Al ritmo de Flavio
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La mayoría de sus entrenamientos los hace solo, después de trabajar. En diez años, Flavio Demichelis hizo de la maratón su distancia preferida: una prueba que todavía le impone respeto y en la que siempre encuentra una razón para exigirse un poco más.
Sale de trabajar, merienda, va al gimnasio y después corre. Flavio Demichelis repite esa secuencia seis días por semana, generalmente sin compañía. "Siempre salgo a entrenar solo. Salvo algún fin de semana que suelo salir acompañado con algún amigo, que generalmente son los entrenamientos más suaves. Pero los entrenamientos que se llaman de calidad los hago solo", explica.
Corre desde hace diez años y ya completó ocho maratones. En Buenos Aires registró 2h35m49s de tiempo neto: terminó 36.º entre casi 17.000 corredores y fue el 15.º argentino en llegar. Fue su segunda mejor marca en la distancia. La primera la había conseguido en Mendoza.
Allí se subió al podio dos años consecutivos. En 2025 marcó 2h31m37s, su mejor tiempo; en mayo de este año terminó tercero con 2h33m48s. "Mendoza tiene un circuito rápido porque tiene desnivel negativo. Largás en Cacheuta y terminás en el Parque San Martín. Obviamente tiene subidas porque no es plano, pero generalmente tiene desnivel negativo", explica.
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Llegó a Buenos Aires dispuesto a mejorar su marca, aunque sabía que encontraría otro recorrido. "Buenos Aires es más plano. Pero la humedad te mata", señala. De todos modos, confiaba en su preparación: "Yo creía que en esta carrera lo iba a hacer. Confiaba en eso".
Durante los primeros 30 kilómetros, esa expectativa seguía intacta. "Venía súper bien. Me sentía bien con las pulsaciones, me sentía bien de ánimo, me sentía fuerte", recuerda. Pero aún quedaban doce kilómetros. La humedad, el calor y varios tramos con viento en contra lo obligaron a bajar el ritmo.
"Desistí del tiempo, pero sí me fui súper contento con la posición en la que terminé", dice. Pudo mantenerse en carrera e incluso superar a otros competidores. "Bajé un montón el ritmo que venía teniendo, pero aun así me mantuve bien dentro de todo, porque otros competidores venían peor que yo y pude pasar". El agotamiento más fuerte le llegó en los últimos dos kilómetros.
Era su octava maratón, pero la experiencia no volvió previsible a la distancia. "Es la única en la que siento que no sé si voy a terminar en lo previo. Después uno va con un objetivo y todo, pero es tan desafiante que le tengo mucho respeto", admite.
Cuando escucha hablar del "muro" del kilómetro 30, no piensa en una barrera que aparece siempre en el mismo punto. "Lo que yo interpreto es cuando ya tenés el cansancio tanto físico como mental. Porque eso es indudable que en algún momento te toca", explica. "Puede que la fatiga te llegue más temprano o más tarde. Lo que todos intentamos es que llegue lo más cercano a la meta".
También cree que a los 42 kilómetros hay que llegar después de un proceso. "Yo hace diez años que corro y por ahí hay gente que se tira a hacer una maratón sin tener un proceso", plantea. "Creo que uno tiene que ir de forma gradual. Primero cinco o diez, sumar varias de veintiuno y después tirarse a los cuarenta y dos cuando recorriste todo un camino".
Leo Pisciolari le prepara un plan individual que adapta a sus horarios de trabajo. "Él nos pasa el entrenamiento de forma individual a cada uno. Es muy personalizado. Después cada uno lo hace a su manera, en el horario que pueda. A mí me resulta muy cómodo hacerlo así", señala.
La organización se vuelve más estricta cuando se acerca una competencia. Sigue las indicaciones de su nutricionista y cuida especialmente los días previos. A veces eso implica faltar a una juntada. "No sé si es sacrificio porque lo hago porque me gusta. Y mis amigos ya lo saben y lo entienden así", aclara. "Le doy mucha prioridad a lo mío. Es un esfuerzo tan grande el que se hace durante tantos meses que no lo quiero echar a perder la última semana o los días previos".
Después de Buenos Aires aflojó. Compartió un asado con el grupo con el que había viajado, tomó gaseosa y comió chocolate y alfajores. "Soy muy consciente del desafío que tengo por delante y en ese sentido soy muy estructurado. No quiero hacer nada que no deba. Y después, una vez que se cumple, listo. Me relajo un montón", reconoce.
Aunque sus registros lo ubican entre los primeros, evita presentarse como un atleta de élite. En Buenos Aires largó desde el corral C, detrás de los grupos reservados para corredores con mejores marcas acreditadas. "No me considero atleta de élite. No siento que tenga los privilegios que puede tener un atleta de élite, porque ellos se dedican pura y exclusivamente a eso. Uno tiene el trabajo", explica. Y agrega: "Pero sí entreno para eso".
Su objetivo es bajar de las dos horas y media. Para lograrlo necesita mejorar el 2h31m37s de Mendoza. "Vos decís dos minutos no es nada, pero es un montón", sostiene. "Son segundos por kilómetro, y esos segundos son una enormidad. Puede ser la diferencia entre que te rompas o no. Vas al límite".
No busca correr distancias cada vez más largas. "Yo creo que la distancia máxima son los 42. Y en los 42, mejorar mi tiempo. Es a lo que siempre apunté", afirma. Disfruta las medias maratones y los entrenamientos de 30 kilómetros, pero en los 42 encuentra su mayor desafío. "Como me gusta mejorar, como me gusta exigirme, me parece que la maratón es la distancia ideal para mí".
Ahora bajará la carga para recuperarse de Buenos Aires. Su próxima carrera será la media maratón de San Francisco el 11 de octubre, que no piensa afrontar como un fondo suave. "Voy a tratar de hacer el mejor tiempo posible. Si me anoto a una carrera, obviamente voy a querer estar dentro de los primeros", asegura.
Después volverá a elegir una maratón y a perseguir los segundos que lo separan de las dos horas y media. "Me gusta mucho la calle. Me gusta bajar el tiempo, mejorar conmigo mismo. Tratar de tener el mejor registro que pueda de lo que me den el cuerpo y las piernas. Eso es a lo que apunto".
