A 120 años de la iglesia de Castelar, un dron ayudó a preservar su historia
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La comunidad impulsó un amplio plan de recuperación del histórico templo. La limpieza de la fachada mediante drones de alta tecnología se convirtió en la intervención más novedosa de un proyecto que buscó preservar uno de los principales patrimonios arquitectónicos y culturales del pueblo.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Durante tres jornadas de julio, la imagen más observada en Colonia Castelar no estuvo sobre la plaza ni dentro de la iglesia. Las miradas apuntaron al cielo. Un dron sobrevoló lentamente el frente del templo de Nuestra Señora de las Nieves mientras lanzaba agua a presión sobre una fachada construida hace más de un siglo. El contraste era inevitable: la tecnología más moderna trabajaba sobre uno de los edificios más antiguos y representativos de la localidad.
La escena sintetizó el espíritu de un proyecto que movilizó a todo el pueblo. La celebración del 120º aniversario de la iglesia se convirtió en la oportunidad para emprender una restauración largamente esperada y, al mismo tiempo, reunir a vecinos, instituciones y autoridades detrás de un objetivo común: conservar un patrimonio que forma parte de la identidad de Colonia Castelar. No se trató solamente de reparar un edificio religioso, sino de cuidar uno de los símbolos que acompañó el crecimiento de la comunidad desde principios del siglo XX.
Construida entre 1902 y 1906 por los primeros pobladores, la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves continuó siendo mucho más que un espacio de encuentro para los fieles. Su campanario dominó durante décadas el paisaje de un pueblo de apenas 600 habitantes y se convirtió en una referencia para varias generaciones de vecinos. Allí se celebraron bautismos, casamientos, fiestas patronales y despedidas. Allí también quedó reflejada buena parte de la historia de una colonia marcada por el esfuerzo de los inmigrantes que llegaron principalmente desde Italia para comenzar una nueva vida.
Con el paso del tiempo, el edificio comenzó a evidenciar el desgaste propio de sus 120 años. Problemas de humedad, deterioro en distintos sectores y la necesidad de recuperar elementos históricos impulsaron un plan de obras que fue acompañado por aportes de vecinos, la Comuna de Colonia Castelar, el Gobierno de Santa Fe, el senador departamental y una campaña solidaria que involucró a habitantes de toda la región.
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Un proyecto
El aniversario fue la excusa perfecta para poner en marcha una iniciativa que muchos vecinos venían imaginando desde hacía tiempo. La propuesta surgió dentro de la comunidad parroquial, donde comenzaron a preguntarse cómo celebrar una fecha tan significativa y, al mismo tiempo, aprovechar esa convocatoria para reunir fondos que permitieran realizar las reparaciones más urgentes.
Javier Vignolo, integrante del grupo de apoyo que impulsó la iniciativa, recordó que la idea apareció durante una conversación entre quienes colaboraban habitualmente con la parroquia. Algunos planteaban esperar al aniversario número 125, pero la mayoría coincidió en que no tenía sentido postergar un proyecto que el edificio necesitaba desde hacía años.
"Nos dijimos que dentro de cinco años íbamos a estar todos más grandes. Mejor hacerlo ahora. Los 120 años fueron la oportunidad para empezar", resumió.
A partir de esa decisión comenzó a formarse un grupo de trabajo integrado por vecinos que participaban en distintas instituciones de la localidad. No hubo cargos ni estructuras formales. Cada uno aportó desde su experiencia y disponibilidad, mientras la Comisión Parroquial coordinó las acciones junto con la Comuna, el área de Cultura y otras entidades del pueblo.
"Somos un grupo de trabajo. No tenemos presidente ni tesorero; simplemente nos organizamos para sacar adelante este proyecto", explicó Vignolo, al destacar que la respuesta de la comunidad superó rápidamente las expectativas.
Las reuniones comenzaron a multiplicarse y pronto aparecieron las primeras propuestas. Además de las obras de restauración, decidieron organizar actividades culturales, recreativas y religiosas que permitieran reunir recursos y, al mismo tiempo, recuperar parte de la historia de la localidad. Entre ellas sobresalió la obra teatral Sueños de Campanas, escrita especialmente para recrear el esfuerzo de los inmigrantes que hicieron posible la construcción del templo. La convocatoria fue tan grande que las localidades se agotaron varios días antes de la función.
La restauración
Mientras avanzaba la organización de los festejos, comenzaron también los trabajos sobre el edificio. Las primeras intervenciones estuvieron dirigidas a resolver problemas estructurales que el paso del tiempo había dejado al descubierto. Se reparó la pared norte afectada por la humedad, se realizaron tareas de pintura interior, se restauró la Casa Parroquial y se puso en valor el sistema de iluminación del campanario, buscando recuperar la presencia que el templo siempre tuvo en el centro de la localidad.
Uno de los trabajos más importantes se concentró en las campanas. La iglesia conservó dos piezas históricas de enorme valor patrimonial: una campana de aproximadamente 80 kilogramos, que llevaba años sin sonar debido a una rotura, y una imponente Bellini Nº 20 de 524 kilogramos, considerada una de las joyas del patrimonio religioso de la región. Ambas fueron restauradas con el objetivo de devolverles el protagonismo que tuvieron durante generaciones.
Sin embargo, todavía quedaba pendiente el desafío más complejo: limpiar la fachada sin alterar las características originales del edificio. La solución tradicional implicaba montar grandes andamios o contratar una grúa especial, una alternativa que excedía ampliamente las posibilidades económicas del proyecto. Fue entonces cuando apareció una propuesta que cambiaría por completo la manera de abordar la restauración y convertiría a Colonia Castelar en escenario de una intervención casi inédita para la región.
