Alarmante retracción del consumo
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En nuestra provincia, al igual que en todo el país, la retracción de las ventas está llegando a niveles límites, casi intolerables para la subsistencia de algunos modelos de negocio tradicionales. Y, lo más angustiante, es que no se observan reacciones que permitan dar un giro completo a esta realidad. La pasividad parece ser la constante en los escritorios de quienes deciden la política económica.
Un reciente informe del diario cordobés
Comercio y Justicia reseñó la extremadamente difícil situación que atraviesa el negocio de la
venta de alimentos, bebidas y demás productos de consumo masivo. La fuerte
recesión obligó a algunos de los comerciantes a calificar de "catastrófico" el
panorama, con cierre de comercios minoristas y búsqueda desesperada de
alternativas para continuar sobreviviendo.
El matutino cordobés reprodujo palabras del vicepresidente de la Cámara que agrupa a los supermercadistas de la ciudad de Córdoba, Víctor Palpazelli: "Nosotros como Cámara de Supermercados nos sentamos junto a cámaras colegas en el C20 y en todos los sectores el común denominador es el miedo a lo que estamos sufriendo. Requerimos un giro inmediato a esta situación. La estanflación que vivimos es un proceso muy grave, que encierra escenarios complicados. Hacen falta medidas urgentes, inmediatas que muevan el consumo". Y agregó: "Hoy estamos aguantando, soportando, esperando. Esto en algún momento tiene que cambiar", dijo dramáticamente el dirigente.
Los datos de consumo reflejan la magnitud de la recesión y la imposibilidad de que se puedan mantener muchos comerciantes si las cosas no encuentran un giro. El Centro Unión Comerciantes Minoristas de Córdoba publicó una estadística con ejemplos contundentes: el café en los almacenes cordobeses cayó 40,28%. Lo mismo pasó con el queso cremoso, que cayó 23,4% en las ventas, los yogures (-25%), la leche (-25,3), la carne (-22,35%), el pescado (-27%), entre otros productos.
Al mismo tiempo, según la citada entidad, entre los consumidores más acomodados a la crisis, el cambio en el consumo pasó por pasar de primeras a segundas y terceras marcas. Entre los sectores menos favorecidos, pasó a los productos sustitutos: las menudencias de pollo rotan 35,3% más y los alimentos a base de leche, amplían su circulación casi veinte por ciento (19,4).
Las cosas no son distintas en nuestra ciudad. Un reciente informe de este diario sobre la realidad de los quioscos y pequeños comercios dio cuenta de que se está viviendo una crisis de proporciones. La caída del consumo obligó a los quiosqueros a agregar más productos a la venta puesto que con las golosinas y los cigarrillos, sus caballitos de batalla, no alcanzan para sostenerse económicamente. Aunque sean "mini", muchos ofrecen como a lo "maxi" agregando en su oferta bebidas frescas y sándwiches y ampliando además la venta de colecciones de todo tipo que traen consigo los diarios y revistas: desde libros a personajes en miniatura de todo tipo. En este caso, cada fascículo o elemento coleccionable tiene un costo que oscila entre los 300 y los 600 pesos, lo que brinda un margen de ganancia interesante al comerciante, indicaron desde los negocios consultados. La realidad en los pequeños almacenes de barrio es similar, con una caída de las ventas que alarma.
Nada nuevo se aporta en materia de información cuando se habla del consumo popular en los últimos meses. La retracción de las ventas está llegando a niveles límites, casi intolerables para la subsistencia de algunos modelos de negocio tradicionales. Y, lo más angustiante, es que no se observan reacciones que permitan dar un giro completo a esta realidad. La pasividad parece ser la constante en los escritorios de quienes deciden la política económica.
