Historias de Liga
Agustín “el Fantasma” Dutto: el goleador que apareció sin avisar y eligió irse joven
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Jugó desde chico, debutó en primera a los 15 y convirtió goles que definieron finales y campeonatos. Nunca buscó el brillo ni la permanencia: dejó el fútbol temprano, eligió el trabajo y la vida cotidiana, y hoy mira hacia atrás con la tranquilidad de quien hizo su camino sin deberle nada a nadie.
Por Leonela Zapata.
“Yo no fui nunca un crack. Los cracks eran otros. Lo único que pasaba es que yo hacía goles”. Agustín Dutto se define así, sin vueltas, como si con esa frase pudiera resumir toda una carrera. No hay pose ni falsa modestia: hay convicción. La misma con la que aparecía en el área, tocaba poco la pelota y definía cuando hacía falta. Por eso le quedó “el Fantasma”.
Su historia arranca en el barrio que era conocido como Macchieraldo, por calle México. “Yo empecé jugando en el campito, contra unos grandotes. Yo era muy chiquito”, recuerda. Ahí lo vio Nelsi Mina, histórico formador del baby fútbol. “Vivía en la esquina. Paró, habló con mi viejo y le dijo que me iba a fichar en River”. Ese día, con apenas seis años, se fue al baby de la peña de River junto a Damián Bernarte. “Nos ficharon a los dos juntos, el mismo día. Medíamos un metro diez cada uno”.
De chico quería ser arquero. “Yo tenía guantes y todo, quería ir al arco, pero Nelsi me decía: ‘no, vos sos muy pequeño, al arco van los grandotes’”. Terminó adelante, donde iba a construir su lugar. “La verdad es que ir al arco es dificilísimo, es peor que jugar arriba”, admite ahora, ya con la distancia del tiempo.
En River hizo todo el recorrido: baby, inferiores, nacionales y primera. “Jugué tres nacionales. Uno lo ganamos”, precisa. En ese recorrido alternaba categorías sin respiro. “En tercera era titular, en segunda suplente y en primera titular. Tenía tres camisetas, tres pantalones, tres medias”, enumera. A esa edad no había descanso. “Vos jugabas tu partido y después jugabas veinte picados con los de tu categoría. Yo quería quedarme jugando con mis amigos, pero me hacían jugar en la otra categoría”.
Cuando terminó el último Nacional, el camino fue Sportivo Belgrano. “Ahí había dos caminos: o te ibas a Sportivo o te ibas al Amateur. El primer día éramos como 60 o 65 jugadores”, recuerda. La selección fue rápida. “Nelsi ya se conocía a todos. Sabía quién era el dos de tal equipo, el tres del sur, el dos de Belgrano. Ya tenía el equipo en la cabeza”. De ese grupo quedaron poco más de veinte.
Debutó en primera con apenas 15 años. “Fue en septiembre. El técnico era el “Indio” Navarro. Puso cuatro número nueve juntos”, cuenta entre risas. “Jugamos el Negro Hidalgo, Mauro Pazzarelli, el “Rulo” Badía y yo. Nos puteaban a los cuatro”. Ahí aparece una idea que repite varias veces durante la charla: “Todos eran mejores que yo, de verdad. Eran muy buenos jugadores pero eran muy generosos y yo hacía goles”.
Los números acompañaron esa sensación. “Salí goleador en tercera, en segunda, en primera, en Nacionales, en las inferiores de Sportivo”. Según el recuento que armó con amigos, hizo 93 goles oficiales. “La cuenta la hicimos entre todos, porque ellos se acuerdan más que yo. Yo me olvidé de muchos”.
Cuando habla de compañeros, se detiene. “Yo siempre jugué con muy buenos jugadores. Quizás yo era el menos dotado técnicamente, el que menos cabeceaba, pero tuve suerte”. Y cuando menciona a Marcelo Frócil, se le cambia el tono. “Después de Maradona y Messi, el mejor que vi fue al "Chelo". Y no lo digo porque sea amigo, jugué muchos partidos con él. Era una lechuza, de espalda te veía igual: giraba la cabeza y te la ponía a los pies. Con ´Plumero´ Beldoménico era igual”.
Los títulos también aparecen en el recuerdo. “En el ´87 ganamos la Copa Gobernación. Ganamos 1 a 0 e hice el gol yo”. El 25 de septiembre de 1988 Sportivo ganó la Liga Cordobesa. “Empatamos 0 a 0 allá y ganamos 1 a 0 acá. Hice el gol. Después jugamos otra final un 30 de diciembre. Ganamos 3 a 0 y yo hice los tres goles”, en ese año Sportivo logró dos campeonatos.
En 1994, Sportivo Belgrano atravesó una etapa de fuerte protagonismo en el fútbol cordobés y protagonizó un hecho poco habitual: disputó tres finales oficiales en la misma temporada frente a Racing de Córdoba, correspondientes a los torneos Apertura, Clausura y la definición anual. En ese contexto de paridad extrema y margen mínimo, Agustín volvió a cumplir su rol: aparecer en partidos decisivos, marcar goles en finales y sostener una constante de su carrera, que cerró con 93 goles oficiales, muchos de ellos en instancias definitorias.
El apodo nació justamente en una de esas definiciones frente a Racing. “El relator era Raúl Oscar Videla. Cuando hago el gol dice: ‘apareció el fantasma del área. No lo ven, no lo nombran, y apareció’”. Desde ahí quedó. “Yo jugaba raro. Tocaba poco la pelota. Me quedaba en un sector. Y cuando venía la jugada, estaba”.
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Tuvo un paso por Suardi, el club de su familia. Allí jugó durante dos años. “La cancha es el campo de mi abuelo. El club lo fundó mi viejo con unos tíos”, cuenta. Para él no fue un pase más: fue volver a un lugar propio. “Yo nací en Suardi, iba todas las vacaciones de chico. Conocía a todo el mundo”. Compartió equipo con amigos y vivió definiciones intensas, marcadas por el clima típico del fútbol de la región.
Dejó el fútbol joven, antes de los 24 años, y no por falta de ganas ni por una lesión. Fue una decisión práctica. “No ganábamos plata, o muy poca, y yo tenía que trabajar”, explica. En ese contexto, el fútbol empezó a ocupar un lugar secundario en su vida cotidiana. A eso se sumó un quiebre puntual: durante un torneo tuvo un cruce fuerte con Nelsi Mina y decidió no seguir. “Me enojé y no fui más”, resume. No hubo marcha atrás ni nostalgia. “No lo extrañé para nada”, dice.
Nunca jugó por plata. “No me movilizaba el dinero. Una vez me llamaron para jugar y les dije: ‘voy, pero llevo un amigo y lo que me des lo repartimos’”. Recuerda también su fama de no entrar en calor. “Yo decía que era verso. Usaba medias bajas, no hacía nada. Me decían que el día que me desgarrara me iban a coser con hilo de oro… y un día me desgarré”.
El gol que más satisfacción le dio no fue en una final: “Fue jugando por un lechón en Carlos Paz. Estaba desgarrado, sentado afuera. Me dicen ‘entrá’. El arquero saca con la mano, estaba adelantado, y le pegué desde mitad de cancha”. Se ríe y completa la anécdota: “No tenía ni botines, creo que tenía zapatillas. Y sí, ese día ganamos el lechón. Ese fue el gol que más disfruté”.
Hoy sigue al fútbol, pero a su manera. “Miro mucho fútbol argentino. Y donde juegue un argentino, miro”. Es socio de Sportivo, aunque ya no suele ir a la cancha. “El domingo es el único día que tengo para estar en mi casa”, explica. Tampoco se imagina en otro rol. “Nunca quise ser dirigente. No tengo nada para aportar. Si no voy a sumar, ¿para qué voy a molestar?”.
Cuando le preguntan qué le dio el fútbol, no duda. “El fútbol me dio amigos. No me dio plata, pero me dio amigos y respeto”. Y en esa frase, simple y definitiva, parece cerrarse todo: el Fantasma apareció, hizo goles, dejó huella y siguió su camino, sin mirar demasiado para atrás.
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