A 25 años del fin de la URSS
Las consecuencias de aquellos agitados días de diciembre de 1991 todavía sacuden las estructuras políticas en todo el mundo.
El 8 de diciembre de 1991, en una reunión crucial de los entonces gobernantes, el ruso Boris Yeltsin, el bielorruso Stanislav Shushkevich y el ucranio Leonid Kravchuk dieron el tiro de gracia a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En esa oportunidad, al hablar ante el Parlamento bielorruso, Yeltsin consideró fracasada la idea de Estado confederal basado en el principio de dualidad de poder entre el centro y las repúblicas. Cualquier intento de preservar un centro, agregó, podría dar pie al renacimiento del "sistema que nos ha conducido a un callejón sin salida", en clara referencia al fracaso del experimento comunista.
Quizás esto último fue la mejor enseñanza de aquel proceso de desintegración de los regímenes autoritarios de Europa del Este que comenzó en Checoslovaquia y Hungría, luego se extendió a los demás países y cuyo símbolo siguen siendo las imágenes de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989.
El proceso había comenzado cuatro año antes cuando, en calidad de secretario general del Politburó (máximo organismo dirigente colegiado del PCUS) Mijaíl Gorbachov emprendió una política de reformas, conocida como la "perestroika". "Desde su punto de partida (la necesidad de salir del estancamiento económico y superar el creciente retraso tecnológico) a su punto final, la "perestroika" pasó por diversas fases y estableció diversas prioridades. La consecuencia no deseada por sus artífices fue el desmembramiento de la Unión Soviética, el Estado creado como una alternativa al capitalismo tras la revolución de 1917 y consolidado por sus fundadores mediante el Tratado de la Unión de 1922", sostiene un informe reciente de El País de Madrid.
El desmoronamiento del sistema comunista marcó el final de la Guerra Fría y la apertura de una nueva era en la política internacional, marcada, entre otras posiciones, por los ultra optimistas que hablaban del "fin de la historia" con el triunfo del capitalismo y los que siguen aún añorando experimentos contra natura como el que pretendió instaurarse en la ex Unión Soviética.
Y en este proceso, merece ser resaltada la figura de quien no deseó el fin de la URSS, pero que inició el camino para que el yugo comunista llegase a su fin en esa Nación: Mijaíl Gorbachov. Al lanzar la perestroika, su obsesión era mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Su criterio era que se necesitaba la ayuda exterior para iniciar un proceso de acumulación de capital que termine generando una economía de mercado. La crisis era terminal y Gorbachov adelantó el final de la quimera de la sociedad comunista, con sus decisiones económicas aunque no previó las derivaciones políticas que terminaron disolviendo a la que fue considerada una superpotencia.
Transcurrió un cuarto de siglo y el mundo fue testigo de cambios vertiginosos. Las consecuencias de aquellos agitados días de diciembre de 1991 todavía sacuden las estructuras políticas en todo el mundo. Pero un elemento quedó claro con el derrumbe de la Unión Soviética: el sistema comunista no fue superior en ningún aspecto a la democracia occidental. Su fracaso evidente quedó patentizado por la disolución de la URSS, por más que algunos nostálgicos pretendan forzar interpretaciones contrarias.
