Aaron empezó primer grado: “Nada es imposible”
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El pequeño, que padece un extraño síndrome, comenzó la escuela y ya superó la semana de adaptación. Ahora escribe un nuevo capítulo de desafíos y pruebas en su vida.
“Mi bebé comenzando primer grado. Nada es imposible”, posteó Melisa Angaramo en las redes sociales. Aaron, el pequeño gran guerrero de seis años que padece un extraño síndrome, comenzó un nuevo camino en su vida: la escuela.
Con su uniforme, mochila y andador para poder trasladarse, Aaron Correa fue directo a su banquito en el aula de la Escuela “Dr. Raúl Villafañe”.
Luego de la semana de adaptación, el pequeño irá sumando horas cátedra acompañado de un maestro integrador a medida que acceda a uno con disponibilidad ya que no cuenta con obra social que lo cubra.
A pesar de las dificultades, Aaron es un niño feliz en la escuela.
Empezar un nuevo capítulo
Aaron está escribiendo un nuevo capítulo de superación. “Él empezó el trayecto escolar el año pasado con jardín de 5 años y no fue fácil. La discapacidad es un camino que no conocíamos y pensábamos que no era difícil pero poco a poco fuimos derribando barreras, aunque todavía cuesta cuesta”.
Aaron ya tiene sus compañeritos de grado. “Los chicos son un amor, son niños y son inocentes y son el mejor ejemplo para los adultos. En el día de la adaptación, él estaba nervioso no se animaba a entrar, no me perdía la mirada mientras su acompañante lo llevaba caminando pero se fue a su banco, se sentó y observaba todo. Sus compañeros le dieron una muy cálida bienvenida”, contó su mamá.
Aaron “está muy atento a todo; muy despierto a todo lo que pasa a su alrededor. El segundo día fue mejor, ya entraba un poco más relajado y lo pude ver disfrutar del recreo corriendo con su andador entre medio de todos sus compañeros”, siguió relatando.
Los desafíos
Aaron es sordo, tiene hipoacusia bilateral profunda. “Con él nos manejamos a través de algunas señas básicas y estamos aprendiendo el Llnguaje de señas para poder aprender y comunicarse”.
“El problema es que en la escuela no saben de lenguaje de señas y no contamos con maestros, ni directores que sepan de este lenguaje”, advirtió.
A pesar del entusiasmo, la realidad es cruda para Aaron ya que no cuenta con obra social y por ende, con un docente integrador para más horas en el colegio. Esto hace que no pueda cubrir la carga horaria.
A pesar de las dificultades para un niño sordo, “tenemos fe que nos va a sorprender porque él disfruta de ir a la escuela, se siente contento y feliz de estar con sus amiguitos en el aula”, afirmó Melisa.
A Aaron le diagnosticaron el síndrome Johanson Blizzard, una enfermedad muy poco frecuente que afecta varias partes del cuerpo. Muchos de los síntomas están presentes en el nacimiento o en la primera infancia.
