Adolescentes: entre la noche y el alcohol
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La clausura de bares y boliches en la ciudad por la presencia y consumo de alcohol por menores encendió la alarma. ¿En qué sociedad están viviendo los chicos?, ¿De quién es la culpa? La palabra del psicólogo Daniel Rossa sobre la problemática que vive toda una generación.
La clausura de bares y boliches de la ciudad por la presencia y la venta de alcohol a menores revela un problema social complejo que pone sobre el tapete qué es lo que buscan los jóvenes de la noche y qué se les ofrece.
Ante un nuevo perfil de adolescentes, el psicólogo de nuestra ciudad, el licenciado Daniel Rossa (M.P. 8.758) reveló a Voz Mujer cuál es el entramado social en que están insertos y donde constantemente se buscan culpables.
"Todo es hoy consumido. La noche es imagen y consumo, y como tal, los comportamientos y los cuerpos de los sujetos son envueltos en esa lógica perversa que tiene modelos, estándares y se reduce todo a la rentabilidad de cuerpos que sobreviven al aburrimiento, a la monotonía y a la rutina de su existencia", dijo Daniel Rossa.
"Los parámetros de consumo no son para nada azarosos, sino privilegios perversos, porque sobrevivir al capitalismo lo es y el mismo se viste además como modelos exitosos. La noche para muchos es un refugio en el que se siente plenitud fuera de toda norma que la vida diurna les recuerda como `deber ser´", comentó el psicólogo.
Para Rossa, la culpa no es de los menores, de los padres o de los actores que sirven las bebidas. "La culpa -si a alguien le hace feliz encontrarla- es de la lógica de rentabilidad capitalista y de la cultura `argenta´ que tira de la cuerda hasta ver donde se llega", sostuvo el profesional.
En este contexto socioeconómico, los adolescentes ya no "adolecen" de nada como antiguas definiciones de ese ciclo vital, sino que ocurre todo lo contrario. "Necesitan el sostén, el apoyo y la contención de un gran otro significativo para que ellos puedan y aprehendan a clasificar tanta hiperinformación que les imprime la vida más allá de los afectos y lo conocido. Sobretodo para que ellos mismos reconozcan hasta que límites deberían llegar y que si se apropian de conductas anónimas, antisociales y de falta de empatía, también tienen que entender que son eso que los lleva más allá de lo que lo humano puede soportar deberían buscar ayuda si no se puede solo o sola y alguien que los oriente para que la encuentren", afirmó el psicólogo.
La anomia como cultura
Para la psicología y la sociología, la anomia es un estado que surge cuando las reglas sociales se han degradado o directamente se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad o también puede referir a la carencia de leyes.
"Las leyes están pero no se cumplen como debería ocurrir porque siempre van a haber grises que encubren acciones que luego desencadenan tragedias que todos lamentamos o como mínimo una faja de clausura de un lugar que luego va a incurrir en las mismas acciones para volver a reflejar que el poder lo tienen otros y no las leyes, porque claro, ya sabemos todos que es Argentina", expresó Rossa.
"Una comunidad más sana es cuando las leyes se cumplen sin indicios de corrupción en la cúpula que hacen cumplir la ley y sin el hostigamiento al trabajador que cumple con todo para hacer funcionar su negocio. Lo malo es cuando las leyes no se hacen cumplir y todos juegan al gato y al ratón, y si queda gente en el medio de esa guerra, no importa", explicó el profesional.
"Ahí es cuando la perversión actúa, digamos que sería una ´micro´ perversión en un sistema que ya mencioné que lo es a nivel macro de lo económico y cultural".
"Lamentablemente hay que entender que el ser humano siempre necesitó y necesita un freno, porque somos finitos en la existencia y eso nos preserva. Aprendemos del `no se puede´ o `esto no´ a muy temprana edad, pero los negocios son otra cosa, precisamente trasgredir esas reglas internas en muchas ocasiones como también camuflarse en los grises de la ley para que al ser descubiertos `el castigo sea menor´".
"Siempre al final del camino está quien nos impone la civilización o la cultura de lo lícito y lo que no lo es, de lo que sí y lo que no, y que no todo se explica sino que simplemente lo es para poder convivir en sociedad", concluyó.
