Además del agua, los robos
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Unos veinte productores tamberos ubicados en campos linderos a barrio Acapulco, en jurisdicción de Josefina, volvieron a denunciar que son objeto de abigeato de animales que originalmente tienen destino de tambo, aunque sin embargo, de manera sistemática, son sacrificados y posteriormente su carne es ofrecida a la venta de manera ilegal en la zona. Así lo hicieron saber en declaraciones a este diario publicadas días atrás.
También señalaron que, pese a las denuncias policiales realizadas, en este tiempo no se han producido detenciones. Y, como es lógico, esta situación genera una creciente preocupación entre los productores que no sólo sufren las inclemencias meteorológicas adversas de este verano, sino también el accionar de delincuentes que se dedican a robar ganado y a faenar de manera clandestina para luego vender la carne en algunos comercios de San Francisco y la zona que se prestarían para terminar de configurar la maniobra delictiva.
Lo cierto es que las penurias de los productores necesitan respuestas inmediatas. Porque no se puede seguir soportando que, además del agua y los vaivenes propios de la cadena lechera, se fagocite el esfuerzo de años por el accionar de bandas de asaltantes que tienen perfectamente conocida la zona en la que se mueven y las falencias notables de vigilancia y control que se verifican en la frontera entre las dos provincias.
La palabra de uno de los afectados, oriundo de nuestra ciudad en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO es gráfica respecto a la gravedad de la situación: "La producción tambera tiene serios problemas de la mano de la inundación y los bajos precios pero hay uno tan o más serio que es el abigeato. Delincuentes roban animales de pedigre, inseminados, que vienen de años de crianza y los hacen carne. Además destruyen todo. Es algo muy triste lo que estamos viviendo". En su mismo análisis dijo que "este es un flagelo por el que estamos atravesando muchos productores de la zona de Córdoba y Santa Fe. De acuerdo a lo que pudimos averiguar, estas personas luego de matar a los animales sacan la carne del campo. Nosotros sabemos quiénes son, el lugar donde faenan está en barrio Acapulco. Hicimos las denuncias ante la comisaría de Josefina y hasta el momento no pasó nada".
La última frase del productor revela también la inacción de la autoridad frente al flagelo del abigeato y la faena clandestina. Por supuesto que los móviles no pueden ingresar a los campos luego de las lluvias por la intransitabilidad de los caminos. Pero esto no obsta para que se hagan las averiguaciones que permitan identificar a los delincuentes que, por las mismas palabras del entrevistado por este diario, incluso serían conocidos.
Para peor, además de esta ineficacia policial, la faena clandestina podría traer problemas sanitarios de magnitud, puesto que las medidas de higiene por lo general no son tenidas en cuenta por los delincuentes. Entonces, los riesgos en la salud pública son enormes cuando el producto del abigeato y la faena pasa a formar parte de una cadena informal de comercialización y eluden los controles bromatológicos.
La indefensión de los hombres de campo y de la población en general ante estas prácticas reñidas con la ley es suficiente motivo como para que las fuerzas de seguridad trabajen de manera decidida para dar con estos delincuentes rurales. Si no se ocupan de ello, el robo de ganado nunca dejará de ser un flagelo acuciante y preocupante.
