Abrazadoras: mujeres que sostienen con amor a bebés que no pueden estar con su familia
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En la Nueva Maternidad Provincial de Córdoba, 72 voluntarias dedican parte de su tiempo a sostener en brazos a recién nacidos que atraviesan una internación. La Fundación Abrazadoras nació a partir de una necesidad detectada en Neonatología y hoy también acompaña a madres y familias en situación de vulnerabilidad. El abrazo que nadie olvida, incluso antes de poder recordarlo.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
CORDOBA (Corresponsalía)-. En una sala donde el sonido constante de los monitores se mezcla con el silencio que rodea a las incubadoras, hay un gesto que cambia por completo el escenario. Es el abrazo. Un abrazo largo, sereno, silencioso, capaz de ofrecer calor, contención y compañía a bebés que atraviesan los primeros días de su vida lejos de los brazos de su familia.
Ese es el corazón del trabajo que realiza la Fundación Abrazadoras en la Nueva Maternidad Provincial de Córdoba, una organización integrada actualmente por 72 voluntarias que acompaña a recién nacidos internados en Neonatología y también a sus familias, muchas de ellas atravesadas por situaciones de extrema vulnerabilidad.
La historia comenzó en 2018 en el Hospital Misericordia. Allí, una realidad cotidiana despertó una pregunta que terminó convirtiéndose en un proyecto solidario. "Una de las chicas de la terapia detectó la soledad de los bebés, muchas madres no podían estar acompañándolos y entonces decidieron implementar este voluntariado junto con la doctora Ana María Rognone (actual presidenta de la fundación)", recordó Marcia Irazuzta, coordinadora, en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
La iniciativa fue creciendo con el paso de los años. Cuando en 2023 todo el servicio de Maternidad y Neonatología se trasladó a la Nueva Maternidad Provincial, el grupo también se mudó para continuar la tarea. Poco después comenzaron los trámites para constituirse formalmente como fundación. "Empezamos a trabajar con todo el equipo del voluntariado y creamos la fundación el año pasado", explicó Irazuzta al repasar un camino que hoy moviliza a decenas de mujeres comprometidas con una misión muy particular.
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El ingreso al voluntariado no es sencillo. Quienes desean convertirse en abrazadoras deben atravesar entrevistas exhaustivas, cumplir protocolos estrictos y realizar una capacitación de casi tres meses. Es que el trabajo se desarrolla dentro de una unidad de cuidados intensivos neonatales, donde cada intervención requiere responsabilidad y preparación.
Las voluntarias no solo acompañan a los bebés. También contienen a madres y padres que llegan desde distintos puntos del interior provincial y que muchas veces enfrentan, además de la preocupación por la salud de sus hijos, dificultades económicas, problemas para permanecer en la ciudad o la necesidad de regresar a sus hogares para cuidar a otros niños.
"La Maternidad brinda la Casa de Madres para que puedan quedarse si su bebé está internado. Cuando eso no es posible, ofrecemos nuestro programa de abrazos, siempre con el consentimiento firmado por la familia", señaló.
Lejos de ser un simple gesto afectuoso, el abrazo tiene una técnica específica respaldada por investigaciones sobre el desarrollo infantil. "Está comprobado científicamente que ese abrazo, realizado con esa técnica, tiene una incidencia en el neurodesarrollo del bebé", explicó Irazuzta.
Por cuestiones éticas, el contacto no replica exactamente el método canguro que realizan las madres. Las voluntarias sostienen al bebé apoyando cuidadosamente su rostro sobre el pecho y permanecen en absoluto silencio durante al menos una hora y media, sin movimientos bruscos, canciones ni estímulos adicionales.
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El objetivo es ofrecer un espacio de calma. Que el recién nacido pueda percibir el calor corporal, escuchar los latidos del corazón y descansar lejos del estrés que producen las luces, los sonidos permanentes y el aislamiento propio de una incubadora.
Con el paso del tiempo, las abrazadoras comenzaron a observar cambios que, aunque todavía buscan sistematizar mediante registros propios, aparecen una y otra vez frente a sus ojos. "Hay un cambio. Se nota una mejor regulación de la temperatura, cambian el color de la piel y el bebé se relaja completamente cuando escucha el latido del corazón y siente el calor del cuerpo", describió Irazuzta.
Ese trabajo cuenta con el respaldo permanente del equipo médico de la maternidad. "Tenemos un apoyo total. Trabajamos directamente con las terapistas, las fonoaudiólogas y todo el personal. Nosotros venimos a sumar lo que muchas veces ellos proponen y que los papás no siempre pueden hacer porque no pueden permanecer todo el tiempo en el hospital", afirmó.
La tarea, sin embargo, no termina cuando finaliza una sesión de abrazos. Las voluntarias recorren diariamente las distintas salas de internación acompañando a madres y familias. Escuchan, orientan, acercan información, gestionan donaciones y resuelven necesidades tan básicas como conseguir un camisón, una muda de ropa, un kit de higiene, pañales o una faja posparto.
"Hay familias que llegan simplemente con lo puesto", resumió Irazuzta. Muchas provienen del interior provincial, otras atraviesan situaciones económicas extremas e incluso algunas madres llegan privadas de la libertad. "Nosotros estamos ahí con una muda de ropa, un kit de higiene para que pueda darse un baño, lavarse el pelo, ponerse unas pantuflas y un camisón. También tratamos de que ese bebé pueda irse a su casa con ropa y algunos pañales", explicó.
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Otro de los proyectos más conmovedores de la fundación es el denominado Libro de Vida, una iniciativa que busca preservar la memoria de los días de internación de cada bebé que participa del programa.
"Vamos reflejando acciones, vivencias e historias para que ese bebé, cuando crezca, sepa que no estuvo solo", contó. Las propias voluntarias confeccionan cada ejemplar: forran las tapas con tela, las bordan, agregan fotografías y escriben pequeños relatos sobre lo ocurrido durante la internación.
"Nadie va a estar para contarle qué pasó en esos días. Por eso nos parece importante que tenga ese recuerdo", sostuvo.
Cada alta representa un momento especial para el grupo. Las prioridades diarias son definidas mediante una aplicación que identifica qué bebés necesitan mayor acompañamiento. La despedida siempre llega cargada de emoción.
"Cuando un bebé se va de alta nos ponemos muy contentas porque quiere decir que sale de un lugar que no es para él. Todos queremos que esté con su familia", expresó.
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Las historias que atraviesan el voluntariado son innumerables. Algunas permanecen grabadas para siempre. Irazuzta recordó especialmente el caso de una familia de Deán Funes durante la pandemia. La madre permaneció tres meses internada junto a su hijo en el Hospital Misericordia y recibió el acompañamiento del grupo. Una tía del pequeño impulsó en el colegio donde trabajaba una campaña solidaria para confeccionar mantas destinadas al voluntariado. "Nos contó que su sobrino, seis años después, todavía conservaba la manta que nosotros le habíamos dado", relató emocionada.
Actualmente, las abrazadoras asisten de lunes a sábado en dos turnos diarios, con seis voluntarias por turno. Y los desafíos siguen siendo enormes. Además de sostener el funcionamiento cotidiano, la fundación necesita donaciones permanentes para responder a las múltiples necesidades que aparecen cada día.
"Nosotros soñamos con cubrir muchas cosas de esas familias que tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano y que muchas veces llegan a una sala de parto simplemente con lo puesto", afirmó.
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La organización también trabaja para extender el modelo a otros hospitales de la provincia. Entre los proyectos se encuentran conversaciones con distintos hospitales, entre ellos Río Cuarto, aunque Irazuzta aclaró que el crecimiento solo es posible cuando existe un fuerte compromiso de los equipos de salud. "Los profesionales nos abren las puertas y trabajamos codo a codo. Sin ese acompañamiento sería imposible", remarcó.
Mientras tanto, la misión continúa cada mañana en la Nueva Maternidad Provincial. Allí, donde la tecnología resulta indispensable para sostener la vida, también hay lugar para algo que no puede reemplazar ninguna máquina: el calor de un abrazo.
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Antes de despedirse, Irazuzta dejó un mensaje para las familias que atraviesan una internación neonatal. "Que tengan mucha paciencia. Que estén presentes, que abracen y acompañen a su bebé todo lo que más puedan. A veces las condiciones son difíciles, pero el simple hecho de darle la manito a través de la puertita de la incubadora hace que ese bebé sienta la presencia de un ser humano. Eso es muy importante".
Quienes deseen colaborar con la organización pueden conocer su historia, realizar donaciones económicas o aportar elementos necesarios a través de la página web oficial, www.fundacionabrazadoras.org.ar.
