Sociedad
Adolescentes: “Es una mirada muy simplista creer que todo se resuelve con castigo”
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Tras el crimen en una escuela de San Cristóbal, la defensora de Niñas, Niños y Adolescentes de Córdoba, Amelia López, llamó a abordar el tema desde una mirada integral. “Nos trae una alerta terrible. Nos obliga a pensar qué les está pasando a los chicos emocionalmente”, dijo.
CORDOBA (Corresponsalía)-. El reciente y dramático crimen ocurrido en una escuela de San Cristóbal, protagonizado por un adolescente de 15 años, volvió a encender alarmas y a instalar un debate que atraviesa a toda la sociedad: cómo abordar la violencia en las adolescencias. En ese contexto, la titular de la Defensoría de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de Córdoba, Amelia López, advirtió sobre los riesgos de reducir la discusión a respuestas punitivas.
“Es una mirada muy simplista tratar el tema desde la punitividad. En el fondo no resuelve nada”, sostuvo, al tiempo que planteó la necesidad de comprender la complejidad de los procesos que atraviesan los jóvenes.
En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, López explicó que la Defensoría es un organismo de garantía y control que trabaja desde una perspectiva integral. “Nosotros no miramos las problemáticas adolescentes desde un sector, no las miramos solo como alumnos o como pacientes o como hijos, sino que las miramos integralmente como sujetos de derechos”, señaló. En esa línea, cuestionó la forma en que se construye el discurso público sobre las adolescencias. “En la narrativa pública la adolescencia aparece como un problema, como un riesgo, y no se profundiza en la diversidad de situaciones que atraviesan los chicos”, afirmó.
Para la funcionaria, este contexto se da en una sociedad atravesada por múltiples tensiones. “Es una sociedad con vínculos muchas veces violentos, con mucha agresión, y también atravesada por el consumo, no solo de sustancias sino también digital”, explicó. Y agregó: “Han cambiado mucho los vínculos entre los chicos a partir de las redes sociales, que han traído nuevos problemas, nuevas exposiciones a situaciones de violencia que muchas veces ni siquiera corresponden a sus propios contextos”.
En ese marco, destacó el trabajo preventivo que se viene desarrollando desde hace años. “Nosotros empezamos con talleres sobre bullying y después los fuimos reconvirtiendo en ciberbullying, porque tienen que ver con los modos en que los chicos se vinculan entre pares”, explicó. Y profundizó: “Tanto quien agrede como quien es agredido necesita que se entienda qué le está pasando en el fondo, cuáles son las causas de ese comportamiento”.
El caso de San Cristóbal, remarcó, obliga a una reflexión más profunda. “Es un caso muy complejo, que nos trae una alerta terrible. Nos obliga a pensar qué les está pasando a los chicos emocionalmente”, sostuvo. En ese sentido, subrayó la importancia de trabajar sobre las emociones: “La emocionalidad de un adolescente está en construcción, y hay que acompañarlos para que puedan reconocerla y gestionarla”.
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Prevención, acompañamiento y responsabilidad
López también puso el foco en las nuevas problemáticas vinculadas al mundo digital. “Hoy vemos muchos casos de acoso, de grooming, de extorsión con imágenes. Eso genera una profunda angustia en los chicos”, advirtió. Y vinculó estas situaciones con cambios más amplios en la estructura social: “La disgregación familiar tiene un costo. Muchas veces no hay adultos que acompañen”.
En esa línea, sostuvo que muchas de las conductas que preocupan son síntomas de un malestar más profundo. “Los chicos tienden al consumo, a la violencia, incluso a la autolesión, pero todo esto es la punta del iceberg. Debajo hay muchas causas de malestar adolescente”, siguió.
Entre esas causas, señaló la falta de referentes adultos. “Los chicos no encuentran adultos que los escuchen sin juzgarlos, que puedan dialogar con ellos, que les den razones. Cuando uno dialoga con un adolescente, es muy distinto a cuando solo se lo enjuicia”, planteó.
Respecto al debate sobre la edad de imputabilidad, fue clara al cuestionar las soluciones simplistas. “Cuando un adolescente comete un delito, el primer paso es la responsabilización, pero también hay que buscar las causas por las cuales lo cometió”, indicó. Y agregó: “La mayoría de los chicos que cometen delitos lo hacen en situaciones vinculadas a necesidades básicas”.
En ese sentido, criticó las respuestas centradas exclusivamente en el castigo. “¿Qué creemos que vamos a lograr si solo lo ponemos en un lugar de encierro?”, se preguntó. Y respondió: “Trabajar con un chico exige diagnóstico, acompañamiento, escucha, que pueda reconocer sus actos y repensarlos”.
También vinculó estas situaciones con el contexto económico. “La pobreza impacta especialmente en la franja adolescente”, afirmó. Y remarcó que el abordaje debe ser integral: “Si nos quedamos en la pena, estamos equivocando las salidas sociales”.
Sobre la discusión pública, advirtió además sobre la influencia de las redes sociales. “La opinión pública está muy atravesada por los algoritmos. Se instala una idea como solución y después cuesta escuchar otras razones”, sostuvo.
Finalmente, insistió en la necesidad de fortalecer las políticas de prevención y cuidado. “Hay que trabajar más en prevención, en acompañamiento, en construir entornos seguros”, afirmó. Y concluyó con una definición que sintetiza su mirada: “Yo creo que con la ley no vamos a mejorar absolutamente nada si no abordamos el problema de fondo”.
