no llegan a describir el desastre que realmente hay en el lugar. La verdad es que son muy devastadoras", afirmó.
Aun así, entre tanta destrucción Alfonsina también encontró gestos que la marcaron. "La gente del lugar está muy predispuesta a colaborar con comida, agua. Los soldados y los militares están siempre con nosotros, cuidándonos. Eso también se siente", relató.
Pero detrás de cada jornada de trabajo existe una realidad que golpea con fuerza. Conforme pasan los días, las posibilidades de encontrar personas con vida disminuyen dramáticamente. "Desde que estamos acá, nosotros no pudimos hacer ningún rescate. Lo único que hicimos fue recuperación de cuerpos", dijo.
Cada mañana, la brigada recibe la asignación de un nuevo sector. La logística está coordinada por la UCC, el organismo encargado de distribuir el trabajo entre los distintos equipos internacionales.
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"Ya trabajamos en seis sectores diferentes. Hicimos el recupero de unos ocho cuerpos sin vida entre el lunes y hoy", explicó mientras, del otro lado del teléfono, el ruido permanente de las máquinas confirmaba que la búsqueda continuaba. "Estamos trabajando con maquinaria pesada. Es imposible mover tantos escombros solamente con el cuerpo. Las máquinas trabajan durante el día y nosotros retomamos las tareas muy temprano, desde las cinco y media de la mañana", describió.
Sin embargo, hay una realidad que condiciona el ritmo de cada operativo. "Las maquinarias no son todas del gobierno de Venezuela, sino que dependen de cada civil que tiene la posibilidad de contratar una empresa para llegar hasta el edificio donde fue afectada su familia o sus amigos y comenzar a trabajar", explicó.
Esa escena se repite una y otra vez: familiares aguardando durante horas frente a montañas de cemento, hierro y polvo. Nadie quiere irse. Nadie deja de mirar. Todos esperan una respuesta. Y es precisamente allí donde los bomberos encuentran el verdadero sentido de su tarea.
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"Sabíamos que las posibilidades de encontrar personas con vida eran las menos. Los milagros ocurren y no perdemos la fe. Pero también estamos acá para entregarles a esas familias el cuerpo de su ser querido, para que puedan despedirlo como se merece y cerrar ese ciclo", expresó Alfonsina.
Aun en medio de semejante escenario, el trabajo de los brigadistas no se reduce únicamente a la búsqueda. También implica sostenerse emocionalmente para poder volver a empezar cada mañana. "Antes de salir, el grupo que va a trabajar tiene una charla con nuestro líder para enfocarnos en el trabajo que vamos a hacer y, sobre todo, para no frustrar al equipo. Muchas veces llegamos al lugar y las estructuras están muy inseguras. Entonces no podemos arriesgar ni a nuestros brigadistas ni a nuestros canes. Trajimos un can que también trabaja y tampoco lo exponemos a ingresar a estructuras peligrosas", contó.
Cuando termina cada jornada, el operativo continúa de otra manera. "Hacemos una reunión que nosotros llamamos defusing. Ahí hablamos de toda la parte emocional que vivió cada uno, cómo se sintió, si hay algo que quedó resonando, algo que nos dejó tristes o si nos gustó cómo se trabajó. Es una manera de cerrar el ejercicio y que no queden cosas que nos afecten para seguir trabajando", relató.
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La contención entre compañeros se vuelve tan importante como la preparación técnica. En un escenario donde el cansancio físico se mezcla con el impacto de recuperar víctimas fatales, nadie atraviesa la experiencia en soledad.
Ese espíritu de equipo también quedó reflejado en uno de los momentos que más la conmovieron desde su llegada a Venezuela. "Hay muchos bomberos de Caracas trabajando acá. Incluso el primer día colaboramos con ellos para recuperar el cuerpo de una de sus compañeras. Lamentablemente ya no estaba con vida, pero ellos nos pidieron colaboración y pudimos trabajar para entregársela a sus compañeros", recordó.
Lejos de las diferencias de idiomas, uniformes o banderas, dice que la emergencia iguala a todos. "Es muy interesante cómo se trabaja con las otras brigadas; es la primera vez que nos cruzamos acá y parece que nos conocemos de toda la vida. Se trabaja con mucho compañerismo. No parece que somos de países diferentes, sino que todos somos brigadistas y estamos para lo mismo: ayudar a la gente que está acá", destacó.
"Tenemos mucho para aprender en el tema emocional y en el tema operativo. Nos damos cuenta que estamos muy bien en muchas cosas porque todos nuestros protocolos están escritos y cada uno de los trabajos queda registrado, pero también tenemos mucho que aprender de otros lugares y de cómo trabajan", aseguró Carle.
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"Me tocó ir a campo y ver tantos brigadistas con un mismo objetivo, que era recuperar al esposo de una señora. Ya sabíamos que no estaba con vida, pero íbamos a hacer el recupero de ese cuerpo. Creo que esa imagen de todo el equipo trabajando por un mismo objetivo es una imagen preciosa y esperanzadora en medio de la tragedia", expresó.
Detrás del casco, los guantes y el uniforme también hay una historia personal. La vocación de Alfonsina nació mucho antes de integrar una brigada internacional. "Mi papá fue bombero durante 27 años en San Francisco y siempre hubo un amor por esto. En 2018 ingresaron mujeres a nuestro cuartel y ahí empecé a formar parte. Soy bombera desde hace siete años y hace dos años integro la Brigada USAR de la provincia de Córdoba", contó.
Para ella, la preparación técnica es indispensable, pero no alcanza. "Yo creo que lo principal es la vocación de servicio. Todo lo operativo se puede aprender. Podemos hacer cursos, estudiar, dedicar fines de semana. Pero si no hay amor y vocación por el servicio al prójimo, no somos nada. Creo que eso es lo principal", afirmó.
Aunque procura enfocarse en el trabajo, hay escenas imposibles de olvidar. “El primer choque con la realidad fue cuando llegamos. Después de tantos días se siguen viendo cuerpos que nadie reclama, cuerpos que no se pueden identificar. Esas imágenes son muy tristes porque nos nace querer ayudar, pero también tenemos nuestros cuidados por los riesgos biológicos y las enfermedades que pueden transmitir los cuerpos en descomposición. Eso nos pone un límite. Más allá de todas las ganas que tenemos de ayudar, a veces no se puede. Y eso se hace difícil", confesó.
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Mientras en La Guaira continúan las tareas de búsqueda entre montañas de escombros, en San Francisco una familia espera noticias de su hija y un cuartel sigue con orgullo cada paso de una de sus bomberas más jóvenes. Ella sabe que quizá nunca pueda borrar de su memoria los rostros de quienes aguardaban detrás de las cintas de seguridad, ni el silencio que precedía a cada hallazgo.
Pero también sabe que, cuando ya casi no queda esperanza, todavía hay una forma de ayudar. Porque entre toneladas de hormigón, polvo y dolor, los brigadistas siguen buscando. No solo cuerpos. También buscan devolverles a las familias la posibilidad de despedir a quienes aman. Y en esa misión, silenciosa y profundamente humana, reside el verdadero sentido de su vocación.
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